Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pilato, Aquí, Ahora
Eduardo García Gaspar
6 junio 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La conversación se dirigió, por alguna extraña razón, a una historia muy conocida. Quien hablaba es un católico muy convencido. Dijo que le impresionaba un pasaje de los evangelios, el de Jesucristo ante Poncio Pilato.

Sobre todo, cuando Pilato pregunta, “¿qué es la verdad?”.

Yo no había pensado en lo que la persona dijo y que tenía su ingenio: fue la pregunta más inadecuada que se ha hecho jamás en la historia. “Estando frente a la Verdad, cara a cara, Pilato pregunta precisamente eso”, dijo la persona.

Es atinada la observación, sobre todo para un cristiano.

Pero incluso para quienes no lo son, un hecho de la vida de Pilato es recordado como pocos. Lo ha convertido en un personaje realmente conocido. Me refiero a eso de lavarse las manos y mostrar así que no se hacía responsable de la muerte de Jesucristo. Eso de lavarse las manos bien vale una segunda opinión.

Toda la idea de lavarse las manos connota el quitarse responsabilidades de encima. Sea usted o no religioso, verá lo importante que es ese signo de una pila con agua en la que alguien mete las manos frente al público para mostrar su opinión. Puede ser que Pilato sea una buena ilustración de nuestros tiempos.

Tiempos en los que no se lava las manos en público, tiempos en los que el agua ha sido sustituida por una palabra o dos, tolerancia y diversidad. Y es que la tolerancia es un extraordinario ejemplo de una nueva manera de lavarse las manos y decir lo mismo: no quiero responsabilidades, ni compromisos.

Tolerar no es algo malo en sí mismo y suele ser un ejercicio admirable de prudencia. Pero exagerada, la tolerancia es usada como un pretexto que lleva a una posición de gran comodidad.

Creo que esto es lo que se produce cuando la educación rechaza el ansia de encontrar la verdad y el vacío se llena con eso, con tolerancia.mComo si fuesen iguales una y la otra.

Vuelvo a Pilato porque muestra eso admirablemente. Quiso él, me parece, quedar bien con todos. Quedar bien con los jerarcas judíos, con el pueblo, con Roma, con el emperador, con todos. Y terminó siendo indiferente ante una condena injusta.

Eso es lo que temo, que la apoteosis que en nuestros tiempos vive la intolerancia haya costado el aletargamiento de las ansias por la verdad.

Mientras la tolerancia se exalta y encumbra, la verdad está en sopor y modorra. La tolerancia exagerada lleva a quedar bien con todos, a darles gusto no importa que hagan y digan.

La verdad, por su lado, incomoda y molesta, impide dar gusto a todos.

Ella separa, divide, desagrada. Exige tomar una posición y sufrir las consecuencias. Tome usted, por ejemplo, al ateo convencido y auténtico. Es su posición más digna de respeto que la de quien se niega a tener una posición personal y se protege con la idea de la tolerancia.

El tolerante extremo se piensa sabio y verdadero, cuando en realidad es ignorante y falso.

Quien permanece impasible frente a mentiras, falsedades y maldades, se une a todas ellas. Su silencio frente al error no es virtud, es complicidad. Virtud es buscar la verdad y creerla cierta y aceptar lo que de allí siga… porque de la tolerancia extrema, nada sigue.

No ha habido tiempo en el mundo en el que haya existido gente con mayor educación que ahora. De cierta manera eso es un logro por el que debemos sentirnos satisfechos, pero de seguro no tanto, porque parece que esa educación no ha sido la mejor posible. Ha fallado en su misión de enseñar a buscar la verdad y en su lugar ha tenido éxito enseñando la indiferencia.

Si hay una discusión sobre el aborto, por ejemplo, se evita y trata de ser solventada por el medio más perezoso que existe: que la gente vote y que se haga lo que la mayoría quiera. Es difícil pensar en un método más indiferente, desganado y apático que ése. No decido, dice el indiferente, dejo que decidan otros por mí.

Resulta así que el indiferente deja que lo guíe el voto de sus iguales, los despegados y desinteresados. Cuando la tolerancia triunfa sobre la verdad, la opinión pública desaparece. Todo lo que ella puede ser es una colección de tibieza y displicencia.

¿Exagerado lo que he dicho? No lo creo. La única exageración que creo haber cometido es esa de la que me acusaría un fanático de la tolerancia. Me diría, “no exageres, tienes tu verdad, como la tienen otros”.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso.info: Tolerancia. Véase Tolerancia: Una Definición.

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