Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Natividad del Señor (2011)
Textos de un Laico
23 diciembre 2011
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Isaías 52,7-10) es una clara presentación del tema de este domingo, el nacimiento de Duda de Santo TomásJesús.

Es como un canto, el que dice, “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria!”.

Y añade, “Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios… Tu Dios es rey”. Más aún, hace una invitación, “Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén”.

Es un tono de victoria y de triunfo, que se completa en el salmo: “”Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios… su diestra le ha dado la victoria… El Señor da a conocer su victoria… Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios…”.

De nuevo, el el salmo, se tiene esa invitación: “Tañed la cítara para el Señor suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor”.

 

• El evangelio de este domingo (Juan 1,1-18), lo explica todo. Jesús ha llegado, se ha hecho carne, habita entre nosotros.

No se anda con cuentos en evangelista. Su narración va hasta el mismo origen de todo lo existente: “En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho”.

Es la explicación de la vida misma: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió”. Es muy bella esa comparación entre luz y oscuridad, en la que insiste: “La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre”.

¿Qué es esa luz, esa Palabra? La respuesta del evangelista no da lugar a dudas: “Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Jesús, el hijo de Dios, la buena nueva, el motivo de la invitación al canto, la victoria.

 

• La segunda lectura, la de San Pablo (Hebreos 1,1-6) añade un elemento clave: es por Jesús que nos habla el Padre. Lo aclara en dos pasos, antes y ahora.

Antes, dice el apóstol: “En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas”.

Pero, “Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo”.

¿Quién es ese que ha nacido? San Pablo contesta la pregunta: “¿a qué ángel dijo jamás: ‘Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado’”. Más aún, ¿a quién se ha dirigido Dios diciendo: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo… Adórenlo todos los ángeles de Dios”.

 

• Las tres lecturas, reunidas contienen esos dos elementos. Uno el de la victoria, el gozo, la alegría de una buena nueva. El motivo de la alegría, el festejo, lo que justifica la invitación al canto.

Dos, la causa de todo, Dios mismo encarnado, entre nosotros, la luz que nos ilumina, la buena nueva en sí misma, Jesús ha nacido. Es imposible encontrar nada que mayor que este suceso. Absolutamente nada. Dios mismo, en la figura de su hijo, nace este día y habita este mundo que es su creación.

Esos dos elementos está en nuestra vida misma, en estos momentos. La Navidad está siempre rodeada de fiestas, celebraciones, reuniones con la familia y los amigos, regalos, decoraciones especiales. Es un humor de fiesta y alegría. Pero sin el segundo elemento, la ocasión queda vacía, sólo en forma, sin contenido.

Ese contenido es la razón central, la causa de todas las celebraciones. Una esfera de Navidad, colgada en el más precioso árbol, no tiene en sí misma significado alguno. Tampoco lo tiene regalo alguno, ni tarjeta alguna si no tenemos en cuenta el sentido de la fecha, el que Dios mismo ha llegado y habita entre nosotros.

El festejo por el festejo resultaría una cosa vacía y desierta, sin motivo ni razón. Como algo artificial y trivial. La clave está en llenar el vacío y éste se llena con el darse cuenta de que la razón de la Navidad, el nacimiento de Cristo, no es sólo la causa real del festejo en estas fechas, sino la razón misma de nuestra vida, el resto de los días del año.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comunes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.





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