Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mejor yo lo Hago
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2011
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo empieza con una idea que parece muy simple: las personas actuamos, hacemos cosas, realizamos actividades. No hay manera de negar esta verdad. Es absoluta.

Si uno de nuestros amigos niega que las personas actuamos, terminará probando que lo hacemos. El mero hecho de negar que actuamos es una acción.

Actos como escribir esta columna, como leerla, o como beber un brandy después de comer.

Pero todo eso que parece tonto, no lo es en realidad. Piense usted en esto, si hacemos cosas, las que sean, debemos tener un objetivo.

Actuamos por una razón que es sencilla de ver. Si hacemos algo es que con eso queremos mejorar nuestra condición actual. Si compro un lápiz es que pienso que con él estaré mejor que sin él en este momento.

No hay otra posibilidad: actuamos y lo hacemos porque con cada acción nuestra condición tendrá una mejora. No vamos a actuar para empeorar la condición en la que nos encontramos, sino para mejorarla.

Esto nos lleva a otra conclusión inevitable y cierta: cada acción implica una decisión.

Le digo, todo esto parece obvio aunque no lo sea.

Si decidimos hacer algo, eso quiere decir que dejamos de hacer otras cosas. El ir al cine implica no ver televisión. Y significa que yendo al cine pensamos que estaremos mejor que haciendo otra cosa. Eso lo sabemos nosotros, los que decidimos y nadie más.

Estas verdades tienen consecuencias que bien valen una segunda opinión.

Suponga usted que otra persona, la que sea, decide por usted. Es decir impide que usted tome las decisiones y quien las toma es esa otra persona. Si esto sucede, la otra persona puede estar en una de dos posiciones.

La primera de ellas es la de querer realmente el bienestar de usted y hacerle feliz. Usted cederá su poder de decidir y se lo dará a esa otra persona confiando en ella. Creyendo que así será feliz.

Esto tiene problemas: la otra persona no sabe tanto de usted como usted mismo y sus decisiones, por eso, no serán las mejores. Nadie mejor que usted para decidir lo que le conviene.

La segunda de las posiciones es menos idealista. Usted cede el poder de tomar sus propias decisiones y las toma la otra persona en su lugar. Usted confía en la otra persona, pero ésta tomará decisiones buscando su propia felicidad, no la de usted.

Por ejemplo, le puede convencer de que la felicidad es convertirse en un sirviente suyo.

¿Aburrido y sin consecuencias todo esto? Al contrario. Estas son las ideas que ayudan a entender mejor lo que sucede en política. Lo podemos traducir a situaciones muy concretas.

En las elecciones presidenciales mexicanas de 2006, uno de los candidatos, López Obrador, tenía una plataforma política muy clara: su gobierno sustituiría las decisiones que podían tomar por sí mismos los ciudadanos con la idea de hacerlos felices desde que nacieran hasta que murieran. No exagero.

Sus palabras fueron otras, más dulces, menos descaradas, pero eso fue en esencia lo que dijo al ciudadano: con su gobierno los ciudadanos ya no necesitarían decidir por sí mismos, las decisiones serían tomadas por su gobierno y eso garantizaría la felicidad nacional.

Los otros candidatos propusieron cosas similares, aunque menos extremas. Se concluye sin remedio que esas promesas políticas tienen defectos.

Primero, los gobiernos no tienen el conocimiento suficiente como para que usted mejore su situación. El único que lo tiene es usted. Nadie más sabe más de usted que usted mismo.

Segundo, es iluso pensar que en realidad los gobernantes pongan la felicidad de usted antes que la suya propia. Son seres humanos y son imperfectos. Buscarán su bienestar primero, antes que el de usted, como el caso del gobernador de Nuevo León, usando un jet privado pagado por su gobierno para viajes familiares.

Las ideas simples, como éstas, son de tremenda utilidad. No están sujetas a corroboración de estudios, ni de análisis de sucesos pasados. Son verdades posibles de conocer usando la razón y sin que puedan negarse.

Usted actúa porque quiere mejorar su situación, así sea un poco, y nadie más que usted conoce lo que le conviene.

Si alguien más quiere tomar las decisiones en lugar de que usted lo haga, esa persona va a tomar decisiones que primero buscarán la felicidad de esa persona. Usted pasará a segundo nivel, si es que tiene suerte.

Post Scriptum

Cuando un tercero quiere hacer suyas las decisiones que corresponden a otro, adquiere poder sobre él. Le ordenará hacer lo que el tercero piensa que es bueno y ese tercero pone a la persona bajo su control, así sea con la justificación más benevolente.

Esta transferencia de poder de decisión de uno a otro es la esencia misma del poder político desobordado. Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Ambición de Poder.

El tema puede verse desde otra perspectiva con un ejemplo extremo que ilustra el caso. En una sociedad todas las decisiones de todas las personas son transferidas al gobernante, todas. Ese gobernante decidirá en lugar del resto de los ciudadanos. Lo que sucede es que les hará vivir en una situación que, según el gobernante, es la mejor para todos en su opinión.

¿Lo será? No, claramente no. Ese gobernante no tiene la información para saber qué es lo que cada persona desea en cada momento y, por eso, impondrá su idea de felicidad, no la de cada uno. Ese es un rasgo natural del socialismo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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