Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Ser Crédulo
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2011
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En tiempos de demasiada televisión y escasa razón, es frecuente sucumbir a afirmaciones falsas.

Afirmaciones que apelan al sentimentalismo y nada más, para persuadir al ciudadano. Esto puede verse en los discursos políticos.

Tiene su utilidad, pues las más alocadas propuestas tienden a ser justificadas y aprobadas usando como fundamento al sentimiento y no a la realidad.

Una de las más claras aplicaciones es la de “tener que hacer algo por los pobres”. Por supuesto que hay que hacerlo, pero eso no justifica cualquier acción.

Algunas acciones serán buenas y efectivas, otras no y muchas de ellas serán peores que el problema que tratan de solucionar. Tan real es esto que es objeto de estudio y tiene un nombre en latín muy impresionante: argumentum ad populum. Su usa mucho en política.

Es un tipo de falacia que tiene como rasgo central el apelar a los sentimientos populares, a los entusiasmos de las mayorías, a las sensibilidades masivas y, sobre eso, intentar lograr la aprobación de una propuesta que no tiene un cimiento real.

Usted lo ha visto en comerciales que hablan de cosas vagas.

Pero es en política donde más uso práctico tiene este tipo de falacia. Usted las oye a cada rato en los discursos de los gobernantes, que tienen cierta razón para usarlos. Esos argumentos para el pueblo suelen conferir popularidad y de la popularidad se nutren los gobiernos.

Un ejemplo ha sido muy claro en tiempos recientes.

Es el caso de los impuestos y las propuestas de que pague más quien más tiene, lo que se justifica diciendo que ese dinero adicional por mayores impuestos será usado para el beneficio social.

¿Quién no está de acuerdo en eso del beneficio social? Nadie, es una razón sentimental que en sí misma no puede justificar nada concreto, pero a pesar de eso se usa.

Y se usa vaciando la discusión: ya no podrá examinarse, por ejemplo, si esos mayores impuestos inhiben la inversión y dañan más que benefician. Tampoco podrá estudiarse el uso comparativo de ese dinero por parte del gobierno o por parte de los ciudadanos. El argumento sentimental del beneficio social ha impedido discusiones productivas y eso lastima a todos.

Los sentimientos, por supuesto, no pueden ponerse de lado.

Son parte de nuestra naturaleza y muchas decisiones los necesitan… pero es ridículo frenar análisis sobre los efectos de decisiones importantes basándose en cosas tan vagas y conmovedoras como el beneficio social o cosas por el estilo.

Otro ejemplo de esto ha sido el uso de encuestas de opinión para justificar la legalización del aborto. Si la mayoría lo aprueba, digamos el 55%, los defensores se apoyarán en eso. Sin embargo, el argumento basado en mayorías es inútil y daría pie a que, por ejemplo, en algunos países se aprobara discriminar a personas de otra religión.

Es una falacia clásica, del tipo que dice que si todos aceptan la posición A, entonces A es cierta. Y viceversa.

No creo que así sea posible haber llegado a descubrimiento científico alguno. No se necesitaría usar la razón, todo lo que habría que hacer es hacer encuestas y ya… con el problema de que esas encuestas se harían a personas que no usan la razón y se conforman con unirse a la opinión mayoritaria.

Igual de inútil es otra variación de la misma idea, la de justificar una propuesta por medio de la modernidad: “en estos tiempos ya nadie piensa así” y cosas por el estilo, como “en todo país civilizado se hace”.

Puede importar la consideración, pero no es suficiente. Como tampoco lo es en sí mismo el capitalizar la lástima que causan, por ejemplo, los jóvenes sin empleo.

Sí, es penoso que entre ellos haya mucho desempleo, pero la misericordia hacia ese grupo no es causa suficiente como para justificar toda decisión, la que sea, que es lo que suele hacer un gobernante.

Comencé diciendo que en tiempos de demasiada televisión, la razón escasea y los ciudadanos suelen ser víctimas de estas fallas en la aprobación de medidas de gobierno.

En las próximas elecciones mexicanas de gobierno veremos, de seguro, una buena colección de estas argumentaciones erróneas. Aspiro a que una parte del electorado no caiga en ese engaño y que se use el don que Dios nos dio con un cerebro que puede pensar y detectar argucias.

Necesitamos alguna dosis de escepticismo. Alguna vacuna contra la propaganda política.

Post Scriptum

En Falacias Económicas: Uso Político hay una buena colección de trucos engañosos usados por los gobernantes, a los que el inocente sucumbe con facilidad.

En Guía Contra Propaganda Política hay otra lista de falacias y engaños usados en los discursos políticos.

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