Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Profesor Malo, Alumno Pobre
Eduardo García Gaspar
27 julio 2011
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea está bien resumida en un encabezado:

“Con pobre nivel, 70% de profesores que aspiran a plaza” (El Universal, 25 julio 2011).

Los datos vienen de un examen con 80 preguntas, aplicado a unos 140,000 solicitantes. Entre esos, 7 de cada 10, contestaron correctamente entre un tercio y dos tercios de las preguntas.

En otras palabras, el 70% de los aspirantes hubieran tenido calificaciones que van de un mínimo de 25 puntos a un máximo de 50. De haber sido alumnos, habrían reprobado muy claramente. Sólo 136 solicitantes estuvieron en el nivel máximo de calificación.

Las reacciones inmediatas son las naturales.

Nos lamentaremos que los profesores no son de calidad, que su preparación es inadecuada y que ello tiene efectos negativos en sus alumnos, los que no aprenderán como se debe. Es cierto.

Los profesores tienen impacto en la educación. Y el impacto en los primeros niveles educativos, como en este caso, es vital (los solicitantes irían a niveles de preescolar, primaria y secundaria en todo México).

Estamos en el campo de lo que suele llamarse capital humano y bien vale la una segunda opinión.

El punto central de todo esto es la fuerte asociación que hay entre educación e ingresos: a mayor educación, mayores ingresos.

La educación es una acumulación de habilidades, conocimientos, experiencia, salud y hábitos de disciplina.

Un profesor de baja calidad tenderá a producir alumnos con menor educación, es decir, con menor potencial de ingresos futuros. Maestros que producirán personas futuras con mayor pobreza.

Cierto, hay otras variables, pero la tendencia es ésa. Un mal profesor, educará mal a sus alumnos y alumnos con mala educación tenderán a ser personas de bajos ingresos.

Si el 70% de los profesores tuvieron calificaciones entre 25 y 50 puntos, el panorama futuro de sus alumnos es algo para preocupar a cualquiera. No es algo local, ni regional, incluye a 30 estados de México.

Más aún, el asunto es de mero sentido común. Pensar, siquiera un poco en la economía, indicará algo innegable: la prosperidad es producida por la gente.

Una definición amplia de capital incluye a variables como dinero, máquinas, instalaciones y todas esas cosas materiales, pero también al factor de factores: las personas mismas, que son quienes producen la riqueza usando esos otros medios.

A mejor preparación, mayor prosperidad para todos. Y viceversa, menor educación producirá menor progreso, es decir, mayor pobreza que la deseable y posible.

Puede usted tener los mejores planes económicos, las últimas tecnologías, dinero disponible, que poco de eso servirá si no se cuenta con personas que puedan usar los recursos de manera productiva.

Tome usted la misma máquina, digamos una computadora, y désela a dos personas con diferente calidad de educación. Obtendrá resultados distintos. Será mejor aprovechada por quien sabe más, comprende más, piensa mejor, tiene más disciplina, goza de mejor salud.

Y quien es más productivo tendrá más ingresos, beneficiando a otros con su trabajo. No es difícil de entender.

Un par de precisiones son necesarias.

Primero, el sistema educativo mismo y sus incentivos. Ellos deben ser alineados con los resultados educativos y la mejor manera de hacerlo es dar a los padres la decisión de selección de escuela (algo que no sucede ahora). Esto haría que los profesores de mayor calidad ganaran más y viceversa. Todos ganarían con este cambio.

Segundo, la educación es más que adquisición de conocimiento. En los niveles de primaria, secundaria y preparatoria, son vitales habilidades pensamiento, razonamiento matemático, conocimientos generales, hábitos de disciplina, comprensión de lecturas.

Las especializaciones son posteriores y reducen el campo de acción anterior. No son labores fáciles, requieren esfuerzos.

Pero esos suelen ser abandonados para incluir materias ligeras, temas inútiles, que facilitan la labor educativa del profesor y reducen el esfuerzo del alumno.

Peor aún, se abandona la idea de la educación como un proceso que premia méritos y se promueve la reducción de estándares que incentivan la mediocridad.

Si el 70% de profesores solicitantes tuvieron esas calificaciones, sería muy aconsejable hacer lo obvio: no darles la posición. Ellos crearían más alumnos como ellos.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso.info: Educación Pública. Y también en ContraPeso.info: Capital.

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