Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Activismo?
Leonardo Girondella Mora
15 febrero 2011
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en:


Las palabras “activismo” y “activista” con usados con gran frecuencia en los medios noticiosos —lo que sigue es un intento de definición de esos dos términos.

La idea general que viene a la mente, cuando se habla de activismo, contiene elementos que pueden resumirse en la noción de una serie de acciones más o menos organizadas que tienen como meta el logro de un cambio en la comunidad —presuponiendo que ese cambio significa una mejora.

Los terrenos que son claros para el activismo son los políticos, económicos, sociales en general y ambientales —en los que el activismo defiende una de las varias posibles opiniones sobre el asunto que le incumbe.

Las formas del activismo son muy variadas —pueden ir desde el envío de cartas a gubernamentales hasta la colocación de bombas en lugares públicos, Es decir, varían en su nivel de combatividad o militancia, siendo quizá las protestas callejeras la más visible de sus formas.

Un activista, por tanto, es una persona que participa en ese tipo de movimientos.

Con lo anterior en mente, como introducción, procedo ahora a explorar más de cerca qué es el activismo.

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Una definición razonable de activismo contiene los siguientes elementos:

• comprende una serie de conductas que intentan mostrar una posición contraria a una situación en la sociedad, o bien una posición a favor de algo —por ejemplo, una marcha en contra de la inseguridad, o una protesta a favor del derecho a votar de las mujeres indígenas

• las conductas realizadas son intensas y visibles, y no se limitan a sostener una cierta opinión —esa opinión es manifestada de manera abierta y clara para el resto de la gente. El activista no tiene miedo de manifestar públicamente su opinión, al contrario.

• las conductas realizadas por los activistas tienen objetivos muy claros y abiertos en campos que afectan la vida de toda la comunidad: políticos, económicos, educativos, sociales, de todo tipo imaginable. Ellos proponen, por lo general, la implantación de medidas que afectan a muchos o todos en una sociedad.

• las conductas realizadas por el activismo varían en intensidad y agresividad —puede incluir una marcha pacífica en la calle, o la distribución de material escrito, o entrevistas en medios de comunicación; pero también puede incluir marchas violentas, arrojar objetos a personajes públicos, destruir instalaciones e incluso atentados con explosivos, o secuestro de personalidades.

• bajo el rubro de activistas caen organizaciones de muy diversos tipos y naturaleza, siendo las ONGs quizá las instituciones más conocidas —pero también existen asociaciones públicas y privadas, bandas terroristas, y demás.

• el activismo suele asignarse objetivos concretos que son cambios o modificaciones a una situación actual con la que existe descontento —se trata de una reacción ante algo que motiva lo suficiente como para dedicar tiempo y esfuerzo, incluso riesgo personal, con el objetivo de lograr mejorarla.

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La mentalidad que alimenta al activismo es la idea de poder cambiar algo existente en la realidad de una comunidad, bajo la presuposición de que ese cambio será de beneficio para todos, o casi todos.

Es el producto de una actitud frente a lo que se percibe como un problema y que se piensa puede solucionarse si se implanta lo que propone el activista.

El activismo se origina en una idea admirable, la de un ciudadano preocupado por la sociedad en la que vive, un ciudadano activo —opuesto totalmente a la posición del ciudadano pasivo, poco o nada involucrado en los asuntos públicos.

Sin embargo, ese origen portentoso del activismo puede derivar con extrema facilidad en actitudes indeseables que impiden una discusión racional del tema —el activista toma como verdad indiscutible su opinión y persigue su implantación por medio de la presión en las autoridades.

Se puede convertir en un movimiento de terquedad y empecinamiento, cuya principal herramienta es la violencia.

Debe diferenciarse del activismo a tipos de conductas que buscan metas como la implantación de proyectos de corto y largo plazo —como por ejemplo, las asociaciones de ayuda para las víctimas de un desastre natural, o las dedicadas a recolectar fondos para llevar comida a regiones de extrema pobreza.

El activismo se refiere mucho más a asociaciones y personas que en inglés reciben el nombre de advocacy groups —, gente asociada para abogar y defender una causa seleccionada por ellas, una especie de adalides y líderes de tal causa a la que consideran de la mayor importancia.

Otra faceta del activismo es el llamado cabildeo o lobbying —grupos con intereses especiales que se organizan para influir en decisiones de gobernantes de manera favorable a ellos. No podría ser esto calificado de activismo en el sentido estricto, sino más bien de acciones de influencia o presión que persiguen beneficios sectoriales.

Finalmente, el activismo contiene una faceta negativa, la de haber tomado una posición en un asunto dado y sostenerla a toda costa, sin posibilidad de un diálogo razonable —con quizá el ejemplo más claro en las organizaciones ambientalistas que sostienen como verdad absoluta el cambio climático como efecto de conducta humana, cuando no existe evidencia razonable de ello.

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