Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Solución: Nosotros
Eduardo García Gaspar
22 julio 2011
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La persona hablaba sobre el aborto. Proponía una idea digna de verse más de cerca, la de ser imposible lograr un acuerdo entre las personas que están a favor y las que están en contra.

Es un caso claro de las llamadas guerras culturales.

Son conflictos con profundo contenido moral y en los que existen grupos que piensan de muy distinta manera. Esperar acuerdos no es una expectativa real al menos en el plazo medio.

El fondo del asunto es en verdad vital y bien vale la pena una segunda opinión.

Primero, quitémonos de encima la primitiva idea de defender opiniones morales por medio de marchas callejeras que gritan eslóganes. Eso oscurece las cosas y hace más difícil el uso de la razón.

Segundo, definamos el terreno. Es uno moral o ético y se trata de cosas que son mandatos, reglas, o principios que son guías de la conducta humana: señalan acciones consideradas malas y otras consideradas buenas.

Todo esto está basado en algo muy sencillo, un principio general de razón práctica.

En algo muy lógico: las cosas buenas deben hacerse y las cosas malas no deben hacerse. Eso lo entiende cualquiera y no tiene problema alguno. Al menos, tenemos un punto de acuerdo para todos, el de procurar el bien y evitar el mal.

Lo que sigue a esto es más problemático.

Si se reconoce que el bien debe procurarse, eso requiere un conocimiento previo, el de qué es el bien. Lo mismo para lo de evitar el mal, necesitamos saber qué es el mal. Esta es, creo, la fuente del conflicto: definiciones distintas del bien y del mal.

Una fuente poderosa de definición de eso tendría que ser un criterio externo e independiente de la voluntad de las partes que discuten.

Esto evitaría el subjetivismo y las partes que discuten tendrían que aceptar ese criterio que tiene el poder para establecer si algo es bueno o mal.

En otras palabras, quienes defienden a la esclavitud y quienes la reprueban, deben usar un factor objetivo externo e independiente de sus opiniones para llegar a la conclusión mejor apegada a sus creencias.

Ese criterio externo suele ser la misma naturaleza humana. Si todos somos igual en valor y dignidad, resulta obvio que la esclavitud es reprobable, es mala.

En asuntos muy sensibles, como el tema del aborto y de la eutanasia, por ejemplo, podemos recurrir a ese mismo criterio, el de nuestra naturaleza humana y actuar de acuerdo con ella.

Una acción sería buena si es congruente con esa naturaleza. Y lo opuesto, sería mala si va en contra de nuestra esencia humana.

Todo pinta muy bien hasta ahora. Si las partes que apoyan el aborto y las que lo reprueban acuerdan tomar a la naturaleza humana como criterio de solución de sus diferencias de opinión, se da un paso grande en la vía de encontrar, como con la esclavitud, una solución basada en la razón.

No está mal el asunto y, si las partes son razonables, ellas estarán de acuerdo en aceptar la conclusión razonable sin importar que eso signifique que su opinión inicial sea negada.

Esto necesita una cualidad extraña en nuestros tiempos: la humildad de aceptar la verdad, o bien evitar la terquedad que la soberbia crea.

Suponiendo que eso sea posible, el asunto podría encontrar solución en la determinación de la naturaleza humana. Los conflictos sobre la esclavitud y la discriminación racial pueden inspirar un comienzo al reconocer el valor de la persona y su dignidad inherente.

Esto es lo que hace incongruente que una persona pertenezca a otra y que se le impida usar un baño por tener la piel de otro color.

En asuntos como el del aborto y otros similares, de muy alto contenido moral, en los que hay posiciones muy opuestas, resultará productivo comenzar con esas ideas de dignidad igual en todas las personas.

Poniendo a trabajar las mentes, siendo lógicos, podrán elevarse las probabilidades de llegar a una conclusión sólida.

Pero hay muchos obstáculos. Ya mencioné dos: el convertir a los diálogos razonados en ruido callejero y el dejar que la terquedad rechace a la razón.

Hay otros más y el más poderoso de ellos es una definición diferente de la naturaleza humana, como la que existía cuando la esclavitud que aceptaba la existencia de seres inferiores.

El otro obstáculo es entender estos conflictos como una negociación que llega a compromisos medios y produce medias verdades.

Post Scriptum

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