Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Obama y su Drama
Eduardo García Gaspar
2 febrero 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Por razones locales es vital seguir lo global. Muy en concreto a Obama, el presidente de un país que afecta al mundo proporcionalmente más que la gran mayoría. Ese es nuestro mundo ahora.

Por eso ver al presidente estadounidense después de su informe anual es útil.

Un panorama rápido. Bush crece en su impopularidad, surge Obama con un mensaje novedoso, vago, que reta al status quo. Gana la elección.

Dos años después las cosas empeoran, sus medidas no dan resultados, gasta aún más que su antecesor, la opinión mayoritaria se pone en su contra y ganan los Republicanos las elecciones intermedias.

¿Qué esperaría usted del informe anual de Obama?

Primero, brillantez. El es un gran orador. Pero no es así. La oratoria no tuvo tanto éxito. Por supuesto, sus admiradores alaban sus palabras y las comparan con las de R. Reagan.

No es para tanto. Reagan era mejor, mucho mejor, con la ventaja de saber llegar a la gente. Obama llega a la elite, la de la izquierda.

Curiosa fue la palabra “inversión”, usada por Obama para significar otra cosa. En lugar de decir vamos a gastar más, dijo que iban a invertir más. Por supuesto, invertir suena mejor que gastar, pero el truco fue percibido por muchos y decepcionó: Obama sigue en su tren de gasto.

No hay cambios.

Porque cambios se esperaban. Modificaciones en su postura, esperando un giro más al centro, menos de izquierda, más cercano a la gente común. Pero no realmente.

Un cambio de palabras y la terquedad en la idea de que la inversión (léase gasto) del país lo decide su gobierno: trenes rápidos, paneles solares… la misma historia anterior. No hay cambios realmente, sólo palabras y que ya no brillan tanto como en la elección.

Quizá estemos siendo testigos de un fenómeno común en política, y muy claro en Obama: ignorancia de la realidad que impide saber lo que realmente importa y se contenta con el pequeño mundo en el que se vive.

El gasto excesivo, el déficit de su gobierno, eso es lo que importa. Es la amenaza más grande que tenemos globalmente.

La propuesta de Obama fue tímida, cuando debió haber sido arrolladora. Quien debía tomar el papel de líder audaz en el problema mayor propuso algo tan mediocre que da vergüenza: congelar gastos de una porción del presupuesto a niveles actuales durante cinco años.

Es como curar cirrosis manteniendo el consumo de alcohol.

Su antecesor no fue precisamente un ejemplo de lo que debe hacer un presidente. El drama de Obama es haber construido una imagen superior, generado expectativas de héroe que todo cambiará, para al final encontrar que se eligió a un ser humano con escasa experiencia y que no tiene los tamaños que estos momentos necesitan.

Al final de cuentas, Obama es otra persona más de esas que piensan que no hay problema que no pueda resolverse con un crecimiento del gobierno.

¿Hay una crisis económica? Que el gobierno gaste más.

¿Se quiere resolver el desempleo? Que el gobierno invierta más.

¿Se necesita vivir mejor? Que el gobierno se encargue de los servicios de salud y de la educación.

¿Hay mayor competencia mundial? Que el gobierno maneje las inversiones y decida sus prioridades. Y así sucesivamente.

Ese es el drama de Obama, el de una respuesta única, estándar, uniforme, habitual. La misma de siempre: que el gobierno lo haga. Menor falta de imaginación es difícil de esperar.

Pero, eso sí, la respuesta única estuvo envuelta en una más o menos atractiva oratoria… pero la elocuencia no dura por siempre, necesita contenido.

Y contenido ya no hubo. O al menos hubo poco. Llamarle “inversión” al gasto ya no es tan creativo. Fue fácil encontrar el engaño. Hablar de tener trenes de alta velocidad en 25 años para casi todos los estadounidenses, no es algo que deslumbre.

Total, quizá haya comenzado una etapa de falta de credibilidad y menores probabilidades de reelección.

Quizá, porque nada es predecible con certeza. Obama es un ser político, en ese sentido limitado de la palabra, el de sobrevivir en un medio hostil por medio de la sagacidad y el disimulo. Puede conquistar ingenuos, ya tiene en su favor a la elite de izquierda y querrá seducir al de centro.

Total, el drama de Obama, el una respuesta estándar para todo problema, absolutamente todo, con una oratoria que ya no alcanza a cubrir la falta de sustancia y contenido. No es la excepción, es la regla. Un caso, sin embargo, llamativo.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el presidente estadounidense en ContraPeso.info: Obama.

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