Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Distracción del Poeta
Eduardo García Gaspar
3 agosto 2011
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Mi amigo fue fue muy claro. Dijo que esa reunión era un buen ejemplo de eso que nos coloca en el subdesarrollo: nuestra afición obstinada por “encontrar culpables ficticios y remedios idiotas”.

Tiene su punto. Se refería a un reportaje de hace unos días. La noticia era clara.

“A nombre de los familiares de víctimas de la violencia, Javier Sicilia acusó a diputados y senadores de ser ‘corresponsables’ de las 50 mil muertes que ha desatado la lucha contra el crimen organizado” (El Universal, 29 junio 2011).

Sicilia es un poeta, célebre ahora porque un hijo suyo murió en una situación de esas.

El reportaje agrega,

“Javier Sicilia aseguró que la violencia que actualmente vive nuestro país, y en especial la que golpea a los millones de familias, es “corresponsabilidad” de los tres Poderes de la Unión, es decir, del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial”.

Más aún, según el poeta, la guerra del presidente Calderón es ilegal.

Esto es lo que, dice mi amigo, ilustra la afición mexicana por encontrar culpables ficticios. Según él, la falla está en un pequeño olvido, el no mencionar a las bandas de narcotraficantes.

Ignorarlas, por supuesto, tiene el efecto de considerarlas ajenas al problema. La duda que surge es la obvia, ¿no son esas bandas los reales culpables de la criminalidad en el país?

El poeta las olvida. No es una omisión insignificante. Tiene sus efectos negativos, según mi amigo: olvida la raíz del problema, politiza el tema y paraliza la solución. Todo se vuelve una distracción infructuosa, un motivo de declaraciones políticas, recriminaciones improductivas y discusiones inútiles.

Las bandas criminales darán las gracias por distraer la atención.

El otro punto que tiene mi amigo es el de nuestra afición terca por los remedios tontos. La noticia reporta que entre los remedios propuestos contra la criminalidad están

“una ley de atención a víctimas de la violencia, fondo de restauración de daños, comisión de la verdad, más presupuesto para abrir más plazas, ley de educación media obligatoria, auditorías al rubro de seguridad y creación de un grupo de enlace con las juntas de Coordinación Política”.

Interesante es que al mismo tiempo de pedir una ley de educación media obligatoria, “Sicilia pidió desechar totalmente la reforma de Ley de Seguridad Nacional y elaborar otra con corte humanista”.

Un buen ejemplo de esa afición por aplicar soluciones ajenas al problema. Mi amigo, que no tiene miedo a ser políticamente incorrecto, intuyó otra cosa curiosa en todo esto.

Dijo que existe otra obtusa afición mexicana, la de seleccionar a la persona incorrecta para solucionar un problema concreto.

En este caso, aseguró, resulta digno de mención que sea un escritor, un poeta, a quien repentinamente se considere un experto en asuntos policiacos y criminales provocados por el narcotráfico y que aconseja al gobierno sobre acciones a tomar.

En otras latitudes, se reunirían expertos en la materia, pero en este país dijo, “somos capaces de llamar a un poeta para que se haga cargo de la seguridad nacional”.

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¿Opiniones duras? Por supuesto, esa naturaleza tienen las verdades. Nos pegan directamente en la cara. Nos quitan la fantasía que pensábamos que nos alegraba la existencia. Y tienen esa sabrosa cualidad, la de incomodar agregando sentido común.

En resumen, se olvidó al culpable verdadero, se propusieron medidas irrelevantes y se seleccionó como experto al que no lo es.

Si mi amigo tiene razón y creo que la tiene, nada de provecho se logrará siguiendo por ese camino. La realidad persistirá y se agravará, mientras la fantasía continúe.

A eso que dijo mi amigo, puedo agregar otra idea sobre las aficiones mexicanas. A esas tres aficiones apuntadas antes, agrego la del gusto por celebrar reuniones como esa, una ceremonia en el Castillo de Chapultepec, llamada Primer Diálogo por la Paz con Justicia y Dignidad.

No cabe duda de que son hábiles en el uso de palabras llamativas. No para solucionar cosas, pero sí para hacer que lo que pretenden hacer tenga una gran elegancia. Es la afición por las formas y el rechazo de los fondos.

Quizá sea, como un todo, la afición por la fantasía y el ensueño. Después de todo, recordemos que en este país muchos piensan que el petróleo de de todos los mexicanos.

Post Scriptum

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