Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ocio: el Socio Productivo
Eduardo García Gaspar
22 marzo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si el ocio puede ser el padre de todos los vicios, también puede ser el generador de los mayores progresos. Sin ocio es imposible pensar y sin pensar es imposible mejorar.

Necesitamos tiempo libre y no sólo para descansar, también para crear.

Recuerdo el caso, para mi patológico, de un gran empresario que no tenía un momento de ocio. Se agenda diaria estaba llena de compromisos desde temprano por la mañana hasta bien llegada la noche. Incluso los fines de semana estaban ocupados con trabajo.

Hay algo malo en eso. Cuando alguien hace de las jornadas excesivas su regla diaria suele decirse que maneja su tiempo con ineficiencia.

Creo que es cierto, pero queda por preguntarse cuál es el objeto de trabajar con más eficiencia: tener tiempo libre por supuesto. Pero eso es obvio.

¿Para qué se quiere tiempo libre? Una respuesta obvia es la del descanso, todos tenemos esa necesidad.

Muy bien, pero queda otra respuesta, la de la diversión, ese desconectarse del trabajo y quizá dejar de usar las neuronas viendo televisión un par de horas.

Sin embargo, no es eso todo, queda el tiempo libre productivo.

Ese que se emplea en meditar, reflexionar, crear, revisar, o como usted quiera llamarle. Sin hacer esto corremos el riesgo de vivir sin dirección de largo plazo. Uno de los productos del tiempo libre es producir ideas y una parte de las ideas son esas nociones que hablan de cierta sabiduría del vivir.

Un amigo tiene esa cualidad, la de saberse tomar tiempo libre y usarlo productivamente, produciendo algunas meditaciones que son perspicaces. Lo que sigue es una serie de esas observaciones y que quizá se una buena idea compartir.

Dice mi amigo que debemos cuidarnos del arte, del arte de la oratoria, especialmente cuando es una habilidad poseída por los gobernantes. La oratoria política, dice él, es el arte de poner juntas palabras bellas y expresiones atractivas para hacer creer la posibilidad de propuestas imposibles, deseos irrealizables y proyectos impracticables.

Cuenta también mi amigo que leyó que debe recordarse quién construyó el Titanic. Fueron personas asalariadas. En cambio el arca de Noé fue el resultado del trabajo de voluntarios.

Esto le ha llevado a concluir que puede comprarse el trabajo ajeno, pero que la buena voluntad de las personas debe ganarse.

Quien, además, trabaja convencido de su idea, dice él, está condenado a sufrir las críticas de una de las más fuertes pasiones humanas: la crítica que hacen los demás del trabajo ajeno para el que siempre tienen palabras crueles y sugerencias tontas.

A lo que añade que el trabajo personal siempre es sujeto de esa pasión por parte de los gobernantes.

Se ha dicho que el sentido común es el menos común de los sentidos, pero en opinión de mi amigo la frase de queda corta. El sentido común, según él, es el más burlado de los sentidos, pues quien lo usa sufre las mofas de quien ni siquiera sospecha su existencia.

Esto es lo que hace creíbles a las propuestas más locas y, excepcional la creencia en lo razonable.

Dice también que la habilidad de improvisación se ha llevado a extremos dañinos. Muchas personas confían ciegamente en su capacidad para improvisar actuando en último momento.

Lo que esto logra, dice él, es actuar sólo en situaciones urgentes cuando existe crisis y se olvida de que planear es lo que hace más probable al éxito… pero planear demasiado es una excusa para no actuar.

Estas y muchas otras cosas dice mi amigo. Las puede decir por una razón, ha tenido él tiempo para ponerse a pensar. Mejor aún, para ponerse a pensar es una gran ayuda el conversar con otros que aporten ideas… lo que me lleva a otra idea, la de seleccionar a esos con los que usted y yo conversemos.

No puede ser cualquiera. Hay personas que se prestan más a una sabrosa conversación que otras. Personas de las que se aprende más.

¿Le parecería a usted bien la posibilidad de seleccionar a personas muy ilustres que vayan hasta su casa y se pongan a hablar con usted sobre el tema que más la agrade?

No estaría mal. La maravilla es que es posible. Podemos usted y yo invitar a nuestra casa a esas mentes ilustres el día que queramos. Irán ellas con gusto a verlo.

Esas personas irán a su casa en forma de libros y le dirán todo lo que saben. Claro, para eso necesitamos tener tiempo libre.

Post Scriptum

Hay más sobre el tema en ContraPeso.info: Ideas. La idea de invitar a grandes pensadores a casa es de John Ruskin: El Círculo Social Más Exclusivo.

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