Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ocasiones e Incentivos
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue una pequeña reunión a la que fuimos invitados. Los más pequeños sucesos de la vida son, en verdad, ocasión de aprendizaje.Como en esa reunión.

Varios matrimonios reunidos en una cena que tenía una condición: cada pareja debía llevar comida y bebida, la que sería compartida por todos.

Podía hacerse alguna predicción al respecto, bajo el principio de que la gente se comporta de cierta manera cuando los beneficios de sus acciones de reparten entre otros más. En este caso, las bebidas y la comida aportada por cada matrimonio sería consumida por el resto también.

Puede pronosticarse que cuando eso sucede, las personas se comportan de cierta manera, una en la que debe esperarse aportaciones menos valiosas que las que se harían en caso de que la pareja sola consumiera sus aportaciones.

Si la bebida se consume entre todos, quizá lleve un vino de menor calidad que el bebido en caso de estar solo con mi mujer.

Esa es la predicción basada en el principio que establece que cuando los beneficios de lo que una persona hace se distribuyen entre otros, las personas tienden a hacer menos de eso.

De allí que en una reunión como ésa, en lo general se esperen bebidas y comida de menor calidad y cantidad de las que se tendrían en caso de no distribuirse a otros los beneficios de lo aportado.

¿Qué sucedió en la reunión? No exactamente lo que se esperaría. Las personas fueron espléndidas en lo general y llevaron buena comida y buenas bebidas. En realidad fue lo opuesto a lo esperado, lo que apunta a una idea: cuando las personas se conocen y saben que habrá reciprocidad, no se comportan de la manera pronosticada por ese principio.

Si no se conocen, o tienen escasos tratos entre ellas, el principio sí aplica.

Por ejemplo, se pide a los vecinos que viven cerca de un parque una aportación en dinero para hacer obras de mejora en ese parque. El principio de conducta funcionó a la perfección: muy pocas personas dieron dinero, realmente pocas.

Le digo, la vida presenta situaciones que sirven para aprender sobre las personas y cómo se comportan. En este caso, bajo ciertas circunstancias, ellas tendieron a no dar aportaciones que eran de beneficio general a terceros poco conocidos. Pero cuando se conocían entre ellas, se comportaron de manera opuesta, todos aportaron.

Ahora, lo interesante es especular sobre un principio contrario: cuando los costos de lo que una persona hace se trasladan a otras personas, la primera persona realizará más de esas acciones, especialmente cuando las otras personas no son conocidas o no pueden ser identificadas.

Suena un tanto complicado, pero un ejemplo ayudará.

Un sindicato cualquiera hace una marcha de protesta y bloquea calles impidiendo a terceros circular por ellas. Es un caso claro de costos trasladados a terceros y no pagados por quien realiza la marcha.

Sin pagar esos costos es lógico que se realicen más marchas que las que se harían en caso de pagar todos los costos de ella y que son absorbidos por terceros desconocidos.

Si los que realizan la marcha pagaran los costos habría menos de ellas. ¿Qué costos? Multas y cárcel para los organizadores y la demás gente que protesta.

Esta es la razón, por cierto, por la que en la Ciudad de México, abundan los cierres de calles por parte de grupos que protestan. No pagan los costos del daño a terceros.

Mi punto es mostrar que somos seres que tienen capacidad para entender la realidad y que actuamos conforme a las circunstancias en las que nos encontramos. Es eso que en Economía se llama incentivos. Además, la vida diaria nos muestra oportunidades que para las mentes curiosas son fascinantes de estudiar.

En estos casos podemos llegar a algunas conclusiones. Tenderemos a hacer menos de eso que tiene beneficios desperdigados a terceros desconocidos. Y a hacer más de eso que tiene costos que pagan otros también desconocidos.

Pero si conocemos a las personas, y su opinión nos importa, tenderemos a comportarnos de manera opuesta.

Quizá sean estas las razones que mueven a muchos ladrones: el robar un banco, significa lastimar a un desconocido y, si hay poco probabilidad de ser capturado, no se pagan las consecuencias del robo. Su costo se ha trasladado a la víctima.

En fin, somos seres que piensan, no necesariamente movidos por altas miras.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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