Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Celebridad: el Experto
Eduardo García Gaspar
13 julio 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El suceso fue terrible. La muerte de Facundo Cabral es reprobable. Cualquiera que sean las circunstancias, su asesinato ilustra lo imperfecto de nuestro mundo.

Lo lamentable de su muerte no debe, sin embargo, llevarnos a la exageración.

De un par de personas escuché opiniones similares a las de las cartas a la redacción en periódicos.

Hablaban de ‘el mensajero de la paz” y otras expresiones similares que colocaban a Cabral casi como un experto político de nuestros tiempos, como una fuente de valores y luchas.

Entiendo la reacción, pero hay más en la política que las letras de canciones maravillosas.

Recuerda a Bono, el de U2, y su activismo en favor de la cancelación de deudas externas. Más aún, recuerda al que quizá fue el caso por excelencia de este tipo: A. Einstein, un científico al que se le hacían preguntas fuera de su campo de especialidad.

Esto es lo que bien creo que vale una segunda opinión, el fenómeno de la consulta experta buscada en quien no lo es.

Tome usted un caso muy típico en mi opinión: un literato excelente, autor de grandes novelas o de bellas poesías. Es importante entrevistarlo sobre su vida y obra, pero sobre sus opiniones políticas y económicas, no lo es tanto.

A ese tipo de celebridades, como por ejemplo a J. M. Serrat, se les piden opiniones políticas y económicas. Y, por supuesto, las tienen y ellas son difundidas sin tener el mérito para serlo.

En lo general, estas celebridades tienden a ser un tanto ingenuas e inocentes, idealistas y con muy escaso conocimiento sobre la materia de la que opinan.

La situación puede ser examinada ordenadamente. Por ejemplo, una artista de telenovelas hace declaraciones sobre la conveniencia de tener matrimonios de personas del mismo sexo.

Por supuesto, ella puede opinar sobre eso, pero lo que debemos preguntarnos es si ella es una experta sobre el tema y las razones y evidencias que expone. Esta es una responsabilidad del espectador.

Lo mismo va para Bono y su idea de cancelar deuda externa. Por supuesto, él es una celebridad como cantante y tiene la libertad de hablar de lo que le plazca, pero lo que usted y yo debemos preguntarnos es si otros, menos célebres, no sabrán más del tema que Bono.

Cabral era un genio en su campo, pero si quiero saber de política, no creo que haya sido él la fuente a consultar.

Es una especie de síndrome de la celebridad que opina fuera de su área de especialización. Y creo que puede probarse.

Supongamos que se realizan dos conferencias sobre homosexualidad, una la da un escrito de noveles como Carlos Fuentes y otra la da, por ejemplo, John Finnis, un experto en derecho natural. Le aseguro que Fuentes tendrá más éxito que Finnis. Irá más gente a verlo.

Más personas, por ejemplo, estarán expuestas a las opiniones económicas de Bono que a las de Steven Landsburg, un economista.

Es una especie de principio perverso: la celebridad desplaza al experto. El resultado es malo, pues estamos más expuestos a la opinión infundada que a la fundamentada. Curiosa situación en tiempos de gran educación y conocimiento.

Esto es una variación de algo que se llama en latín, argumentum ad verecundian. Consiste en apelar a una fuente de autoridad para apoyar una opinión propia.

El caso más clásico quizá haya sido el de decir que Aristóteles pensaba igual que uno. Se toma a una fuente creíble y conocida, respetada por todos, para probar la opinión propia.

No es un argumento muy sólido, pero al menos es importante ver la coincidencia de una opinión con una de las personas de alto calibre.

El problema de nuestros tiempos es que autoridades como Aristóteles han sido olvidadas. Su lugar ha sido ocupado no por autoridades en el tema, sino por celebridades en otros campos.

Quienes me hablaron sobre el asesinato de Cabral, mucho me temo, padecieron de todo esto. La calidad musical de Cabral, su simpatía personal, su gracia al hablar, todo eso fue de gran calidad.

Pero, las personas comenzaron a transformarlo en un experto político: si hiciéramos lo que él decía, el mundo sería otro.

Puede ser, pero si de política se trata, ¿no sería mejor ver a otras personas, no tan conocidas? Porque, sin quiero escuchar bellas canciones, Cabral es una gran selección. Pero si quiero saber de política, prefiero a Tocqueville.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Celebridades. Un caso muy notable es el de J. Halpen.

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