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¿Qué es activismo? Palabra usada con frecuencia y que acarrea la idea de una un descontento concreto convertido en causa mayor de acción específica.

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Activismo, una introducción

Las palabras ‘activismo’ es usada con gran frecuencia en los medios noticiosos y por la gente común. Refiere la idea de personas inquietas, descontentas que hacen cosas para lograr cambios.

Una comprensión vaga y amplia, pero que contiene elementos que permiten tener una definición razonable de activismo y activista.

La idea general, cuando se habla de activismo, sus elementos pueden resumirse en la noción de una serie de acciones más o menos organizadas que tienen como meta el logro de un cambio en la comunidad.

Presuponiendo que ese cambio significa una mejora.

Los terrenos que son claros para el activismo son los políticos, económicos, sociales en general y ambientales. En ellos el activismo defiende una de las varias posibles opiniones sobre el asunto que le incumbe.

Las formas del activismo son muy variadas

Pueden ir desde el envío de cartas a gubernamentales hasta la colocación de bombas en lugares públicos. Es decir, varían en su nivel de combatividad o militancia, siendo quizá las protestas callejeras la más visible de sus formas.

¿Qué es activismo?

Una definición razonable de activismo contiene los siguientes elementos:

1. Conductas visibles, objetivos concretos

El activismo comprende una serie de conductas que intentan mostrar una posición contraria a una situación en la sociedad, o bien una posición a favor de algo.

Por ejemplo, una marcha en contra de la inseguridad, o una protesta a favor del derecho a votar de las mujeres indígenas. El bloqueo de un parque natural contra la construcción de un rascacielos. Conferencias continuas fomentando el ateísmo.

2. Conductas visibles e intensas

Las conductas y acciones realizadas son intensas, continuas y visibles. No se limitan a sostener una cierta opinión.

El activista no tiene miedo de manifestar públicamente su opinión, al contrario. Y hacerlo con conductas que llaman la atención.

3. Objetivos claros y concretos

Las conductas realizadas por los activistas tienen objetivos muy claros y abiertos en campos que afectan la vida de toda la comunidad: políticos, económicos, educativos, sociales, de todo tipo imaginable.

Ellos proponen, por lo general, la implantación de medidas que afectan a muchos o todos en una sociedad, o en una comunidad concreta.

4. Conductas intensas

Las conductas y acciones realizadas por el activismo varían en intensidad y agresividad. Puede incluir una marcha pacífica en la calle, o la distribución de material escrito, o entrevistas en medios de comunicación.

Pero también puede incluir marchas violentas, arrojar objetos a personajes públicos, destruir instalaciones e incluso atentados con explosivos, o secuestro de personalidades.

5. Diversas personalidades

Bajo el rubro de activismo caen organizaciones de muy diversos tipos y naturaleza, siendo las ONGs quizá las instituciones más conocidas. Pero también existen asociaciones públicas y privadas, bandas terroristas, y demás.

En el activismo hay un cierto nivel de organización y que da forma al grupo como una institución más o menos formal.

6. Ocupación y tiempo

El activismo suele asignarse objetivos concretos que motivan lo suficiente como para dedicar tiempo y esfuerzo, incluso riesgo personal. Es una ocupación seria y requiere cantidades importantes de tiempo.

Activismo, sus ideas y objetivos

La mentalidad que alimenta al activismo es la idea de poder cambiar algo existente en la realidad de una comunidad, bajo la presuposición de que ese cambio será de beneficio para todos, o casi todos.

Es el producto de una actitud frente a algo que se percibe como un problema y que se piensa puede solucionarse si se implanta lo que propone el activista.

El activismo se origina en una idea admirable, la de un ciudadano preocupado por la sociedad en la que vive. Un ciudadano activo y opuesto totalmente a la posición del ciudadano pasivo, poco o nada involucrado en los asuntos públicos.

Terquedad y activismo

Sin embargo, ese origen portentoso del activismo puede derivar con extrema facilidad en actitudes indeseables que impiden una discusión racional del tema.

El activista suele tomar como verdad indiscutible su opinión y persigue su implantación por medio de la presión en las autoridades.

Se puede convertir en un movimiento de terquedad y empecinamiento, cuya principal herramienta es la violencia.

Corto y largo plazo

Debe diferenciarse del activismo a tipos de conductas que buscan metas como la implantación de proyectos de corto y largo plazo.

Por ejemplo, las asociaciones de ayuda para las víctimas de un desastre natural, o las dedicadas a recolectar fondos para llevar comida a regiones de extrema pobreza.

El activismo se refiere mucho más a asociaciones y personas que en inglés reciben el nombre de advocacy groups.

Gente asociada para abogar y defender una causa seleccionada por ellas, una especie de adalides y líderes de tal causa a la que consideran de la mayor importancia.

Convencer a la autoridad

Otra faceta del activismo es el llamado cabildeo o lobbying.

Grupos con intereses especiales que se organizan para influir en decisiones de gobernantes de manera favorable a ellos.

No podría ser esto calificado de activismo en el sentido estricto, sino más bien de acciones de influencia o presión que persiguen beneficios sectoriales.

En resumen

El activismo tiene aspectos buenos y malos, lo que no debe sorprender.

Es un medio para la intervención del ciudadano inquieto que quiere participar en los asuntos públicos con propuestas concretas en temas específicos. Puede tener logros positivos.

Pero el activismo contiene riesgos. Como el de haber tomado una posición en un asunto dado y sostenerla a toda costa, sin posibilidad de un diálogo razonable

Quizá el ejemplo más claro en las organizaciones ambientalistas que sostienen como verdad absoluta el cambio climático como efecto de conducta humana.

También será muy cuestionable el uso de métodos violentos que alteren la vida de la comunidad produciendo inseguridad, como el ecoterrorismo.

El activismo puede también ser alterado por las ideologías para convertirse en acciones coercitivas para la implantación de un cierto tipo de régimen.



Y algo más solamente…

Debe verse:

¿Qué es responsabilidad social? Su significado

Otros conceptos básicos:


[Actualización última: 2020-08]

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Notas extras sobre activismo y activistas

Hablemos de movimientos activistas. No deja de ser curioso. Llamativo por ser parte poco notada del paisaje político normal de nuestros días.

Se toma como algo dado, pero poniendo atención en ello se encuentra algo peculiar.

Es eso que puede ser llamado movimientos activistas. Conjuntos de personas agrupadas alrededor de alguna idea específica que constituye su agenda común y lazo de unión. Y que llegan a ser y usar a celebridades.

Movimientos sociales que suelen ser entendidos como activismos.

«Los activistas son personas que pueden identificar la necesidad de un cambio y que dedican su tiempo a hacer algo al respecto. Lo que los impulsa es su pasión y una visión de un futuro mejor. Si te interesa marcar una diferencia en torno a una causa que te importe, podrás hacerlo averiguando sobre ella, buscando maneras de involucrarte y desarrollando una profesión en un campo relacionado». es.wikihow.com

El proceso es sencillo

La inquietud humana identifica una causa, decidiendo entre varias posibles; con pasión y la idea de mejorar, comienza la acción de apoyo a tal causa. La conducta se vuelve un activismo de personas unidas por la causa misma: la promueven, la estudian, e incluso se especializan en ella.

Es una actividad especializada dedicada a la inconformidad:

«La palabra activismo […] se utiliza para hacer referencia al acto mediante el cual un grupo de personas protesta en contra o a favor de algo. […] hablamos siempre de formas organizadas de protesta o reclamo […]». Definicion ABC

Protesta organizada

Creo que la idea es clara movimientos sociales activistas: protesta organizada que busca implantar o evitar algo, una cosa concreta en un tema específico: maíz transgénico, derechos homosexuales, igualdad económica, libertad de presos, reducción de precios, derechos humanos, transparencia, trata de personas… (el menú es enorme).

Buenas intenciones

Por supuesto, muchas de esas causas son en extremo admirables y, aunque existan algunas que son cuestionables, en todas ellas debe reconocerse que las intenciones de esos movimientos activistas son buenas. Buenas en el sentido que suponen que persiguen una mejor sociedad.

Pero las buenas intenciones, mucho me temo, justifican muy poco. Cierto que proveen una excusa formidable, pero no dan solidez a la causa seleccionada. Algo que suele pasar desapercibido.

«Sus intenciones son las de un país mejor», me dijo una persona refiriéndose a la conducta de una persona que involucrada en la causa de hacer que el gobierno declarara como derecho constitucional el acceso al agua. No dudo de la intención positiva, pero no es suficiente.

La selección de una causa concreta y la dedicación exclusiva a ella por medio del activismo que presiona a una acción legal, tiene sus desventajas.

Monotematismo

Produce, entre otras cosas, una pronunciada miopía. Impide ver el total de las cosas, obstaculiza la consideración más amplia de la sociedad. No deja ver efectos colaterales. Puede ser incluso una obsesión particular con un determinado objeto. No es un defecto pequeño y se une a otra situación seria.

En los movimientos activistas suele abandonarse al uso de la razón volviéndose posiciones mentales que poco admiten negociación y abandonan la construcción de argumentos y evidencias de defensa. En ellos, la causa se convierte en un artículo de fe, lo que provoca ese terrible defecto de dejar de escuchar a la opinión de otros.

El activismo suele convertirse en acciones especializadas de presión gubernamental y que contienen en demasiadas ocasiones dosis de violencia hacia otros que no piensan igual. La marcha callejera con mantas con leyendas simples es un clímax activista.

Es la conversión del activismo en una fuerza de intimidación. La buena causa seleccionada por el activista lo justifica todo, al parecer. Un problema, el de la causa justificada y razonable se mezcla con el de la causa alocada e insensata.

Yendo quizá a su fondo, el activismo y los movimientos sociales, se han contagiado de esa mentalidad que abandonando a la razón adoptan a la voluntad del poder como la vía que logrará esa supuesta sociedad mejor que buscan.

Activista, una nueva profesión

Es una nueva profesión. Una ocupación reciente. Es un oficio moderno, una manera de ocupar el tiempo. Me refiero al activismo, al activista.

Comienza siendo un modo de identificación, una manera de definirse asimismo, en buena parte creada por los medios de comunicación. Ellos tienen la necesidad de identificar a las personas, de ponerles una etiqueta. Y buena parte de las celebridades que aparecen en ellos son llamados activistas.

Una especie de credencial personal, una tarjeta de identificación, que así define a una de las ocupaciones célebres de nuestros tiempos. Esa persona dedicada a una causa preseleccionada por ella misma, generalmente la solución de eso que ella entiende como el gran problema social.

Tiene sus características el activista.

Primero, ya dije, es alguien que se dedica a una tarea seleccionada por ella. El activista busca algo que pueda hacer, un problema social y entonces todos sus esfuerzos se concentran en solucionarlo.

Segundo, esto le hace ser una persona de una sola dimensión, alguien concentrado en un solo problema, solamente ese problema y nada más.

Tercero, el activista es eminentemente práctico. Sin pensar mucho sobre el problema, él busca antes que nada, agitar e inquietar al resto de la gente. Busca hacer que el problema que la seleccionado sea también el problema de todos. Y lo hace intranquilizando a la gente, poniéndola nerviosa, alborotándola, angustiándola.

La tribulación que provoque en otros constituye un triunfo para el activista. Quiere convencerlos que el mayor problema es la desigualdad femenina, la desaparición de especies, el cambio climático, la desigualdad material, lo que sea que él haya seleccionado.

O los derechos de los migrantes, las etiquetas nutricionales en los empaques, la trata de personas, transparencia gubernamental, legalización de las drogas, defensa de las etnias, y otras causas de gran variedad.

Posteriormente, después de esa agitación, que cuanto más grande mejor, el activista busca implantar su solución. Esa fórmula que garantizan que el problema seleccionado por él desaparecerá del mundo.

La clásica solución del activista no es un ejemplo de creatividad, ni originalidad.

Es una solución un tanto pueril, demasiado simple. La solución del activista es el aumento del poder de los gobiernos.

No importa cuál sea el problema su solución central está en un mayor poder gubernamental. Una nueva ley, un nuevo impuesto, más regulaciones y cosas similares.

El activista es entonces, alguien que dedica su tiempo a presionar al gobierno para que se haga lo que él propone. Organizan marchas, coordina protestas, presiona a legisladores, o cualquier otra actividad que esfuerce al gobierno a tomar la solución que él propone.

Todo el esfuerzo del activista se dedica a su labor de agitación y muy poco a pensar. El activista es primariamente emocional, sensible, emotivo. Su foco central es la conmoción. Está él lleno de emoción, de sentimiento. Poco se ocupa de pensar, de reflexionar, de analizar.

Por eso, el activista ama los escenarios apocalípticos. Esos que llevan a pensar en que si no se soluciona el problema, el mundo llegará a su fin. Esto es lo que hace al activista un experto en el uso de los medios de comunicación, los que suelen sucumbir ingenuamente a las exageraciones llamativas el activista.

El activista es por tanto, un clásico personaje en los medios de comunicación, apareciendo a veces con la credencial de experto en su problema. Un personaje convertido en celebridad mediática cuyo éxito se mide con el número de apariciones que hace en los medios y su frecuencia.

El activista da a los medios lo que ellos aman. Los provee con escenarios apocalípticos, con supuestos exagerados, con ideas radicales, con proyecciones fantásticas. Todo eso da material para notas llamativas, para encabezados sensacionales. Provee a los medios con controversias, discusiones y polémica.

El activista convertido en celebridad mediática llega a ser una modalidad de ministro religioso de su propia causa. No es excepcional que el activista vea como herejes a quienes no piensan como él y a los que ve como un peligro social.

El activista no es un intelectual. Está lejos de serlo. Es más bien alguien que se siente abanderado de una causa, de una cruzada. Y por supuesto está alejado de toda actividad que signifique pensar y razonar con lógica.

En fin, todo lo que tratado de hacer es mostrar a ese nuevo personaje de nuestros tiempos, al activista.

Me apresuro a aclarar que no es un personaje negativo por definición. Puede ser que tenga mérito y que su causa sea justa, pero también es muy posible que sufra de todos esos defectos que he mencionado.