Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Misma Apariencia Engañosa
Eduardo García Gaspar
10 marzo 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Existe en nuestros días un papel que es digno de estudio. Suele venir en varios colores y tiene una enorme cantidad de dibujos, letras e ilustraciones, pero su parte vital es la de los números.

Ese papel tiene un poder de atracción como ninguna otra pieza. La gente está dispuesta a demasiadas cosas con tal de hacerse de ese papel, de varios de ellos. Nos da un servicio imprescindible y no tiene un sustituto satisfactorio.

Usted tiene seguramente algunas muestras de ese papel en el bolsillo.

Le llamamos dinero y deseamos tener mucho de él. No porque valga en sí mismo, sino por lo que puede hacer por nosotros. Podemos dar varios de esos papeles a un comerciante, y lo convenceremos de que nos dé a cambio, por ejemplo, varias cervezas. Hasta un iPad nos dará si le damos los suficientes papeles.

El dinero, es decir, esos papeles, no tienen valor en sí mismos. Lo que les da valor es la confianza general de que con esos papeles pueden comprarse cosas y pagarse servicios. El hecho de que todos acepten esos papeles es lo que les da valor. Si no me cree, trate de comprar cervezas dando a cambio papeles con dibujos y números hechos por un niño.

Podemos incluso guardar ese papel, que en sí mismo no sirve para nada. No puede comerse, ni beberse. Pero lo guardamos porque en el futuro puede darnos el poder para comprar cosas que sí pueden beberse, comerse…

Pero, hay otra cosa que les da valor y en la que poca atención se suele poner. La cantidad de papeles que existen es limitada. Esta limitación le da valor a esos papeles. Si no me cree, haga la prueba e imprima todos los billetes que quiera. Lo que pasará es lo obvio.

Cuantos más papeles de esos existan, menos valor tendrán.

Le sucede lo mismo a cualquier bien, como el agua, que su abundancia vuelve un bien de precio muy bajo a pesar de que sin ella moriríamos. Lo mismo con el dinero. Si se pone a circular más dinero, su precio bajará.

¿Como sabemos que baja el precio del dinero?

Nos damos cuenta cuando necesitamos más de él para comprar cervezas, por ejemplo. Lo que vemos es la superficie: el precio de la cerveza ha subido. En realidad lo que ha sucedido es otra cosa, es el precio del dinero el que ha bajado.

El punto es importante porque suele ser el banco central el que controla la cantidad de dinero en circulación. Un banco central tomando malas decisiones es terrible: si aumenta la cantidad de dinero en circulación eso hará que los precios de las cosas suban, lo que daña a todos.

Hay ejemplos soberbios de esto de reducir el precio del dinero. Un fenómeno que se llama inflación.

Si usted hubiera vivido en Alemania a principios de los años 20 el siglo pasado y hubiera salido a comprar un periódico, le habría costado unos treinta centavos de un marco alemán.

Dos años después, en 1923, imagine que sale de nuevo a la calle a comprar el mismo periódico. El vendedor le hubiera pedido no esos treinta centavos, sino setenta millones de marcos.

¿Subió el periódico de precio? Sólo en apariencia. En realidad lo que se redujo fue el precio del dinero.

Esto me lleva a algo que creo que bien vale una segunda opinión.

Me refiero a decir que es inflación lo que en realidad no lo es. La inflación, entendida correctamente, es un suceso monetario ocasionado por una mayor cantidad de dinero circulando. Es una pérdida del valor del dinero y no un aumento del precio de los bienes, propiamente hablando.

Pero cuando existe un aumento del precio de los bienes y el dinero en circulación no ha aumentado, ese es otro fenómeno. Es algo distinto, no es inflación, pero tiene la misma apariencia. La apariencia de la elevación de precios. La distinción es vital porque la causa es otra.

Suponga usted que una racha de mal clima altera las cosechas de varios alimentos y, como consecuencia, sus precios suben. O que sucesos en países petroleros alteran la oferta de ese producto, con el efecto de elevar sus precios. Los efectos darán toda la apariencia de inflación.

La llamarán inflación. Verán un problema de inflación. Reclamarán luchar contra la inflación. Harán marchas contra la inflación. Pero en verdad, inflación no es.

El dinero no ha bajado de precio, lo que ha subido es el precio de algunos bienes muy importantes. Por eso, los remedios son diferentes.

Si se trata de inflación verdadera, el remedio se concentraría en la cantidad de dinero. Si se trata de precios más altos, el remedio está en otro lugar, en aumentar la cantidad ofrecida de los bienes que han subido de precio.

Post Scriptum

Los ejemplos de inflación los tomé de Wheelan, C. J. (2002). Naked economics : undressing the dismal science. New York: Norton, p. 179.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Inflación.

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