Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Demanda del Demente
Eduardo García Gaspar
27 octubre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Comienzo con una frase: “Al parecer, desde el despertar del hombre, todas las naciones han tenido gobiernos y todas las naciones se han avergonzado de ellos”.

La frase de es G. K. Chesterton y tiene su fondo.

Quizá valga una segunda opinión el intentar ver lo que hay detrás de esa idea.

Muy bien, dice que todas las naciones desde tiempos inmemoriales han tenido gobiernos. En su sentido más esencial significa, supongo, una estructura en la que unos ordenan y otros obedecen, con distinto grado de intensidad.

Supongo que nunca realmente se sepa con certeza la naturaleza de un gobierno en los tiempos de las cavernas, pero sabemos desde la escuela primaria, en las clases de historia, siempre han existido gobiernos, reyes, generales, emperadores, señores feudales, presidentes y demás.

Tomo como cierta esa idea de que siempre han existido gobiernos y me voy a la siguiente.

Esa de que siempre nos hemos avergonzado de nuestros gobiernos. No sé qué pensaban los que eran gobernados por Alejandro Magno, pero quizá sea lógico pensar que sus sueños de conquista les eran sumamente molestos.

Seguramente lo mismo pasaba con Napoleón y lo que de él pensaban los ciudadanos comunes: habría sido mejor un gobierno con menos ansias de gloria.

Lo que sí he visto en mi experiencia es un patrón consistente de opinión: es realmente excepcional que el ciudadano opine bien de su gobierno.

La inmensa mayoría de las opiniones son negativas. Los ciudadanos se quejan de sus gobernantes. Los critican. Hablan mal de ellos. Señalan sus errores. Apuntan sus fallas. Se indignan por sus actos deshonestos. Les irrita su hipocresía. Les asusta su poder. Odian los impuestos que decretan. Temen las leyes que decretan.

No creo que haya una profesión más vituperada que la del gobernante. No hay insulto que él no haya recibido. Y esto es poco apuntado. No se ha puesto atención en esto lo suficiente.

Recuerdo que un gobernante dijo en una ocasión que su profesión y la primera de las profesiones en el mundo tenían mucho en común.

Total que tenemos en la frase de Chesterton una idea que en el fondo es al menos curiosa. Siempre hemos tenido gobiernos y siempre pensamos que ellos son malos.

¿Por qué? Sin duda es porque los consideramos necesarios. Es la vieja teoría del mal necesario. Es la selección entre el menor de dos males. Y el menor de ellos es tener un gobierno.

Es una buena prueba de una realidad, la imperfección de nuestro mundo. Nunca, jamás, podremos llegar a tener una situación perfecta y la existencia de gobernantes es una prueba diaria de eso, de que la imperfección viene principalmente de nosotros.

Si somos seres imperfectos, todas nuestras obras también lo serán.

El asunto ya se puso interesante: si somos seres imperfectos nuestras acciones también lo serán. Y eso incluye a los gobiernos, por una razón, los gobernantes también son seres humanos imperfectos (aunque ellos suelan creerse la excepción a la regla).

Muy bien, pero eso no explica la tamaña imperfección gubernamental.

Los gobiernos son consistentemente más imperfectos que el resto. Lo prueban una y otra vez, día a día, hora por hora. Sus errores son más numerosos, sus fallas más abundantes, sus equivocaciones copiosas.

Y esto es lo interesante del asunto. ¿Qué es lo que hace de los gobiernos la institución más criticada por sus abundantes fallas?

Hay muchas respuestas, como la falta de parámetros de mediciones de resultados y eficiencia, pero me parece que la razón es principalmente una: el gobernante tiene una mentalidad que le hace creerse que de él depende el bien de todos y, lo peor, que él sabe qué hará feliz a sus gobernantes.

A lo que voy es a apuntar un trastorno mental en los gobernantes. Suena grave. Lo es. Y es real.

¿No me cree? No importa, usted mismo puede recolectar la evidencia: escuche los discursos de los gobernantes, especialmente los discursos de campañas electorales y notará ese trastorno.

En todos esos discursos, reclamarán ellos, muy seguros de sí mismos, que si votamos por ellos nos darán la felicidad porque poseen los secretos de la prosperidad que sólo ellos conocen y nadie más.

Se dicen gente desinteresada que busca nuestro bienestar a cambio de un pequeño trueque, que les seamos obedientes. Es la demanda de un demente.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos.

La situación se agrava por otra situación: el exceso de poder no solo corrompe en exceso, también idiotiza. Hay una colección de columnas sobre el tema en ContraPeso.info: Poder Atonta.

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