Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Pendones del Rey
Eduardo García Gaspar
11 abril 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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Cuentan las crónicas de un país muy antiguo que uno de sus reinos fue invadido por enemigos. Sin previo aviso, sin jamás sospechar lo que sucedería, los pacíficos habitantes del reino sufrieron el ataque del invasor.

Una horda de salvajes saqueó el castillo real, llevándose la mitad del tesoro. Grave situación fue ésa, la que el monarca atendió con urgencia. Llamó a sus consejeros más leales, consultó con los expertos más sabios y, después de unos días anunció su decisión a sus súbditos: crearía un nuevo impuesto.

Los súbditos aceptaron la decisión, pues comprendían plenamente la necesidad de volver al tesoro real a su antigua posición.

Pasaron tres años. La vida en el reino era pacífica. Los amargos recuerdos de la invasión habían sido casi olvidados, cuando un cierto día, sin que mediara aviso alguno, los invasores aparecieron de nuevo.

Con lujo de violencia atacaron al reino y dirigieron sus esfuerzos principales a forzar su entrada al castillo real. Con escasa lucha lograron su objetivo. Las puertas fueron abiertas. Los soldados fueron vencidos. La turbamulta invasora entró el castillo y tomó la mitad del tesoro real.

Se retiraron los invasores del reino con la misma presteza con la que habían entrado. Apesadumbrado, el rey volvió a llamar a los más leales y a los más sabios. Las reuniones tomaron un poco más de tiempo que hacía tres años. El rey fue al balcón e hizo un anuncio a todo el reino.

Decretaría un impuesto especial, destinado a reemplazar la parte perdida del tesoro del palacio. Los súbditos ya no fueron tan comprensivos como antes. Hubo algunas protestas razonables, pero en general la situación se aceptó. La gente pagó el nuevo impuesto. Fue así que transcurrió el tiempo.

Pasó un año. Pasó otro año. Y transcurriendo el tercero, la gente comenzó a recordar las dos invasiones anteriores, pero nada más que eso, hasta que un día, de nuevo llegaron los invasores.

Y los hechos se repitieron. Tomaron el castillo y se llevaron la mitad del tesoro real.

Sucedió lo previsto. De nuevo el rey llamó a reuniones urgentes. De todos los rincones del reino llegaron los más leales y los más sabios. Pocos días después, el rey volvió a salir al balcón y anunció un nuevo impuesto para volver a llenar el tesoro real.

La cosa no fue aceptada por los súbditos, quienes se reunieron y nombraron a un representante para que hablara con el monarca.

El seleccionado era un campesino, famoso por su sentido común y sus escasas palabras. Llegó este hombre al palacio. Pidió audiencia. Pocos días después se la concedieron. Y fue así que, el campesino llegó frente al rey.

Se inclinó ante el monarca. Lo saludó a nombre de sus súbditos. Le rindió los homenajes acostumbrados y le dijo, “sabemos ya que cada tres años nos invaden y roban la mitad del tesoro. Sabemos también que después de cada robo, su majestad decreta un nuevo impuesto”.

“A pesar de saber esto”, continuó, “nada se hace. Su Majestad se ocupa con las labores del diario y descuida lo básico. Por esta razón, suplicamos a Su Majestad haga algo simple y concreto, como hacer un foso alrededor del castillo y recordar que él debe ser llenado con agua… y que esto haga antes de poner los pendones reales en las torres del castillo”.

La historia, que escuché hace muchos años, trata de ilustrar un suceso común: el olvido de las cosas más básicas y simples que produce la atención en las pequeñas preocupaciones del día. Es una verdad común esto de olvidar lo básico y atender lo menos importante.

Suele esto sucederle mucho a los gobernantes, que ocupados en su día a día, olvidan al ciudadano en el suyo. Olvidan que fueron elegidos para gobernar no para cuidarse entre ellos.

Relegan a lo más elemental y colocan su prioridad en lo vano, accesorio y banal.

Ahora mismo, en México, esto sucede. Las capacidades y los talentos de los gobernantes están enfocados a hacer lo necesario para permanecer en el poder.

Su horizonte mental no va más allá de las elecciones del año entrante. Como el rey que atiende la necesidad de pendones en las torres y olvida el foso, nuestros gobernantes atienden las campañas electorales de sus partidos y olvidan el interés público, las medidas que realmente los justificarían.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Gobernantes Imperfectos. La misma historia esencial la usé hace varios años en Aprendizaje Estatal.

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1 comentario en “Los Pendones del Rey”
  1. Corina Dijo:

    Que acertada comparacion, sobre todo con el Gobierno de Obama, pues ha descuidado tanto la Nacion, sobre todo la Seguridad Nacional, ya se olvido el terrible Septiembre 11, solo las personas que perdieron sus seres queridos en aquel terrible dia lo recuerdan, hoy en dia se ha descuidado tanto la Seguirdad que en las Fronteras con Mexico, todo el que quiere puede circular libremente en Territorio Norte Americano, ahi esta el cambio que tanto se anuncio con Obama, descuidando lo basico, por los Pendones.





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