Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No, no es Igual a
Eduardo García Gaspar
27 mayo 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Hay un símbolo en matemáticas que es importante, el signo de igual a. Es lo que nos hace ver que dos más dos es igual a cuatro.

El problema es que nos olvidamos llevar ese signo a otros terrenos. Especialmente cuando hablamos. El error es serio.

Pongo un ejemplo. Uno de los más claros que conozco. Pongamos del lado izquierdo del signo de igual a, a una idea. La idea que dice que existe el deber de ser caritativo. No creo que existan muchos que nieguen ese deber de ayuda al necesitado.

Definamos “necesitado” como el que está en una posición o situación notablemente inferior a nosotros y que no tiene la capacidad para salir de ella, al menos en el plazo corto. Por ejemplo, el caso de un obrero que padece cataratas y no tiene el dinero suficiente para ser operado.

No hay duda de que existe el deber de ayudarle. Alguien debe hacerlo, muy especialmente quienes conozcan el caso y posean la capacidad de hacerlo. Este es el lado izquierdo del signo de igual a. Hasta aquí no hay problema y, me imagino, estaremos de acuerdo con ese deber.

Los problemas surgen con lo que ponemos del lado derecho del signo igual a. Si de ese lado derecho de la ecuación ponemos “acción y política estatal”, las cosas se complican y mucho.

deber de caridad = acción gubernamental

Hemos convertido al deber de caridad personal en una conducta gubernamental. ¿Son lo mismo? No lo creo.

La caridad es personal, uno a uno, es voluntaria y por eso tiene mérito. Acarrea un sacrificio individual. La acción gubernamental es exactamente lo opuesto, impersonal, obligatoria, sin mérito.

La confusión es enorme en este plano abstracto. Para los cristianos, por ejemplo, eso es repulsivo: los mandatos de Dios son deberes personales, no planes de gobierno.

Igualmente, el signo de igual a, ha sido mal usado en otro sentido. Del lado izquierdo del signo están esos deberes de caridad, de ayuda al prójimo. Como hemos visto, eso no tiene problema, pero del otro lado se ha colocado una mala equivalencia. Otra.

Se ha creado la idea de que si de un lado existe en deber de la caridad, del otro lado del signo se ha colocado la idea de reclamar y exigir.

Han sido hechos equivalentes los deberes morales de un lado, a del otro lado, las exigencias y reclamaciones. Y no son iguales.

Ese obrero con cataratas en los ojos sí impone en otros la obligación de ayudarle, pero no da derecho a ese mismo obrero a exigir a otros el cumplimiento de tal caridad. Exigir con uso de coerción, me refiero.

Si lo hace, desaparece la caridad y, por eso, sería injusto (con problemas de creación de incentivos perversos).

Buena parte del problema de equivalencias equivocadas, como las dos anteriores, es el entendimiento del papel de los gobiernos. En una comprensión lógica y razonable, un gobierno tiene funciones vitales, pero limitadas.

No puede hacerlo todo. Un gobierno tiene la responsabilidad de mantener el orden mediante la aplicación de leyes justas, que protejan a las personas y los intereses de estas, todas tratadas igual.

Pero, por alguna razón, las funciones originales de gobierno, han sido modificadas. Otro problema de mal uso del signo de igual a.

Del lado izquierdo se ha puesto la palabra gobierno. Del lado derecho del signo se ha colocado otra palabra, “caridad”. Es un gobierno igual a institución caritativa.

No puede serlo. La caridad, la ayuda a los demás, todo eso es un deber personal, de usted y mío. Cada caridad que realiza el gobierno es una omisión que cae sobre nosotros, los reales responsables de realizarla.

Y aunque el gobierno pudiera realizar con eficiencia esa caridad, que no lo puede hacer, aún así el deber es nuestro, no del gobernante.

deber de caridad ≠ acción gubernamental

En términos cristianos puede explicarse esto con claridad. El mandato establece que debemos amar al prójimo como a uno mismo. No establece que podemos delegar ese acto de amor y decir que el gobierno es el que amará a otros en nuestra representación. ¿Qué debe entonces hacer el gobierno?

Debe jugar un papel secundario en cuestiones de caridad, facilitando que sean las personas quienes la realicen. Son las personas, una por una, las que juegan el papel central en obras de caridad.

¿Una idea extraña? Por supuesto, especialmente para quienes han usado mal el signo de igual a, y han hecho equivalente su deber de caridad con su pago de impuestos.

Post Scriptum

Una columna de Jordan Bailor, Back to Budget Basics trata este mismo tema, especialmente en relación a los efectos de un gobierno convertido en agencia caritativa casi única: un problema serio de finanzas públicas.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Estado de Bienestar y en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios.

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