Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Enfermedad y su Cura
Eduardo García Gaspar
1 julio 2011
Sección: ECONOMIA
Catalogado en:


Todo el lío de Grecia y el resto de países que están o pueden entrar en crisis, incluyendo a los EEUU, puede ser visto con sencillez: la causa es un gobierno hiperactivo que gasta más de lo que tiene y se endeuda más allá de lo razonable.

Cuando todo se colapsa la situación es más o menos como la de una empresa que quiebra. Las alternativas de solución son variadas, pero una merece ser vista de cerca.

Una que se parece a la entrada inmediata y de emergencia a una sala de operación. Se le llama terapia de shock.

Terapia económica sin rodeos. Una solución radical y se aplica al instante, como si se inyectara una dosis muy fuerte de antibióticos.

De inmediato, por ejemplo, el gobierno se retira de la economía, deja a los mercados libres. Se quitan controles de precios, se retiran subsidios, se abren fronteras totalmente, se privatizan empresas estatales, se venden activos gubernamentales, se deja flotar libre a la moneda.

Y se hace todo eso en un período muy corto de tiempo. Cuestión de unos pocos días.

Por supuesto, el shock es doloroso, el muy corto plazo es difícil. Todo cambia en un poco de tiempo. No en balde se le dice terapia de shock y tiene su razón de ser: cuanto más pronto se apliquen las medicinas, mejor.

¿Suena extremo? No, no suena extremo, es extremo y, lo mejor, es posible.

Es lo que se hizo en Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. La idea principal fue darle solidez a la moneda y tener competencia libre para beneficio del consumidor. Adiós a los controles de precio. Adiós a los racionamientos. Y no les fue mal, si juzgamos por los resultados que tuvo.

Tiene sus dificultades. A la inmensa mayoría de los políticos no les agradan las cosas claras y optarán por medidas graduales, más apetecibles para los ciudadanos cuyos votos buscan. Se necesita tener más bien estadistas que políticos.

También, la medicina es muy amarga, el corto plazo será doloroso y, por si fuera poco, dará la impresión que las cosas empeoran no mejoran.

Esa apariencia dará una oportunidad a los opositores de la terapia a capitalizar electoralmente ese descontento inicial y cambiar de rumbo a otra solución menos efectiva.

Hacer todas estas consideraciones bien vale una segunda opinión para ver las cosas bajo una perspectiva más real.

Como un Grecia, la terapia de shock o cualquiera otra, va a causar protestas violentas, como las que hemos visto, por parte de quienes tienen que perder al desaparecer el gobierno del que vivían: burócratas, sindicatos, empleados de empresas estatales, sectores subsidiados, estudiantes.

Todos ellos quieren mantener la situación que llevó al desastre a la nación.

Para la gente normal, la idea de una terapia de shock es repulsiva en primera impresión. Para lograr una opinión favorable, tendría que ser muy bien explicada de manera repetida e insistente durante buen tiempo.

Fácilmente la opinión pública podrá girar y oponerse a la terapia, incluso con los más falsos razonamientos.

La terapia de shock es además terreno fértil para la demagogia y el populismo. Dará pie a la repetición de los más tontos clisés por parte de los opositores, quienes estarán más motivados por volver al poder que por solucionar la crisis.

En todo el alboroto político que la terapia ocasiona, se necesitan figuras excepcionales de gobernantes.

Hay buenas probabilidades de éxito de la terapia de shock, pero no hay garantías ciertas. Puede tener fallas, puede tomar más tiempo, habrá resultados dudosos. Todo esto socavará el apoyo a las medidas económicas, las que podrán ser modificadas haciendo inútiles los sacrificios iniciales.

Poner la opción de la terapia de shock usualmente causa una reacción inmediata, la de ser acusado de los más execrables motivos. No importa.

Es algo que merece ser visto y considerado una posibilidad de cura para lo que es una enfermedad de nuestros tiempos: el político que necesita dinero para lograr la felicidad de los ciudadanos a los que gobierna.

¿Quiere usted conocer el origen último de las crisis económicas?

Es ese político con complejo de redentor que para lograr sus sueños necesita dinero y recursos sin límite, que es irresponsable e imprudente, que piensa que todo es gratis, que no cuesta. Contra eso, mucho me temo que debe pensarse en una terapia mayor.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas. Sobre la crisis inmediata anterior véase ContraPeso.info: Crisis 2008.

Las crisis económicas periódicas no son naturales de la economía libre, sino provocadas por la intervención estatal, como la de 2008. En el caso de Grecia, la causa es la misma. Cuando un gobierno inicia una actividad intervencionista en la economía, allí se siembra la semilla de una crisis futura.

Haablando de estas cosas, el WSJ reportó en 28 de junio de 2011:

Debt-strapped Greece is about to hold an epic yard sale. For the taking: four wide-body Airbus jets, a state lottery, a state horse-racing concession and sports book, stakes in a casino, several ports, a national post office, two water companies, a nickel miner and smelter, a munitions maker, electricity and gas monopolies, a telecommunications operator, shares in a half dozen banks, hundreds of miles of roads, a defunct airport, old Olympic venues and thousands of acres of land, including magnificent stretches of Greece’s famed coast.

¿Qué tiene que hacer un gobierno en todas esas cosas?

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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