Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mito Del Individualismo
Leonardo Girondella Mora
28 noviembre 2011
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
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Es una aseveración común y corriente afirmar que el liberalismo económico propone y supone que cada persona debe ser contemplada como alguien individualista al extremo egoísta, que persigue su propio bienestar sin importar las consecuencias de su conducta en nadie más.

La acusación es de índole moral y hace referencia a la naturaleza humana —de lo que se considera responsable al capitalismo, al liberalismo, a los mercados libres.

La acusación sirve de base para demostrar, por inferencia no lógica, que el socialismo es moralmente superior.

El razonamiento es simple: se afirma que el capitalismo fomenta y crea el individualismo egoísta y codicioso, de lo que se concluye que su contrario, el socialismo, fomenta y crea el altruísmo y la compasión.

Mi intención es examinar este razonamiento al que considero como un clisé —y cuya falsedad intento demostrar en los siguientes puntos:

• Si el liberalismo efectivamente promueve el egoísmo individualista, eso no es una demostración de la superioridad moral del socialismo.

La afirmación sería un non sequitur colosal —el socialismo podría ser incluso moralmente peor que el liberalismo: que una cosa sea mala no es demostración que otra sea mejor.

• El liberalismo es en su faceta económica un arreglo que se sustenta en la libertad personal que posee como derecho cada persona —la misma libertad que tiene para votar o para expresar opiniones es la que tiene para trabajar, producir, gastar, ahorrar.

El liberalismo expone y explica el funcionamiento de mercados libres, creados espontáneamente por las iniciativas libres de vendedores, productores, compradores y consumidores —y se opone al intervencionismo estatal argumentando que eso causa distorsiones en los mercados alterando su funcionamiento para mal.

No hay en esa propuesta de mercados basados en la libertad de la persona suposición moral alguna que promueva el individualismo egoísta que dañe a otros —lejos de eso, como consecuencia de su mentalidad, supone colaboración entre personas, y sostiene que en los intercambios de bienes se dan sumas positivas de beneficios.

No existe ninguna propuesta de peso que sostenga que el liberalismo descarte la existencia de reglas morales, ni de principios éticos. La suposición moral de la que parte es la existencia de la libertad humana, la que lleva a consecuencias lógicas en la economía.

• El liberalismo se opone a visiones colectivistas de la sociedad —su énfasis está en la conducta libre de cada persona, a la que considera capaz y racional. Es la misma mentalidad que considera valioso a cada voto en cada elección y se opone al corporativismo y demás visiones sectoriales donde la persona es ignorada.

En este sentido, el individualismo liberal es antagónico al colectivismo socialista —trata de defender a la persona en lo individual, sin que ello suponga que defiende conductas egoístas dañinas a otros.

• El liberalismo supone que la persona busca su beneficio personal en sus acciones y decisiones —una idea mal interpretada, que se ha caricaturizado para acusarla de lo que no es culpable: el beneficio personal no supone necesariamente daño a terceros, ni un egoísmo extremo. Da cabida perfecta a intercambios benéficos a todos y a actos caritativos.

• El clisé que acusa al liberalismo de fomentar el egoísmo individualista dañino tiene su origen en la repetición incansable de imágenes mentales creadas por críticos superficiales del liberalismo —gente que, en lo general, da pena decirlo, no conoce al liberalismo.

La confusión, en buena parte, es causada por la creencia de que son liberales regímenes económicos tipo mercantilista —en los que grandes empresas privadas son protegidas por el gobierno y se padecen las consecuencias de los monopolios, lo que no es liberalismo.

Pero sobre todo, la codicia y el egoísmo son vocios presentes en todos los sistemas económicos —los padecen los mercados libres, es cierto, pero también los mercados intervenidos por el gobierno. Es imposible que el egoísmo y la codicia desaparezcan por medio de un simple cambio de política económica.

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La acusación al capitalismo como promotor del individualismo egoísta moralmente reprobable es un clisé —un engaño que tiene sólo la fuerza de su repetición, pero que no tiene sustento alguno.

Su reiteración tiene consecuencias formidables, pues constituye un freno poderoso a la implantación de la libertad económica y los beneficios que ella produce.

Sirve de excusa a los gobiernos para intervenir en los mercados argumentando que su misión es moderar el egoísmo y la codicia —vicios que los gobernantes poseen en extremo.

Es frecuente, igualmente, escuchar el clisé en círculos académicos —donde los profesores adoctrinan a los alumnos en el error. Equivocan el concepto de liberalismo para definirlo como ellos suponen, sin consultar las fuentes originales. Fomentan un conocimiento simplista e ilógico.

Exponer al clisé y su error es de utilidad para dar oportunidad al aprovechamiento del talento y la iniciativa de cada persona y los beneficios que eso produce en el bienestar de los demás.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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