Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Neuronas y Salsa Tabasco
Eduardo García Gaspar
25 mayo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las personas tenemos peculiaridades. Algunas de ellas son coloridas, llamativas quizá, como un amigo que insiste en ponerle Salsa Tabasco a toda su comida. No lo entiendo, ni trato. Así, todo lo que se come sabe a lo mismo.

Pero hay otras peculiaridades distintas, en terrenos, no como los gustos personales, en los que ellas sí están sujetas a poder ser entendidas y, por eso, discutidas.

Ya no se trata de ponerle Salsa Tabasco a todo, sino de usar células grises en todo. Un ejemplo aclara esto, el de una persona que negaba que la libertad existiera.

El punto es interesante. Es posible que muchos no tengan interés en el tema, pero eso no quita que sea interesante.

En fin, toda la idea de la persona era decir que las personas no somos libres, que todo lo que hacemos está predeterminado, que nuestras libertades son ilusorias, que estamos condicionados, que sólo podemos imaginarnos que somos libres, pero que no lo somos.

Es toda una postura filosófica, de esas que se sostienen en cimientos tan sólidos como los de un pantano y tan estructurados como una casa cuya construcción comienza por el techo.

Veamos esto de cerca, si es que usted no tiene nada mejor que hacer. Toda la tesis de la persona es que no existen libertades, u opciones de selección de acciones.

Está muy clara la idea, cualquiera la puede entender. La libertad no existe, las opciones que seleccionamos no existen.

Resulta curioso, por tanto, que decir eso sea una opción que ha sido seleccionada. La misma persona podía haber seleccionado decir que la libertad sí existe, que esa la otra opción.

Pero optó por decir que la libertad no existe y para decirlo fue libre. Pudo decir lo opuesto. Puso hablar de otra cosa, como lo absurdo de ponerle Salsa Tabasco al queso brie. Pudo quedarse callado. Pero de entre esas opciones y muchas otras, fue libre para decir que la libertad no existe.

Usó una idea para decir que esa idea no existe.

Son ideas que se refutan a sí mismas, pero que a pesar de serlo por alguna razón permanecen vivas, aunque a veces agonizantes. Se mantienen, tal vez, porque no les ponemos mucha atención a sus consecuencias ni a sus fundamentos.

Por ejemplo, imagine usted que en verdad no fuésemos libres.

En tal caso, una consecuencia obvia es la de quitar toda responsabilidad a todo acto humano. Quien mata a otro, necesariamente, no tendría responsabilidad del hecho. No tendría sentido tener leyes, ni juicios. La acción se tomaría con toda la naturalidad del mundo.

“Robaron mi casa y nada hay que hacer, de haber sabido que estaba predestinada a ser robada no la hubiera comprado, pero estaba predestinado a comprarla”.

Hay un buen ejercicio mental que usted puede hacer. Tome alguna idea de esas que muchas personas repiten y piense en las posibles consecuencias de esa idea.

Un ejemplo, el de un par de canciones que dicen “la vida no vale nada”. Una de ellas, creo, es de Pablo Milanés.

La otra es de José Alfredo Jimenez, eso de “no vale nada la vida, la vida no vale nada”.

Ahora imagine que es cierto eso y vea las consecuencias. Si la vida no vale nada, tendríamos que anular todas las leyes que castigan el asesinato. Quien atropellara a un peatón, podría seguir su camino con indiferencia.

Todo nos dice, por mera intuición, que esa idea está en contra de lo que creemos y de cómo actuamos. La persona que pensara que la vida no vale nada, se sentiría mal estando sano y si llega a enfermar jamás pensaría en visitar a un doctor.

Es más, no existiría la carrera de Medicina. Y sin embargo, esas canciones sobreviven. Es que no ponemos atención en lo que dicen.

Quizá sea todo esto debido a la pérdida del sentido de lo absurdo. Y eso es muy absurdo.

Alguien usa su libertad para decir que la libertad no existe y, sin el sentido de lo absurdo, muchos lo toman como una gran filosofía de enorme profundidad. O alguien canta en contra de la vida y sin sentido de lo absurdo se cree que es una gran letra, una que ha usado a la vida para ir en contra de ella.

O bien, lo que ahora se dice, que lo mejor que puede pasarnos es quitarnos de la cabeza la idea de que existe el bien y el mal. Interesante idea, totalmente absurda, pues dice que es bueno sacarnos de la mente la idea de lo bueno. Y que es malo que sigamos creyendo que existe lo malo.

Post Scriptum

La idea de que la vida no merece ser vivida, fue tratada por G. K. Chesterton con las mismas conclusiones, en las que me he inspirado.

Hay más ideas en ContraPeso.info: Razonamiento.

Un ejemplo fantástico del absurdo es el de la letra de la canción “Imagine”, en la que se pide imaginar haya nada por lo que valga la pena luchar. Es decir, hay que luchar por que no haya nada por lo que deba lucharse. ¿Mmmm?

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