Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Nueva Esclavitud
Eduardo García Gaspar
26 julio 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Alguien que no recuerdo, en un sitio que he olvidado, habló y dijo,

“Es cierto que los seres humanos tienen grandes talentos, que poseen enormes habilidades, pero todos esos talentos y todas esas habilidades crean una sabiduría que tiene límites”.

A lo que añadió,

“Por más que nos recordemos que nuestra sabiduría tiene límites, que nuestra razón no es ilimitada, lo olvidamos y pensamos ser más inteligentes de lo que somos. Es entonces cuando nos convertimos en estúpidos y la estupidez, ella sí, no tiene límites”.

Hay mucho de razón en esas palabras que aún recuerdo y aplico en ocasiones que las hacen importantes.

Una ocasión de ellas fue la de un gobernante en la radio, uno que hablaba de su gran compromiso social, lo que sea que eso quiera decir. Decía que el gobierno está para hacer justicia social, lo que sea que eso signifique.

Y dio ejemplos de lo que él haría.

Concedería subsidios al arte, regímenes fiscales especiales a industrias, concesiones a sindicatos, fondos a juntas de vecinos. En resumen, concedería favores a quien, según él, los mereciera. Todo eso consideraba él que era bueno, que era loable, que era de justicia.

Sí, la estupidez no tiene límites. Una demostración más de esa idea que mencioné al principio. El asunto es grave.

Nos pone cara a cara con desastres de enorme magnitud. Mayores a la más terrible de las calamidades naturales. Si algo puede matar nuestra civilización eso es nuestra estupidez ilimitada.

Cuando las personas, los ciudadanos, entienden que su vida depende de favores y concesiones de la autoridad, ellos hacen un traslado de responsabilidades. Las personas entenderán que para sobrevivir dependen de la gracia del poderoso, de la habilidad para congraciarse con él, de los favores que a cambio den.

Es el inicio de la violación de los más básicos derechos el costo del favor gubernamental.

Curiosa situación que produce esa alma inquieta del gobernante miope que quiere hacer favores a otros: queriendo hacer realidad los derechos y los ideales de las personas, acaba por matar ideales y desaparecer derechos.

Los favores que un gobernante otorga a quienes él piensa que lo merecen, y que suelen coincidir con esos de quienes busca el voto, necesariamente significan desfavores a otros.

Para hacer un favor a alguien, el gobernante daña a otro. Si protege a industrias daña a consumidores, si favorece a sindicatos daña a empresas, si regala playas en la ciudad quita fondos a policía.

Los ciudadanos, bajo ese sistema de supervivencia por medio de favores de gobierno, desarrollan una mentalidad de odio: saben que para justificar sus favores deben declarar oficial a otros su rencor.

Las concesiones a sindicatos se fundan en el desprecio a las empresas. Los favores a los pobres en el odio a los ricos. La protección a empresas en el descuido del consumidor.

Bajo ese sistema de apariencia bonachona y justa, se encuentra una estructura de odios y resentimientos que oficializa el robo masivo y legal. Los favores a unos son sólo posibles con los robos a otros. Robos de propiedades y de derechos.

Bajo el pretexto de la igualdad para todos, se esconde un sistema de desigualdades absolutas, cuyo primer beneficiario es el gobernante.

El ciudadano canaliza sus talentos y habilidades para alabar y agasajar al gobernante hasta el límite de su capacidad. Se le aplaude, elogia, enaltece. Mientras el ciudadano se rebaja, debilita y abate.

La inteligencia del ciudadano ya no es aprovechada en tareas creativas y productivas, todo se le va en la sagacidad y el disimulo que le consigue favores para sobrevivir.

En un ambiente así, deja de tener importancia el distinguir entre lo debido y lo indebido. Todo se vale si es que eso consigue lograr el favor gubernamental, o al menos evitar el daño potencial. La razón deja de tener utilidad.

Todo lo que se requiere es gritar más que otros, protestar más, reclamar más. Ser más astuto y arrastrado. La condición del favor gubernamental es el servilismo.

Son estos los efectos indeseables de lo que en apariencia es positivo. Hacer de los gobiernos una entidad que concede favores a grupos especiales suena muy bondadoso y caritativo, pero es en realidad algo que mina a la sociedad, que destruye el sentido de responsabilidad individual.

Una nueva esclavitud.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso.info: Justicia Social y en ContraPeso.info: Estado de Bienestar. Las ideas de Cipolla son especialmente importantes.

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1 comentario en “Nueva Esclavitud”
  1. Maria Eugenia Castuera Dijo:

    Estimado Don Eduardo:
    Como siempre sus comentarios son de lo más acertado. Gracias por orientarnos a todos los mexicanos. Un gran saludo





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