Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Pienso, Luego no Existes
Eduardo García Gaspar
27 abril 2011
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La lección es conocida: cambiar a las empresas que están en problemas es muy difícil, pero es imposible cambiar a las empresas que piensan ser exitosas. Suena razonable.

Ser exitoso es un incentivo para mantener sin cambiar lo que sean que se está haciendo ahora.

Claro que el problema es que lo que ahora se hace no necesariamente es lo que mañana se debe hacer para mantener el éxito actual. Las condiciones futuras seguramente cambiarán y eso modifica todo. Esto es muy claro en las empresas: las listas de grandes empresas no permanece constante.

Es una cuestión práctica que conocen los que viven la práctica de los negocios. Quienes no la viven piensan de otra manera.

Un caso de esos es el de la predicción de lógica aparente que pronosticó que las empresas serían cada vez más grandes y más grandes, concentrándose al final en unas pocas que dominarían toda la economía.

No ha sucedido eso. Empresas enormes han caído. Empresas pequeñas se han agigantado.

La predicción de que las mismas empresas crecieran y crecieran sin límite sólo puede hacerse en una torre de marfil, con escaso apego a la realidad. Esa predicción supone algo irreal que bien vale la pena de una segunda opinión.

Vamos a suponer que un gobernante tiene esa idea, la de que las empresas grandes crecerán sin límite y absorberán a las pequeñas para lograr una concentración del poder económico en unas pocas manos. No son pocos los que piensan así.

Es fácil demostrar que están equivocados si se examina el supuesto que ellos dan por hecho sin quizá darse cuenta. Creen que la administración de las empresas está formado por personas que jamás toman una decisión equivocada: todas sus decisiones son siempre las correctas.

Es decir, suponen que lanzan productos que nunca fracasan, que desarrollan tecnologías que no tienen defectos, que toman decisiones financieras sin fallar jamás, que seleccionan sólo al mejor personal. Pero, sobre todo, creen que la realidad siempre será la misma.

El pequeño problema es que nada de eso es cierto.

La mayoría de los nuevos productos fracasan, las tecnologías no están exentas de problemas, los errores financieros son comunes y el personal de las empresas es humano, no es perfecto. Peor aún, la realidad cambia.

Y si no me cree pregúntele a Sony sobre los adelantos que hizo Apple en tecnología para escuchar música.

La predicción estándar hubiera dicho que Sony crecería sin obstáculos. El detalle fue que otra empresa innovó de manera diferente y Sony no cumplió con la profecía estándar. Es el problema que tienen muchos pronósticos, que suponen crecimientos lineales, sobre bases que no cambian.

Piense usted que esa predicción se haya hecho por alguien, digamos un economista en el siglo 19: las empresas existentes en ese momento se concentrarán más y más hasta formar compañías enormes que concentrarán a la economía dominando precios. Creo que muchos le habrían dado la razón.

Varias décadas después, ese economista habría tenido que tragarse sus palabras. No sólo desaparecieron muchos de los gigantes que consideró eternos, sino que aparecieron nuevas empresas en áreas imposibles de predecir. ¿Habría predicho ese economista a Google o el éxito de IBM y su redefinición posterior?

Comencé diciendo que es poco probable cambiar a las empresas que están en problemas y que es imposible cambiar a las empresas que piensan ser exitosas. Es otra manera de decir que nada fracasa tanto como él éxito. Tiene su dosis de verdad práctica esto.

Pero ahora añado que es probable aunque trabajoso cambiar a las personas razonables que ven que la realidad no se acomoda a sus ideas, pero que es imposible cambiar a las personas que creen tener la teoría exitosa que todo lo explica y predice a la perfección.

No importa que la realidad los niegue, ellas insistirán en sus creencias.

Una de ellas es ésa, la de hacer pronósticos lineales sobre supuestos fijos de los que poca cuenta se dan. Hay muchos casos de eso y se dan con frecuencia en posiciones de gobierno y de la academia, quizá porque están muy alejados de la práctica cotidiana. Tal vez por otras razones.

Así es nuestra naturaleza. Nuestra terquedad se afianza en el éxito del momento y se aferra a las teorías que todo lo predicen con una lógica aparente incuestionable. La realidad, para ellos, no existe.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre los temas en ContraPeso.info: Negocios y en ContraPeso.info: Pronósticos.

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