Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pobreza, Desigualdad, Imprecisiones
Eduardo García Gaspar
8 diciembre 2011
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La prueba puede hacerse. Dígale a alguien que, “según la OCDE, la desigualdad social ha aumentado en México”.

Seguramente lo interpretará concluyendo que la pobreza ha aumentado.

No necesariamente. Las dos cosas son diferentes. No es lo mismo desigualdad que pobreza.

Pero las dos tienen en común el crear sentimientos e intenciones de corrección. Perfecto. Sin embargo, insisto, no son lo mismo y las soluciones que las resuelven son muy diferentes.

Esto es lo que bien merece una segunda opinión. Comencemos con los datos reportados (El Universal, 6 diciembre 2011):

“…la OCDE dijo que el ingreso promedio de 10% los hogares mexicanos más ricos fue de 228 mil 900 pesos en 2008, 26 veces el ingreso de 10% de los hogares de menores ingresos que en promedio recibieron 8 mil 700 pesos mensuales”.

Eso significa que, “México se sitúa como uno de los más desiguales con ingresos 26 veces superiores para 10% de la población más rica respecto a 10% de la población más pobre”.

Esas 26 veces se compara con el estándar de todos los países de la OCDE, que es de 9 veces. Claramente puede hablarse de desigualdad si se usan esos datos.

Hay otras cifras: “En los últimos 25 años, los ingresos reales de los hogares crecieron 1.7% para la población más rica, y sólo 0.8% para la más pobre”.

Esto enriquece la información: todos aumentaron sus ingresos, pero unos a una tasa mayor que otra, y ninguna tasa es especialmente atractiva.

Ahora estamos en una buena posición para entender mejor esto. Lo más revelador es el ingreso del 10 por ciento de los hogares más pobres, cerca de 9,000 pesos.

En una medición de pobreza, no de desigualdad, ese ingreso de los pobres no calificaría como pobreza. Es superior al dólar de ingreso diario normalmente aceptado. Esto es lo fascinante.

En una medición de pobreza, no se vería gran problema en esas cifras. Al contrario, serían alentadoras. Las acciones más deseables serían las que lleven a incrementar la tasa de aumento de su ingreso, posiblemente tareas de educación y capacitación, más facilidades productivas para abaratar productos.

Pero en una medición de desigualdad, la atención se enfoca a otro aspecto: esas 26 veces de diferencia en el ingreso. Ya no se ve que el grupo inferior gana casi 9,000 por hogar, sino que gana 26 veces menos que el grupo superior. Las acciones para corregir el problema de desigualdad serán otras, quizá medidas redistributivas, como más impuestos a los grupos de mayor ingreso.

¿Se ve la diferencia? Una medición de pobreza lleva a una manera de entender el problema y a ciertas soluciones. Una medición de desigualdad lleva a otra manera de comprenderlo y a otras soluciones.

Esta es la razón por la que empecé esto diciendo que debe tenerse cuidado y no confundir pobreza con desigualdad.

La pobreza es una noción compleja, difícil, abstracta, que es posible de definir de cualquier manera. Y, más aún, sus mediciones son numerosas, de diversos tipos, no todas correctas.

Esta naturaleza de la pobreza es la que la hace un instrumento de aprovechamiento político, para citar cifras que convienen en los discursos políticos.

Es en eso en donde radica un peligro notable: dependiendo de la definición adoptada de pobreza y la manera en la que es medida, se seleccionarán las soluciones posibles.

Entonces, una medición deficiente, basada en una definición inexacta, nos llevará a implantar soluciones malas. No darán resultados y, quizá, empeoren las cosas.

Las sutilezas de definiciones y mediciones no son, por lo general, apuntadas abiertamente en las noticias. Esto conduce al clásico caso de comparar peras con manzanas.

En el caso de las cifras de la OCDE, por ejemplo, ellas podrán ser usadas por políticos que manden un mensaje de que la pobreza ha aumentado. En realidad, las cifras no dicen eso y hasta pueden ser interpretadas al contrario.

El tema de la pobreza es serio y grave. Trata la vida de seres humanos. No merece ser aprovechado para fines políticos. Merece ser un objeto serio de estudio.

Las cifras de la OCDE son una de las varias posibles mediciones de desigualdad comparativa internacional. Eso y nada más que eso. Necesitan otras cifras, otros puntos de vista, para entender mejor a la pobreza.

Post Scriptum

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