Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Fama, su Responsabilidad
Eduardo García Gaspar
9 diciembre 2011
Sección: FAMOSOS, Sección: Una Segunda Opinión
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En toda nación en conveniente que exista una cierta asociación entre esfuerzo y recompensa. Es un asunto de incentivos.

Es ver que en la realidad el trabajo es acompañado de recompensas.

No creo que sea una cuestión de decirlo abiertamente tanto como de dejarlo implícito, dejando que cada uno saque esa conclusión.

Que se entienda que quien trabaja puede disfrutar los frutos producidos. Y lo opuesto, que quien vive en la pereza y el vicio no progresa.

Un ejemplo lo ilustra. Las protestas callejeras que obtienen beneficios muestran lo opuesto a lo deseable. Enseñan al ciudadano que para obtener premios y recompensas el trabajo no es tan útil como las amenazas y las marchas que chantajean. O, también, los impuestos que castigan a los más exitosos.

Los economistas hablan de incentivos y tienen razón.

Si en la nación son los apegados al gobierno lo que viven mejor, lo que muestran fortunas mayores, las personas concluyen que el esfuerzo y las iniciativas de poco valen. Que lo que deben hacer es buscar conexiones y contactos con los personajes adecuados.

En ese caso, los talentos personales dejan de usarse en el trabajo y se aplican a la adulación del poderoso, a la intriga en contra de los otros aduladores, y el país padecerá la falta de trabajo y esfuerzo. Es esa vieja idea del anhelo personal que desea, no trabajar, sino ser colocado dentro de un presupuesto estatal.

Sí, son incentivos, pero hay más que eso. La mayoría los llamaríamos valores, o mejor aún, virtudes. Y tratan de asociar a ciertas conductas con ciertos beneficios.

El caso más obvio es el del crimen, el que si no es acompañado por penas y castigos, termina siendo estimulado. De aquí la importancia de un buen sistema de policía.

Y llega a suceder algo paradójico, cuando los derechos humanos se tornan incentivos perversos. Estímulos que motivan conductas indeseables y actitudes reprobables.

Un caso lo ilustra, el reparto gratuito de condones y anticonceptivos por parte de los gobiernos. Se le dice al joven que tiene derecho a ejercitar su sexualidad y se le financia esa actividad. Le hacen creer que tiene derecho a que otros paguen su libertinaje. Ya no pensará en aceptar responsabilidades de sus acciones.

El corazón de esto es una disociación entre actos y responsabilidades, entre acciones y consecuencias. La disociación la producen incentivos opuestos a los razonables.

Cosas que se entrometen en la cadena que liga al éxito personal con el trabajo, a la visión de largo plazo con la iniciativa. Todo se vuelve inmediato y asociado con el reclamar, el pedir, el exigir a terceros: si alguien quiere, por ejemplo, estudiar, eso se entiende como reivindicación, no como esfuerzo académico.

Un caso notable es el de las fortunas de los gobernantes, lo que muestra al ciudadano que para lograr riqueza personal de poco vale la iniciativa y el sacrificio del trabajo, que lo que importa es acceder a posiciones en las que por medios dudosos se adquiere fortuna y patrimonio.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión: en cada uno de nosotros existe un ejemplo para el resto, acciones que los demás toman como referencia para su propia conducta.

Conforme crece la fama de las personas, más importante es ese ejemplo para el resto. Un alto gobernante, con su vida, es una referencia social, una muestra de cómo vivir. Igual con celebridades y gente popular.

Caen en esas personas una responsabilidad mayor que en el resto. Son ellas casos y ejemplos públicos.

Las fortunas legendarias de políticos que llegaron al gobierno sin patrimonio y salen de él millonarios, son esos incentivos que socavan la moral de la nación. Igual que las celebridades que alcanzan fama y al mismo tiempo muestran vidas desordenadas y bajas.

La fama tiene su costo. Las borracheras y malas acciones de personas desconocidas son reprobables, pero no popularizan asociación entre fortuna y vicios.

Y, sin embargo, las orgías y bacanales de personas famosas enseñan que no hay relación entre disciplina y éxito. Son ejemplos de lo contrario que hace fuerte a una nación.

En fin, todo es cuestión de entender que los célebres y famosos tienen más responsabilidades que el resto de nosotros, las de mostrar que su fama y su celebridad es fruto de la virtud y no del vicio.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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