Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Peor Que un Criminal
Eduardo García Gaspar
7 octubre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Las campañas políticas para puestos de elección popular le ponen a uno a pensar. Los anuncios que he visto, argentinos y mexicanos, son peculiares por su irrelevancia, su superficialidad y su vaguedad. Decirles populistas es verlos con cariño.

El tema lleva a una segunda opinión.

Una segunda opinión, no sobre esos avisos de televisión y radio, sino sobre la naturaleza humana. Después de todo, hasta donde sabemos, los políticos son humanos.

Y, si lo son, poseen los mismos rasgos comunes a todos: esos que da nuestra imperfección notable. Nos equivocamos con frecuencia y somos capaces de realizar grandes males.

Los humanos, es obvio y claro, tenemos palabras y acciones crueles, dañinas, malas, atroces. Podemos ser brutales y feroces. La historia tiene muestras célebres de todo eso.

Pero la historia registra los actos de unos pocos. Los periódicos, en sus secciones de crimen, se encargan de reportar a los no tan célebres, a esos que no pasan a ser parte de la historia.

Visto de otra manera, los humanos tenemos una enorme capacidad destructiva. Cierto, también tenemos la capacidad opuesta, pero podemos ser demoledores y mucho. No es sorpresa. Nada novedoso hay en recordarlo.

Lo interesante se encuentra en ver esto mismo de otra manera.

Encuentre usted al más destructivo de los humanos. Al más malo y cruel que pueda tenerse. Y se verá que por mucho mal que pueda causar, ese mal tiene un límite. Puede ser un daño grande, enorme, pero aún así tiene un límite.

Un cruel secuestrador, tiene una capacidad limitada de personas secuestradas. Un terrorista, lo mismo, puede causar mucho mal, pero hay un límite, quizá muy elevado, que no puede rebasar.

A esos humanos, inclinados al mal, los llamamos criminales. Matan, roban, defraudan, en muchas ocasiones con maldad excesiva y sin razón. Pueden incluirse aquí a los terroristas, con sus agendas políticas, realizando acciones más grandes y llamativas.

Mi punto es que el daño que causan, por grande que sea, tiene un límite.

Hay, sin embargo, una situación en la que el daño causado por la inclinación humana al mal no tiene límites. Eso es realmente preocupante.

En esta situación, la capacidad destructiva del humano es ilimitada. Estas ocasiones se ha tenido varias veces en el mundo y son muy conocidas. Se sufren cuando ese ser humano llega a tener el poder del gobierno.

La situación a la que me refiero es definitiva: nada puede destruir tanto como la acción estatal cuando ella es decidida por un humano descaminado.

Los ejemplos más conocidos, del nazismo y el comunismo, son los obvios y claros. Pero son entendidos, generalmente, de manera equivocada.

Mao Zedong hizo crueldades terribles, lo sabemos, pero lo que suele ignorarse es que ellas tuvieron una justificación de buenas intenciones. El proyecto de Hitler también tenía un objetivo loable para su nación. Lenin perseguía una ilusión construida sobre bases teóricas del marxismo, lo mismo que ahora mismo sucede en Cuba.

Esto es lo que hace digno de mencionar la capacidad de maldad en el ser humano.

Un asesino sabe que está haciendo el mal, igual que un defraudador. Pero en el caso de los gobernantes puede suceder que piensen estar realizando un bien cuando el realidad lo que hacen es un daño ilimitado.

Este auto-engaño no lo padece el criminal, quien sabe que secuestrar para pedir rescate es malo y daña a otros. Pero sí lo puede padecer el gobernante, quien se engaña creyendo que sus malas acciones son en realidad, según él, buenas.

Estas ideas son las que me inquietan, y mucho, cuando veo y oigo anuncios de campañas electorales. Me pregunto qué sería de una nación si ese personaje llega al poder y suelo contestarme, “cosas malas sin límite”.

Todos ellos parecen tener una idea de su proyecto de país, de eso que juzgan personalmente lo mejor para el resto. Y eso me aterra porque es igual a imponer sus ideas sin freno.

¿Cómo frenar esa capacidad de daño ilimitado de los gobernantes? No hay respuesta perfecta, pero puede hacer bien si existe una estructura republicana en el país, con poderes divididos.

Pero la clave, la real solución, la más efectiva, es tener un electorado que sepa reconocer los peligros del político soñador que cree que puede hacer felices a todos los que gobierna.

Post Scriptum

Una forma de probar el daño al que me refiero es ver lo sucedido en Cuba en estos momentos. Análisis Digital  reporta que,

La disidente Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) denunció hoy que en septiembre hubo al menos 563 detenciones por motivos políticos en la isla, la cifra más alta en los últimos 30 años.

Ese número de detenciones practicadas por la dictadura cubana está “muy por encima del promedio de 278 detenciones mensuales registrados en los 8 meses anteriores de este año”, según un informe divulgado por la ilegal pero tolerada CCDHRN. 3 octubre 2011

Imagine usted qué secuestrador puede tener una organización que en promedio secuestre a 278 personas mensuales y en un mes determinado secuestre a 563, además de pensar que eso es un bien para la sociedad a la que gobierna.

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