Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Allá del Abuelo Consentidor
Eduardo García Gaspar
28 abril 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La gran mayoría de las personas, seguramente todas, desaprueban la sobreprotección de los hijos. Sabemos sus efectos.

La sobreprotección produce infantes caprichosos, consentidos, mal educados, irresponsables, que son incapaces de reconocer responsabilidades.

Los casos son numerosos. Imagine usted a la madre de un estudiante de universidad que ha reprobado un curso y ella va con el profesor. Le explica que su hijo pasa por un mal período, que cortó con la novia, que se siente presionado por la vida, que lo disculpe, que le suba la calificación para lograr el pase.

O piense en el padre que compra al hijo cuanto juguete existe, que si no lo compra el chiquillo se pone a llorar y patalear, que llegando a los 16 años, le compra un convertible de lujo.

O el caso de los padres que compran a la hija ropa de marca porque ella se siente mal con sus amigas si no la lleva.

Recuerdo casos en los que las madres se quejaban de demasiada carga de estudios de los hijos, quienes por eso no tenían tiempo para salir por la noche y se sentían estresados con tantas tareas.

Me imagino que cualquier ser razonable vería en estos casos una situación indebida, la sobreprotección filial tiene malos efectos en los hijos.

Si eso es cierto, resulta sorprendente que la sobreprotección sea aprobada en otra situación. No sólo aprobada, sino aplaudida y alabada.

Muy bien, hasta aquí hemos llegado a una conclusión: los padres que sobre protegen a los hijos producen criaturas con serios defectos, como irresponsabilidad, egoísmo, libertinaje y similares.

Ahora use usted su imaginación para otra posibilidad. Suponga que ahora son los padres quienes son los sobreprotegidos. Alguien más los protege en demasía: les quita responsabilidades, hace las tareas en su lugar, les regala lo que piden, los cuida en exceso, cumple con sus caprichos.

¿Qué efectos tendría eso en los padres? Los mismos que se producen en los hijos.

Si la sobre protección de los hijos los torna en seres irresponsables, parece razonable que el mismo efecto se tenga en los padres si alguien les da el mismo tratamiento de sobreprotección.

Serían ahora los padres quienes terminarían siendo mal educados, vanos, irresponsables, perezosos, egoístas, libertinos.

¿Puede alguien sobre proteger a los padres? Sí, puede alguien hacerlo. Podría tenerse el caso de, por ejemplo, el abuelo extremadamente controlador que toma las decisiones por los demás y los cuida de lo malo que realizan.

Pero hay algo más allá del abuelo consentidor que protege a todos en demasía. Imagine usted que en una comunidad se crea una institución que tiene esa función exactamente, la misma de los padres sobre que sobreprotegen a los hijos esperando con eso hacerlos felices.

Es un buen ejercicio mental pensar en esa institución dentro de, digamos una nación: su función sería la de hacer felices a los que allí vivan. Ella se encargaría de todo eso que hacen los padres sobreprotectores.

Les da regalos, obsequios. Les reduce precios de lo que compran, los lleva al médico, a la escuela, les da casas, les dice lo que deben ahorrar, lo que no deben comer.

Les da útiles escolares, les pone espectáculos para que se diviertan, les repara sus casas. En fin, los cuida y protege de lo que les puede hacer infelices.

Por supuesto, el efecto es el mismo que en el caso de los hijos. Allí la gente sentirá que tiene derecho a todo y deber de nada, igual que el hijo caprichoso.

Serán ciudadanos que se sentarán a esperar que otro resuelva sus problemas, que otro los saque de apuros, que otro haga las cosas por ellos. Igual que los hijos consentidos harán rabietas en forma de marchas callejeras exigiendo derechos, pidiendo lo imposible.

Por eso es que llama la atención que la sobre protección que tanto se critica en el caso de los padres con los hijos reciba aplausos cuando se trata de la sobreprotección de los gobiernos con los ciudadanos. La misma cosa es considerada reprobable y deseable al mismo tiempo, sin admitir que en las dos instancias es mala.

En el caso de las familias se les llama padres sobreprotectores. En el caso de los ciudadanos se les llama estados de bienestar y son esos que, como los padres, queriendo hacer felices a los hijos los convierten en seres infelices e incapaces.

Post Scriptum

La idea anterior tiene un enorme parecido con otra, la que afirma que es equivocado retirar de las personas la responsabilidad de hacer lo que ellas pueden lograr por su propia iniciativa y esfuerzo.

Se hace un gran mal y se comete una gran injusticia cuando alguien de más poder y jerarquía realiza lo que alguien de menos poder y jerarquía puede hacer con su propio esfuerzo y talento.

A lo más que puede aspirar un gobierno es a establecer condiciones propicias y estables que permitan que cada persona sea responsable de lograr su propia felicidad. De no existir esta limitación de gobierno, serán los gobernantes quienes impongan en las personas lo que ellos creen que es la felicidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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