Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Fuerza del Contrario
Eduardo García Gaspar
9 junio 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en: ,


Es un muy buen recurso para usar en un combate. Una táctica de utilidad en una discusión. Consiste en aprovechar el embate del atacante en favor del atacado.

Los ejemplos ilustran mejor que las definiciones. Vayamos a uno concreto.

No hace mucho, en un par de columnas de opinión en periódicos, se argumentó en favor del control de la natalidad. Se apoyaron medidas como el uso de condones, anticonceptivos, aborto y hasta matrimonios del mismo sexo. Todo para reducir la tasa de natalidad y con ello el número de personas en el mundo.

Era una clara defensa de métodos de control natal.

Muy bien, ahora, suponga usted que esa propuesta es el ataque que recibe otra persona, una que se opone al control natal. ¿Qué puede argumentar en contra de eso esta persona? Usualmente se opondrá con otro ataque, uno en contra del control natal y los métodos recomendados para ello.

En eso consistiría la discusión normal, usual y esperada. Pero quien se opone al control natal puede ser más creativo e imaginativo. Puede tomar la fuerza del ataque de su contrario y aprovecharla en su favor. Puede decir, por ejemplo,

“¿Estás tú a favor del control natal? Claramente sí y, te confieso, que yo también estoy a favor del control de la natalidad. Claramente a favor. Es más, en todos los tiempos se ha estado en favor del control de la natalidad. No creo que haya habido civilizaciones que no hayan tenido ese tipo de control sobre los nacimientos”.

El elemento clave de hacer esto es la sorpresa: el partidario del control natal espera que su opositor diga que está en contra, pero éste dice que está a favor… exactamente lo opuesto de lo esperado. Toda una sopresa.

Y, es entonces, cuando el opositor al control natal arma la defensa de su posición. Puede decir que que en toda la historia se ha practicado el control de la natalidad, que proponerlo no es decir nada nuevo, que en realidad es bastante claro que siempre ha existido el control de la natalidad.

A lo que agrega un elemento nuevo y sólido. Dirá, por ejemplo, que el control de la natalidad es una frase nueva, de estos tiempos, y que antes se usaba otra frase.

Antes no se decía control de la natalidad, se le llamaba control de uno mismo. Consistía en el dominio propio de las pasiones e instintos. Era la anticipación de consecuencias.

Ese es el real control de la natalidad, el dominio sobre uno mismo. Lo que ahora se llama control de la natalidad, no es control en realidad. Más bien es descontrol e irresponsabilidad.

Una distorsión de la palabra eso de llamarle control a lo que es lo contrario, incapacidad, ligereza e insensatez. Lo que ahora se llama control de la natalidad no es nada que tenga que ver con control.

Lo que el nuevo control de la natalidad solicita a la gente es dejar de controlarse ella misma, abandonarse a las pasiones y los instintos, perder la disciplina que antes pedía el control de la natalidad en su sentido original.

Argumentar así es razonable, tiene peso y, también, sorprende al partidario del control de la natalidad de nuestros tiempos.

Pero, con independencia del elemento de sorpresa, la argumentación tiene sentido.

Cuando usted crea elementos que reducen los costos de una conducta, el efecto neto es un incentivo para realizarla. Si se reducen las probabilidades de tener hijos en cada acto sexual, el resultado final será tener más actos de ese tipo. Es decir, menos control personal. Es cierto.

Y de allí proviene la sorpresa: el control de la natalidad produce un descontrol sexual.

Sucede en otras situaciones: tener un seguro de coche y mecanismos de seguridad en él produce conductas más descuidadas al conducir. Tener “seguros” contra la concepción de hijos eleva el número de contactos sexuales. El control natal anterior es ahora descontrol sexual.

El juego de palabras ayuda a explicar el argumento en contra de métodos anticonceptivos. Es un buen argumento, pero se comprende mejor expresado así. No es esta una idea mía.

La encontré en una biografía de Chesterton, quien era un maestro en esto de las paradojas. Un tipo fascinado por la posibilidad de debatir sus creencias con enemigos de peso.

Apuntar esto, creo, bien valió una segunda opinión para mostrar la posibilidad de que puede y debe haber discusiones provechosas y civilizadas, un arte en peligro de extinción.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Anticonceptivos y en ContraPeso.info: Razonamiento.

Igualmente, puede verse ContraPeso.info: Incentivos.

La argumentación fue tomada de Pearce, J. (2009). G. K. Chesterton, sabiduría e inocencia. Madrid: Encuentro, p. 427. Una extraordinaria biografía de un hombre fuera de serie.

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