Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Compleja Silla Rústica
Eduardo García Gaspar
25 agosto 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue un día hace ya tiempo. Un conferencista habló de lo grande que puede ser una vida simple. Y leyó un poema que exaltaba eso que usted se imagina.

Hablaba de vivir en una casa pequeña, en el campo. De tener  sillas rústicas y unos muy pocos libros.

Platos de madera, escasos cubiertos, colocados en una mesa de madera sin pulir, cerca del fuego en una chimenea. Una cama simple.

Comida sin refinamientos, al contrario. Una mujer hacendosa y amada. Levantarse con el sol. Acostarse después de leer a la luz de unas velas. Un perro leal recostado cerca.

En fin, una descripción de una vida simple y, por eso mismo, deseable. Quienes le escuchamos movimos la cabeza con aprobación. Era un canto, casi, a la vida opuesta a la que, me imagino, todos llevábamos.

Uno de los asistentes habló elogiosamente de ese poema, tanto que me hizo sospechar que en realidad no era tan bueno lo que se había dicho. Cuando las cosas reciben demasiiados elogios de un cierto tipo de persona, eso siempre me causa sospechas.

La idea quedó latente en mi mente y, debo decir, con una sospecha de falsedad. La vida sencilla predicada en el poema era demasiado simple de lograr.

Sólo había que mudarse de casa, vender los muebles y comprar otros. Rematar libros, discos, vajillas y otras cosas. No, no puede ser que la vida se volviera sencilla cambiando de vajilla, o de sillas, o de cama.

La sencillez y la simplicidad de la vida, me parece, va mucho más allá que el tener una silla rústica, sin barniz. Lo que complica nuestra vida no es tener un filete Wellington frente a nosotros, en una lujosa mesa.

Lo que hace compleja nuestra vida no está fuera de nosotros, está dentro de nosotros.

Fue una grata sorpresa encontrar un libro en el que de eso se hablaba. Más grato aún fue encontrar con que el autor coincidía con mis sospechas: esa manera de expresar lo admirable de una vida simple es errónea.

Mencionaba una paradoja: el hablar sin parar de la sencillez de la propia vida, hace que la persona sea menos simple de lo que dice.

El autor es G. K. Chesterton y lo que escribió sobre el tema bien vale esta segunda opinión. Dice que hay que quejarse contra los defensores de la simplicidad en la vida. Lo que esos defensores hacen es en efecto exaltarnos a llevar una vida sencilla, pero sencilla en las cosas que menos importan.

Más aún, nos complican la vida en lo que sí tiene importancia. Lo que ellos predican es la sencillez en, por ejemplo, los alimentos, la ropa, el mobiliario. Pero esas cosas son de escasa importancia en nuestras vidas. Ignoran a las cosas que sí son importantes y, peor aún, las complican.

¿Cuál es la simplicidad que realmente importa?

Chesterton da una respuesta directa: la simplicidad de corazón y lo ilustra con una frase: “hay más simplicidad en el hombre que come caviar por impulso, que en otro que come pepitas de uva por seguir unos principios”.

Lo que hay que simplificar no es la vida tanto como el pensamiento.

La simplicidad que vale, me parece, es la interna, la del corazón y la del pensamiento. Si ella desaparece no hay producto cultivado orgánicamente que puede sanarla y devolverla (parafraseando al mismo autor).

Esta manera de pensar tiene sus consecuencias, las que ilustro con un caso.

La persona, una de las que propone esa vida simple basada en platos de madera, propuso que las misas católicas dejaran de lado todo ritual, vestimentas, instrumentos, música, todo eso que consideraba complicado.

Bien, pero de nuevo, eso es lo externo, lo que está afuera y no es complicado. Quizá sea lo opuesto. Más inocencia hay en un ritual que en la complicada mente que piensa que lo externo importa más.

Es una buena idea la de Chesterton. Es una noción superficial esa de la vida sencilla basada en poseer tres o cuatro libros, uno siempre de poemas.

Hay más ingenuidad e inocencia en la persona que sucumbe al placer de tomar una cerveza oscura, que en quien toma agua purificada haciéndolo para mostrar superioridad en su sencillez.

Dice el autor, “Podré sucumbir a los cigarros puros. Abrazaré humildemente la botella de borgoña. Me montaré dócil en un cabriolé. Haré todo esto si, haciéndolo, logro preservar la virginidad del espíritu, que goza con el asombro y el miedo”.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “La Compleja Silla Rústica”
  1. Lourdes Pedowitz Dijo:

    .. Hacía mucho no leía un tema profundo tan “conectado” con el mundo.. Agradecidas bendiciones.





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