Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Sigue, Expresión Cambia
Eduardo García Gaspar
13 septiembre 2011
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


A los gobiernos autoritarios no les agradan los libros, ni los medios de comunicación. Mucho menos aún a los gobiernos totalitarios.

Eso dice la sabiduría común y la evidencia lo prueba una y otra vez.

El flujo libre de información es una fuerza que tiende a ser limitada conforme se eleva el nivel de autoritarismo gubernamental.

Esta es la causa por la que, por ejemplo, en China la información de Internet pasa por filtros de censura. La misma por la que suelen ser atacadas las redes sociales en países que pasan por turbulencia popular, como en Irán.

Y es que hay algo atractivo en los vacíos informativos que ciertos gobiernos consideran causa de su sostén. Un vacío informativo será llenado por algo, algo que sea conveniente a esos gobiernos, lo que sea.

No sólo en el caso de gobiernos sucede eso, recuerde usted, por ejemplo, la censura a teorías alternativas de cambios climáticos y que creó la misma comunidad científica.

En fin, los flujos de información libre tienden a ser obstaculizados por quienes tienen intereses opuestos a los de personas cuyos intereses serían lastimados. La práctica es muy clara en los casos de gobiernos autoritarios.

En los casos de gobiernos dentro de regímenes democráticos, el asunto es mucho más complejo. Es algo que merece una segunda opinión, para apuntar otra manera de limitar el flujo de información.

En una democracia se considera sagrado el derecho de pensamiento y expresión, por lo que atentar contra él sería muy mal visto y rechazado. Entonces, el problema subsiste.

¿Qué deben hacer esos a quienes les rendiría beneficios el limitar el flujo libre de información? Por supuesto, no pueden establecer mecanismos de censura. No pueden cerrar periódicos ni medios de información, ni limitar accesos a Internet.

Todo eso tendría una reacción grave de protesta que lastimaría notablemente al que lo intentara. Hay una manera sencilla: amenazar con leyes y revocación de concesiones, o bien cooptarlos con dinero.

Pero aún así, la gente tendría otras fuentes de información, muy notablemente a Internet. ¿Qué hacer para alterar la información de flujos libres de información? ¿Es imposible? La verdad no, es una práctica común hacerlo.

Todo lo que hay que hacer es alterar el lenguaje. George Orwell, en su novela, 1984, ofrece un ejemplo notable cuando menciona, por ejemplo, que el ministerio de guerra ha sido bautizado por el gobierno como Ministerio de la Paz.

En otra de sus novelas, la de Rebelión en la Granja, narra cómo la idea de que todos son iguales es transformada en “unos son más iguales que otros”.

La idea central es modificar el significado de las palabras para hacerlas querer decir eso que le conviene al manipulador. Un ejemplo actual, pequeño y representativo: en los EEUU su presidente ya no usa el término “estímulo económico” dado su fracaso y usa “inversión” para la misma cosa, creando la impresión de ser algo diferente.

Si no se puede alterar el flujo de información, siempre queda la alternativa de alterar a la misma información, es decir, a los contenidos, a las palabras que los forman.

Tiene la ventaja de aparentar respetar la libertad de expresión sin crear sospechas de haber violado el significado de las palabras. Hay un caso realmente notable en México de cómo una palabra odiosa para todos ha sido convertida en motivo de orgullo nacional.

Si se preguntara a cualquiera su opinión de los monopolios, diría que son entes reprobables. Si se le pidiera que nombrara monopolios mexicanos, nombraría a muchos y con razón… pero el milagro es que no se le ocurriría nombra a Pemex, el monopolio estatal petrolero. Décadas de esfuerzos de propaganda han dado resultados para desligar a Pemex de su naturaleza.

Es lo mismo que sucede al cambiar “sexo” a “género”, “esposo” por “pareja”, “promiscuidad” por “liberación”.

Alterando los significados, se puede respetar la libertad de expresión porque se ha respetado la libertad, pero se ha alterado la expresión para conformarla a eso que conviene al que hace el cambio.

Haciendo eso mismo, yo le puedo convencer a usted de que la idea más odiosa que tenga es en realidad la más deseable de todas. O usted a mí.

Todo lo que tenemos que hacer es usar palabras distintas, suaves, novedosas, con connotaciones positivas y asunto arreglado.

Post Scriptum

La idea central es la de una nueva censura, más sutil y refinada, menos tosca. menos obvia. El flujo de información sigue igual que antes, incluso mayor, sin frenos ni obstáculos, incluso hasta el punto de la saciedad. Pero el contenido se modifica por medio del cambio del significado de las palabras.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lenguaje.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Libertad Sigue, Expresión Cambia”
  1. droctavio Dijo:

    El columnista acierta al decir que existe el fantasma de gran libertad de expresión, en dos componentes: mucha libertad pero muy poca expresión por causa de cambios en significado de palabras. Me atrevo a añadir que la poca calidad de expresión (en esa ecuación) también es afectada por el dominio de medios light como la televisión y la escasez de medios sólidos como los libros, lo que hace creer que la vulgaridad de la comunicación y el empleo de palabras vulgares es ejercer la libre expresión.





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