Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Derechos, Más Problemas
Eduardo García Gaspar
23 noviembre 2011
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La joven gritó, “¡Pero yo tengo el derecho a la educación!” Su voz fue áspera, ruda.

Era un reclamo exigido. Había ella sacado una nota reprobatoria del curso.

Eso amenazaba su permanencia en la universidad. Pedía alterar su calificación, cambiarla a ser aprobada, lo que le garantizaba seguir estudiando.

No sé, quizá era una joven criada bajo la odiosa costumbre actual que habitúa a las personas a exigir derechos sin considerar que eso conlleva obligaciones.

En este caso, el derecho a la educación, era claro, significaba también la obligación de estudiar, de pasar exámenes, de aprobar cursos… lo que ella parecía no entender.

El tema bien vale una segunda opinión para ver mas de cerca eso de los derechos.

Primero, insisto en lo malo de esa educación que convierte a los jóvenes en máquinas petitorias de derechos a lo que sea. Se les inculca esa mentalidad, que los vuelve, en realidad, niños malcriados que sólo saben pedir. La mentalidad del Occupy Wall Street ilustra esto con brillantez.

Pero eso es sólo un efecto del problema, que es el de no tener una idea razonable de lo que es un derecho.

Una buena manera de ver lo que hay detrás de un derecho es salirse de la mala costumbre de entenderlo como una exigencia, para verlo como una libertad que debe ser común a todos. Es un cambio radical, pero productivo.

Por ejemplo, en el caso de esa joven que exigía su derecho a educarse, las cosas se verían mejor si se entiende como la libertad educativa. Significaría que ella decide entre educarse o no, lo que será su decisión.

Igual que seleccionar estudiar comunicaciones o matemáticas. Pensar así, no ha alterado la esencia de un derecho, que es esencialmente algo que puede decidirse hacer o no.

Si se comienza a entender que es mejor hablar de libertades, se comprende también el otro lado de todo derecho: la responsabilidad personal. Si se tiene el derecho a la educación, es obvio que se tiene la obligación de estudiar, de asistir a clases y demás.

Ver sólo derechos hace olvidar las obligaciones, pero ver libertades no tiene ese defecto. Es más sencillo ver que la libertad acarrea responsabilidades.

También, se resuelve otro problema, el mayor de todos. Cuando las personas exigen sus derechos, esa es una exigencia, un reclamo a otros. Uno que con frecuencia se traduce en lo obvio, pedir medios y recursos para satisfacer esos derechos.

Es decir, otros son los que pagan la exigencia de los derechos. El derecho a educarse, por ejemplo, haría obligatorio que desconocidos pagaran los estudios de los alumnos. Esta es la mentalidad de, por ejemplo, las protestas de estudiantes en Chile.

No es una situación de justicia esa de transferir a otros los costos de mis derechos. Pero si cambiamos a hablar de libertades, no de derechos, se evita ese problema. Todo lo que se pide al resto es respetar esa libertad propia y nada más.

Si la joven quiere estudiar, la única obligación de los otros es no impedirlo, pero en ella se mantiene la responsabilidad de estudiar, ir a clases y pagar su educación. Es mejor este arreglo que el otro.

En resumen, es mucho mejor hablar de libertades que de derechos. No es que los derechos no sean algo bueno, pero es que han sido transformados en instrumentos políticos.

Por ejemplo, en los derechos de la ONU se dice que se tiene derechos a vacaciones pagadas. Sería mejor decir que se tiene la libertad de vacacionar cuando se quiera.

En el caso de mi dentista, por ejemplo, no sé a quien le exigiría ese derecho. Pero como sí tiene esa libertad, él la ejerce o no, con la única condición de que el resto respete esa libertad que a él le representa la responsabilidad de aceptar sus costos.

Los derechos convertidos en exigencias van por el camino que conduce al gobierno excedido, convertido otorgador de derechos.

Pero si vemos a los derechos como libertades, el efecto es el contrario. El gobierno limitará su crecimiento y expansión.

Todo lo anterior puede dar la impresión de ser etéreo, abstracto y sin utilidad inmediata. No lo es. Piense usted en, por ejemplo, las plataformas electorales de los candidatos a la presidencia en México. Están ellas llenas de promesas para satisfacer derechos, siendo el gobierno el que los satisface.

Si en cambio esas plataformas contuvieran libertades, el gobierno se convertiría en algo mejor, un protector de esas libertades, logrando tener ciudadanos responsables, no malcriados.

Post Scriptum

Mi punto es claro: es mejor hablar de libertades, que son posibilidades de acción personal que no deben ser impedidas por terceros. Hablar de derechos incorpora un elemento indeseable, el de la exigencia a terceros de aportar medios que permitan las acciones personales.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Lista de Derechos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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