Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No, Eso da Miedo
Eduardo García Gaspar
18 abril 2011
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Existe una cierta atracción humana por lo misterioso. Podemos de allí derivar la razón por la que nos atraen ciertas películas y novelas policiacas.

Lo misterioso crea curiosidad, como en esos programas de televisión en los que los laboratorios siempre resuelven casos de robos y asesinatos.

Pero es ése un misterio terreno, tangible, posible de entender a la primera. Lo que nos produce miedo es el misterio que está fuera de la comprensión inmediata. Ya no es tanto curiosidad lo que nos atrae, sino una sensación de miedo que para algunos es irresistible en las películas con temas de lo sobrenatural.

Hay en ellas, como en algunas obras, algo que va más allá del misterio detectivesco. Lo que es sobrenatural, o que no tiene una explicación corpórea, atrae, pero produce miedo.

Tanto puede producir que hay un género de novelas que se clasifican como de horror. Las de H. P. Lovecraft, por ejemplo, crean ambientes horripilantes porque son realistas.

Soportamos, algunos, y otros gustan de ese miedo, siempre que sea artificial, creado en un libro o en una película.

Otra cosa totalmente es vivirlo en una situación real. Enfrentarse a lo que se piensa no es de este mundo y hacerlo personalmente, no resulta atractivo. Peor aún, se rechaza y evita.

El miedo, leí en alguna parte, no es exclusivo de las cintas y los libros. Sentimos miedo cuando escuchamos un ruido inexplicable por la noche y nuestra imaginación echa a volar creando posibilidades extraordinarias.

Más aún, el miedo, decía en eso que leí, es una sensación frecuente en la vida espiritual.

Imagine el lector que en un cierto momento tiene usted la sensación muy vívida de que Dios está a un lado suyo. No hay manera de demostrarlo. Tan solo es una sensación que se vuelve casi certeza. Su mente rechaza la posibilidad, por la razón que sea.

Pero la sensación permanece. La reacción de alarma es natural, de mucha alarma.

Creo que en esto hay un punto sólido. Incluso para los creyentes, sentir la presencia de Dios con intensidad es para poner los pelos de punta y poner una cara igual a la que se tendría en caso de ver un fantasma.

Me imagino que los santos, esos que estuvieron en ese caso, deben haber vivido con un miedo continuo, muy entendible.

Y, por supuesto, Dios lo sabe de antemano. No puede él andar presentándose a algunos creyendo que ellos lo tomarán como la cosa más natural, como si llegara una persona más tocando la puerta.

Supongo que sea por eso que en la Biblia se repite con cierta frecuencia una frase.

La frase de “No tengan miedo”, que es lo menos que nos puede decir porque la ocasión no es para menos. A María, en la Anunciación, el ángel le dice eso mismo, no tengas miedo. Luego, meses después, la misma frase, no tengan miedo, es dicha a los pastores a quienes se anuncia el nacimiento de Jesús.

Lo mismo sucede con san Pedro, cuando Jesús realiza uno de sus primeros milagros.

No puedo hablar por experiencia personal, pero si le hago caso a mi imaginación, la sola presencia de un ángel al que perciba como real, me pondría a temblar como nadie más. No debe ser agradable, al menos al principio… y no creo que nadie pueda acostumbrase a esas visitas.

Lo interesante es la reacción que podría tenerse en esos casos. Algunos, no sé cuántos, con un miedo atroz aceptarían la visita llenos de pavor. Pero otros, tal vez demasiados, y también llenos de pavor, preferirían rechazarla.

Esa es la reacción que me parece más interesante.

Tiene ella mucho que ver con la fatal costumbre actual de evitar tratar temas con consecuencias. Uno de ellos el de la religión.

Evitemos hablar de religión, se dice, por causa de buena educación. Más por miedo, diría yo, porque creo que si de ella se habla menos que antes, no es por querer ser corteses, sino por rehusar el miedo que se sentiría, o quizá pavor y espanto.

Es, desde luego, de menores consecuencias y quizá ninguna, el hablar de temas poco importantes. Conversaciones sobre lo trivial sirven como tranquilizantes, medicinas contra el estrés que produciría hablar de lo que realmente importa.

Y, créame, no hay un tema que importe más que el religioso, que como todo lo importante produce esa reacción inicial de miedo. Por eso, la famosa frase, no tengan miedo, me parece de aplicación urgente en nuestros días.

Y aplicable especialmente estos días en los que para muchos es preferible salir de vacaciones y olvidar el profundo misterio que para los cristianos presenta la semana que hoy inicia.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Conversaciones y en ContraPeso.info: Vacío Religioso.

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2 Comentarios en “No, Eso da Miedo”
  1. Rolando Dijo:

    Muy de acuerdo. En estos últimos tiempos, en Monterrey, no hay reunión en la que no se hable de la Violencia… será que la perdimos el miedo? Si hablaramos de la Unión Familiar, o de Dios, tanto como de la violencia…. cambiaríamos un poco a México? Que necesitamos para perder el miedo a hablar de DIOS ?

  2. Alberto Dijo:

    En desacuerdo con la columna, ya que es un tema de FE, un tema de creer en Dios y listo. Es como saber que respiro por el oxigeno, que no lo veo pero existe, es saber que Dios existe, para buenos y para malos. Pero no por eso no voy a hablar de Dios, siempre hablamos de Dios, hablando de los niños, de la creación de lo maravilloso de la vida, la Naturaleza, como no vamos a hablar de Dios, siempre lo estamos viendo, lo tenemos presente. La FE señores es lo que nos falta a muchos, precisamente, hablaba con un compañero de este tema, precisamente en la comida. Si perfemos la FE, estamos navegando sin rumbo fijo, eso es lo que tenemos que fortalecer en todo. Claro siempre nos encontramos con los prietitos en el arroz. Como se mencionó en esta misma columna. De 12 apostoles, uno fue traidor, ahora de millones de sacerdotes, habrá varios malos…, pero no por esto perdemos la FE. NOTA DEL EDITOR: de acuerdo, pero no es ése el punto de la columna, sino el de evitar hablar de religión teniendo como excusa la buena educación, pero siendo en realidad el miedo lo que evita pensar en Dios.





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