Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ninguno Coincide Realmente
Eduardo García Gaspar
14 julio 2011
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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En tiempos de elecciones políticas, la atención suele perderse en el asunto número dos. Deja de ponerse en el asunto número uno.

Y es que las elecciones se vuelven una especie de concurso de popularidad, un duelo de personalidades, un desafío de imágenes.

Claramente importa mucho quién gobierna, pero aún más importa el tipo de gobierno que se esperaría de cada candidato.

Y las elecciones suelen perder la discusión de las ideas sobre el gobierno. Un serio error de consecuencias. Ahora en México, por ejemplo, la discusión tiene el eje del retorno o no del PRI al poder y quiénes son los candidatos de ese y otros partidos.

Es muy comprensible esa discusión, es lo que más llama la atención y es a lo que se dedicarán la mayor parte de las noticias.

Pero lo que primero debe verse es otra cosa, la que es descuidada: el tipo de gobierno que se desea. El tema bien vale una segunda opinión.

En mi caso, por ejemplo, el ideal de gobierno es uno limitado, pequeño, de bajo costo, con división real de poderes. Uno que concentre sus labores en la protección de los ciudadanos, es decir, de sus personas y propiedades.

Uno con pocas leyes, simples y claras. Dedicado a crear las circunstancias más propicias para que cada ciudadano se haga responsable de su propia vida.

Lo más indeseable que puede tenerse es un gobierno que por querer hacerlo todo, todo lo hace mal. Uno que es caro, con demasiadas leyes que nadie entiende. Uno que cree ser la nana de los ciudadanos a los que cuida excesivamente. Estos gobiernos excedidos son costosos y frenan el progreso.

El corazón de lo anterior es el terror ante abusos de autoridad gubernamental. Los gobiernos, aún los más limitados, tienen mucho poder. Más que las más gigantescas empresas.

No veo razón por la que se les dé aún mas poder para manejar a la economía, para hacerse cargo de industrias básicas, de la educación, de la salud pública. Si eso hacen, lo harán mal y tenderán a abusar de ese poder.

Temo al mayor enemigo que se puede tener en un país, el gobernante que se ve como un mesías social, como alguien que posee el conocimiento para hacernos felices y se considera la encarnación de los reclamos sociales.

Usted conoce a estos tipos, como Hugo Chávez, que viven de engañar a votantes ingenuos y de pocos recursos.

Es por esto que, si usted me hace caso, lo que más importa es no el nombre del candidato, ni el partido al que pertenece, sino las ideas que tiene. Esas ideas son fuertes indicativos de lo que será su gobierno.

Ponga atención más en sus palabras que en su imagen. La imagen puede ser manipulada, pero las palabras siempre dejan ver el interior que es lo que importa.

Y una vez que se han visto las palabras de los varios candidatos, muchos ciudadanos pasarán por un dilema fascinante: ninguno de los candidatos llena los requisitos que uno desearía y les hace dudar si votar o no votar.

No sé qué haga usted, pero le puedo contar qué es lo que he hecho en las últimas elecciones.

Ya que tengo ideas más o menos claras de lo que me parece es un buen gobierno, mi primer paso es desechar al candidato que más se aleja de esas ideas.

Ese que representa lo que más rechazo, el que quiere poder, el que se siente mesías, el que fomenta el odio social, el que se cree la encarnación nacional. A ese lo descarto con rapidez. Pueden ser varios.

Los que sobreviven al primer filtro pasan por el segundo, pero eso sí uno de ellos recibirá mi voto. No porque lo considere bueno, sino porque ese voto anulará a otro, el que recibirá el candidato al que considero nefasto.

Entre esos candidatos que pasaron el primer filtro, me fuerzo a seleccionar al menos malo, el que más de acerca a mis ideales políticos.

Mi punto es entonces ya muy claro. Para votar más o menos razonablemente, primero hay que hacer un examen personal de los ideales políticos que uno tiene, sin dejarse influir por imágenes, personalidades, partidos.

Esos ideales políticos son mis parámetros de medición de los candidatos y voto por los que están más cerca de ellos, o son los que menos se alejan de ellos.

Sé que ninguno de ellos representa mis ideales, pues en México no hay partidos políticos con creencias liberales. Aún así voto porque en mi opinión no hacerlo es perder una oportunidad de participación.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso.info: Elecciones y en ContraPeso.info: Personalismos.

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