Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Inteligencia de Tigre
Eduardo García Gaspar
25 octubre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tienen gran habilidad para destruir. Son buenos para empujarse mutuamente. Viven atropellándose unos a otros.

Son buenos para criticar la más pequeña falla ajena. Están dispuestos a perdonarse los errores más garrafales. Jamás aceptan responsabilidades por errores propios.

Son expertos en generar esperanzas alocadas. Son expertos explicando las razones por las que no las alcanzan. Se dan aires de importancia.

Creen ser indispensables para el país. Hablan bien, usan palabras bonitas, se adaptan a sus públicos. No construyen nada, pero quieren destruir lo ajeno. Prometen mucho, cumplen poco.

Se mueven capoteando la más reciente controversia. Piensan a corto plazo. Olvidan el largo. Aparecen todos los días en los medios.

Son el sujeto principal de las noticias principales. Hablan de unidad y entre ellos no hay concordancia. Dan la apariencia de ser servidores, cuando en realidad quieren servirse a sí mismos.

Dicen querer crear prosperidad, cuando en realidad la obstaculizan. Quieren combatir la pobreza, cuando en realidad la fomentan.

Son los gobernantes, la clase política.

Una elite de gente con demasiado poder y poca sabiduría. Hablábamos de estas cosas varios amigos, cuando uno de ellos afirmó que los gobernantes son seres de escasa inteligencia. Otro estuvo en desacuerdo.

“Los gobernantes, al contrario, son muy inteligentes”, dijo, “no los tontos que dices”.

La pregunta bien vale una segunda opinión. ¿Son los gobernantes seres con inteligencia mayor, igual, o menor que el resto?

No sé qué piense usted, pero quizá le interesen las siguientes precisiones, las que dependen del sentido que se dé a la noción de inteligencia.

Un sentido de inteligencia, una manera de entenderla, es la que la asocia con algunas ideas: sabiduría, cordura, sensatez, prudencia, conocimiento, cultura. Es eso que nos habla de mesura, de saber, de juicio y esa palabra tan clara, seso.

Se trata de lo opuesto de necedad, impericia, rudeza, simpleza, rusticidad. Es en este sentido que creo que los gobernantes no son inteligentes la inmensa mayoría de las veces.

Otro sentido de inteligencia, otra manera de entenderla, es la que recuerdan palabras como sagacidad, astucia, doblez, disimulo. La habilidad elevada para disfrazar y encubrir, para sustituir la realidad con eufemismos.

Es como una capacidad que es un instinto para sobrevivir entre fieras, para apropiarse logros ajenos y adjudicar errores propios. Es en este segundo sentido que creo que los políticos tienen dotes admirables.

Decir, por tanto, que los gobernantes son tontos es falso. Claramente no lo son. Tienen habilidades notables, capacidades excepcionales, destrezas envidiables. No cualquiera tiene esas aptitudes.

La elite de gobernantes en cualquier lugar es una colección de personas realmente excepcionales en su especialidad. En terrenos en los que se premia esa astucia y sagacidad que se recompensa en supervivencia personal y en escalar posiciones con maña y artificio.

Son grandes oradores en lo general y aunque no respetan la lógica más primitiva, son exitosos en sus intentos de persuasión.

Pero hasta allí. Su inteligencia es escasa en el otro sentido, es ese que habla de sabiduría y de prudencia, donde se desprecia las triquiñuelas y los artificios. En este sentido no, los gobernantes no son inteligentes.

Sus razonamientos son primitivos, no aprenden de experiencias ajenas, conocen poco, saben menos. Prefieren su terquedad a la realidad. Y antes que nada, buscan su beneficio.

Quizá usted esté de acuerdo conmigo: los gobernantes son inteligentes en ese sentido de astucia para la supervivencia personal porque esa es la cualidad más necesaria dentro de un gobierno. Es el tipo de inteligencia que allí se necesita.

La otra inteligencia, la que connota sabiduría, al contrario, estorba en los gobernantes, les impide sobrevivir. Consecuentemente, la proporción de gobernantes en los que predomina la sabiduría como rasgo principal es pequeña.

La mayor parte de ellos son esos a los que la inteligencia entendida como astucia para sobrevivir. Por eso puede responderse: sí, los políticos son seres inteligentes, quizá excepcionalmente inteligentes. Lo malo es que lo son en ese sentido de inteligencia astuta y sagaz más propia de un depredador.

Post Scriptum

Un caso ilustrativo de lo anterior fue el reportado ayer en varios medios mexicanos:

PRD suspende elección en DF y cuatro estados. — La elección de consejeros nacionales del PRD quedó ayer en suspenso debido a que problemas organizativos, toma de instalaciones y disputas internas obligaron a la cancelación del proceso en cuatro estados; las distintas corrientes se acusaron mutuamente de las anomalías (El Universal, 24 octubre 2011)

Parece como varios tigres enfrentándose por dominio territorial. Inteligencia de depredador, agudeza para luchar por el poder; idiotez para ver el beneficio a largo plazo.

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