Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es Quién, Sino Qué
Eduardo García Gaspar
28 julio 2011
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pregunta es qué y no quién. Me refiero a lo que sabemos de los sucesos de Noruega y su autor, Anders Behring Breivik.

La primera reacción es la obvia, indignación y enfado. Otro atentado terrorista, imperdonable. Otro caso de agenda política ligada a violencia contra inocentes. Parte del desafortunado paisaje político.

La segunda reacción fue curiosa. Por simple asociación de ideas, los atentados se ligaron al sospechoso usual, el terrorismo islámico. Algo similar al atentado de Atocha en Madrid, ligado de inmediato a ETA.

Normal es que estas culpas por asociación sucedan. Mejor aún es que se haya visto su falsedad poco después.

La tercera reacción es la que bien vale una segunda opinión.

Breivik resultó ser un noruego, blanco, rubio, cristiano, de derecha, conservador, opositor al Islam, amante de las armas, buen escritor, ilustrado, joven, orgulloso de su raza vikinga.

En fin, casi lo contrario de lo esperado. Un gran shock para muchos. Esta es la reacción que debe verse.

Saco en conclusión que la locura no es privilegio de una raza, ni de una religión, ni de nacionalidad, ni de creencias políticas. Todos la pueden padecer y eso es lo notable.

Por supuesto que hay locos que son de derecha, pero los hay también de izquierda. Hay trastornados cristianos, pero también de otras religiones.

En este caso, Breivik se adjudicó él mismo un título: Comandante Caballero Justiciero de los Caballeros Templarios de Europa (WSJ, Bret Stephens 26 julio 2011).

Eso es el quién. Lo que importa es el qué y el qué es la locura: el tomar una opinión o una creencia hasta volverla única haciendo de ella la justificación de todo, literalmente todo.

Tome usted, por ejemplo, al ícono del terrorismo moderno, Osama bin Laden y compárelo con Breivik. Las diferencias son accidentales: diferentes religiones, diferente raza, diferente edad, diferente ideología.

Pero iguales creencias en el fondo: la creación de un enemigo de sus creencias y su combate por todos los medios para en la victoria tener el mundo soñado.

No son los únicos. Piense en los eco-terroristas, en los nazis, en los marxistas. En fin, la locura no es privativa de unos, afecta a todos, y debemos cuidarnos de no ser infectados de sus vicios: furia, rabia y, sobre todo, incapacidad para pensar.

No se engañe nadie, pueden ser personas ilustradas, inteligentes, pero no pueden pensar.

Lo que personajes como Breivik dejan de herencia no es sólo a los muertos, heridos y daños materiales. Nos dejan algo más, la culpa por asociación. Es esa falacia que engaña y que hace que muchos razonen diciendo, “si es musulmán, es terrorista”, “si es de derecha es un fanático”, “si es cristiano es un fundamentalista”.

Y esto es terrible, porque tratando de mostrar algo enseñan a no pensar.

Enseñan a establecer culpas por asociación, igual a lo que sucedió en la URSS. Igual a lo que sucedió con el nazismo. “Si eres comerciante, o si eres judío, o perteneces a tal grupo, eres culpable”.

Ya no hay razonamiento, ya no hay persona. Hay sólo grupos y algunos son culpables automáticos.

Un occidental era para Osama un infiel digno de morir. Un multicultural era lo mismo para Breivik. No hay más que pensar ni otra cosa que hacer. La culpa es automática, el juicio expedito e inapelable.

Más aún, el juicio es un espectáculo y evento para los medios, con la idea de llamar la atención a su causa… creando, paradójicamente lo opuesto, rechazo a sus ideas.

Si querían propagar su religión, la hacen aborrecible. Si querían exaltar sus creencias, las hacen odiosas. Y es que en realidad, no son religiosos, ni tienen creencias, ni valores. No son ni revolucionarios, ni conservadores.

Son proponentes prácticos de la locura violenta, una enfermedad que los une a su pesar. Breivik odia a los marxistas, tanto que es su igual. Si él asesina a inocentes con balas, los otros con purgas de partido y gulags, como anotó Stephens en la columna señalada.

Por todo es que no debe preocuparnos el quién. Debemos ocuparnos en el qué, esa locura extrema del ilustrado, la violencia del que quiere una utopía.

Tenemos información de Breivik, de quién es. Lo que nos hace falta es algo más, el qué lo afecta, el qué lo enferma. Los hechos son llamativos, la personalidad es seductora. Su padecimiento es repugnante.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Terrorismo.

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1 comentario en “No es Quién, Sino Qué”
  1. Beatriz Eugenia Duran Dijo:

    Perfecta conclusion: NO SE ENGAÑE NADIE, PUEDEN SER PERSONAS INTELIGENTES, ILUSTRADAS PERO NO PUEDEN PENSAR……. como decimos aqui en mi tierra. mas claro no canta un gallo….. El autor la tiene clara y ojala nos sirva para entender esa cantidad de locos sueltos “opinando” barbaridades y sentando catedra sobre temas transcendentales a los que muchos siguen solo porque estas personas son preparadas academicamente, sin darse cuenta lo equivocados que estan. Menos mal existimos personas que si pensamos.





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