Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mala Defensa Familiar
Eduardo García Gaspar
17 junio 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


La familia es constante objeto de atención. Atención que se manifiesta de maneras diversas para atacarla y defenderla.

Los ataques, en su mayoría, consisten en la actualidad en tratar de modificarla más allá del conjunto estable de padre, madre e hijos.

La defensa suele ser la del pensamiento tradicional que tiene un buen punto, la de la tradición de siglos y siglos de la familia. Es como haber probado con experiencias milenarias una estructura que funciona y da resultados: el conjunto estable de padre y madre permite un ambiente favorable a seres que necesitan largos períodos de maduración.

El peligro de las modificaciones a la familia, como la propuesta de adopción de hijos en matrimonios de personas del mismo sexo, por ejemplo, es un experimento con efectos de largo plazo que no son previsibles en terrenos imposibles de anticipar.

La discusión con respecto a la familia, en fin, es importante porque toca lo que de seguro es la unidad social de mayor tradición. Esto bien valle una segunda opinión, para ver especialmente una de las defensas que de ella se hacen.

Sus defensores, entre otras cosas, hablan de la belleza de la familia, de lo agradable y placentera que es. Pintan ellos un panorama familiar casi idílico, en el que desaparecen los bullicios de la vida y sus preocupaciones. Es la familia vista como un refugio pacífico de las personas, en el que serán felices y vivirán sin complicaciones.

Digamos que se trata de una defensa romántica de la familia, a la que se ve casi como una situación utópica. Cuando escucho esta defensa romántica de la familia, la entiendo. Tiene ella una cierta dosis de realidad, al menos en la intención de lo que debe ser. Pero me deja un tanto escéptico.

Una familia no es casi nunca una situación totalmente idílica. En ella, como en el resto de la vida, hay problemas entre el padre y la madre, con los hijos y entre ellos. Hay enfermedades, problemas económicos, gustos diferentes, opiniones distintas. Una muestra es la discusión sobre la hora de llegada de los hijos por la noche.

La realidad es que la familia no es ese escenario idílico con el que se la defiende. Y en esto radica mi temor. Si antes de formar una familia se me dice que dentro de ella tendré la felicidad total, eventualmente me llevaré un chasco. Y cuando me lo lleve, la desilusión quizá me produzca deseos de abandonarla, de dejar de ser parte de ella.

Visto de otra manera, en términos de marketing. Si la familia se “vende” como una situación de total felicidad, se está cometiendo una exageración, la del producto que no tiene el desempeño prometido. Y, como consecuencia, puedo dejar ese producto e intentar otros.

Pero si no se exagera y se habla de ella con realismo, las expectativas serán menos altas. En fin, mi punto es hablar claro. Sí, la familia es una institución natural, muy deseable y muy necesaria, pero no es una utopía. Y a ella debe entrarse con pleno conocimiento.

Si una persona, digamos el marido, se casa pensando que de esa manera encontrará su felicidad personal en una situación perfecta, sufrirá una terrible desilusión. Debe entender que su misión no es ser él feliz, su misión es hacer feliz a su mujer. Y la de la mujer es hacer feliz a su marido. Más otra cosa, aceptar que en ese intento de buscar la felicidad del otro habrá fallas.

Aceptar la existencia de fallas, errores, problemas y conflictos es lo que ignora la defensa romántica de la familia, produciendo un efecto colateral indeseable: el abandono de la familia, su rompimiento. Si alguien forma una familia pensando que eso logrará su felicidad perfecta, se equivoca totalmente en su hedonismo. Al no lograr su felicidad perfecta, su desilusión le hará querer salir de ella.

En resumen veo que la exageración romántica de la familia puede producir más familias rotas que el reconocimiento de la realidad familiar, con sus problemas muchas veces muy serios. Si nuestro mundo no es perfecto, si nosotros no somos perfectos, nuestras familias no lo pueden ser tampoco.

En otras palabras, reconocer la imperfección de la realidad familiar será una mejor defensa de ella, una que defienda el que quizá sea el rasgo más importante de toda familia, la estabilidad de largo plazo.

Post Scriptum

Haya más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Familia.

Quiero añadir una idea complementaria a la anterior, la de G. K. Chesterton. Dice que quienes critican a la familia señalan que ella es una institución que es defectuosa, con fallas y poco propicia. Para esos críticos, eso es una falla de la familia.

Para Chesterton eso es lo que la hace una buena institución: “… precisamente por contener tantas diferencias y variedades por lo que resulta tan completa”. (Chesterton, G. K. (2007). Herejes (1 ed.). Barcelona: El Cobre. p. 152)

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