Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Deriva Segura
Eduardo García Gaspar
20 diciembre 2011
Sección: POLITICA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una idea que merece una mención expresa. Por una razón. Ella ha sido olvidada y el olvido tiene un costo no pequeño.

El tema bien vale una segunda opinión, entrando por la puerta central: si se destruye a la religión, se destruye también a la gente.

Muy bien, suena exagerado. No lo es.

Vayamos parte por parte, haciendo referencia a las ideas de un buen tipo, Tocqueville (1805-1859).

Dice él que al destruir la religión, las dudas comienzan a apoderarse de las mentes de las personas, de su inteligencia. Sin religión, las personas crean hábitos de pensamiento que les llevan a tener “nociones variables y confusas” sobre los temas más importantes.

Sin religión, dice, las personas no saben defender sus opiniones y terminan por abandonarlas. Ya no sienten poder explicar por sí mismas “los mayores problemas que el destino humano presenta”.

Ante esto, acaban por no pensar en esas cuestiones y terminar en un estado en el que se debilitan “los resortes de la voluntad” y la persona está lista para la esclavitud.

Tocqueville, que es un escritor sutil y perspicaz, apunta un fenómeno digno de resaltar: la religión es una defensa de la libertad. ¿Por qué?

Porque ella permite contestar las grandes dudas de nuestra existencia y da firmeza a nuestras opiniones. Esa firmeza es la que nos permite ser libres, especialmente frente a ataques de otros. Nos dice que hay algo que defender.

Sin religión, por tanto, la persona es más propensa a caer en esclavitud. Llevado esto de los tiempos del autor a los nuestros, me parece que muestra a la religión como una defensa frente al poder excesivo del gobierno.

Sin religión como contrapeso, el gobierno crea sus propios dogmas que la persona ya no puede combatir y termina siendo un ciudadano esclavo.

Pero la cosa no queda allí. Tocqueville habla también de los ministros religiosos y cómo deben ellos comportarse si quieren en realidad evitar que la religión se pierda.

Dice que esos ministros religiosos deben “alejarse voluntariamente del poder y poner una especie de orgullo de profesión en permanecer extraños a él”.

Nada mala idea, que no siempre es seguida. Demasiados ministros están demasiado cerca del poder y la política, demasiado metidos en hacer declaraciones públicas.

Eso es malo, porque “los poderes de la tierra son todos más o menos fugitivos”, no tiene caso estar en lo efímero cuando se puede estar en lo eterno. Una buena aplicación de eso de dar al César lo del César.

Si alguna iglesia llegara a compartir el poder con gobernantes, también sufriría los odios que estos provocan. Para vivir, la religión no tiene necesidad del poder político y si acaso llega a servirle, “puede morir”.

En otras palabras, lo mejor que puede hacer el ministro religioso es alejarse del poder político, conservar su independencia.

Lo anterior quizá pueda resumirse en un par de ideas del mismo autor.

“No hay casi ninguna acción humana… que no nazca de una idea general que los hombres han concebido de Dios, de sus relaciones con el género humano, de la naturaleza de su alma y de los deberes con sus semejantes”.

Es decir, “el primer objeto y una de las principales ventajas de la religión es dar a cada una de estas cuestiones primordiales una solución clara, precisa e intangible para la multitud y muy durable”.

Para vivir, en otras palabras, necesitamos ideas religiosas, sobre Dios y lo que somos frente a él.

¿Cuál es el riesgo de dejar esas ideas? Mentes perdidas, dudas incontestables, personas a la deriva susceptibles a olvidar lo más importante de su vida y ser fácil presa del poder de otros.

Esta es la causa por la que, simplemente por razones de defensa de la libertad, la religión no debe ser destruida.

La otra idea es también vital y se refiere a la conducta de los mismos ministros religiosos. A ellos marca límites claros: no te metas en cuestiones políticas de poder, conserva tu independencia, tienes responsabilidades mayores que las de los gobernantes, mezclarte con ellos es perder.

Es otra forma de ver la independencia religiosa. Pocas cosas tan tristes para un creyente como ver a un ministro suyo mezclado en política.

En fin, algo políticamente incorrecto, muy valioso de recordar. Sí, la religión es una defensa de nuestras libertades, las que Dios mismo nos dio.

Post Scriptum

El pasado día 15 murió Christofer Hitchens, un escritor inglés nacionalizado estadounidense, de muy diversas facetas, que en cuestiones religiosas pensaba que la idea de Dios era una creencia totalitaria, que destruía la libertad. Pensaba además, que la religión debía ser reemplazada por la libre expresión y la ciencia, las que encontrarían la definición de lo bueno y lo malo, la ética. Tocqueville pensaba exactamente lo opuesto.

Es una creencia común el pensar que el abandono de la religión es una liberación sustancial humana, que nos libera de supersticiones y dogmas sin sentido. Tocqueville, con talento, apunta lo contrario, lejos de liberar el abandono de la religión esclaviza al dejar a la persona a la deriva intelectual.

Puede darse un paso más, al señalar que el abandono de las creencias religiosas produce un vacío moral que es llenado con las ideas creadas por mayoría en una cámara legislativa, el fenómeno de intervencionismo moral: las más grandes dudas humanas son ahora respondidas por quien detenta también el poder político. La dictadura totalitaria perfecta.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Vacío Religioso.

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