¿Qué es consecuencialismo? La definición de una postura moral o ética que evalúa a acciones y conductas de acuerdo con los efectos y consecuencias que ellas tienen.

Consecuencialismo, una definición

Es una postura intelectual en los terrenos de la moral. Es una posición que tiene como base las consecuencias de las acciones libres para juzgar si esas acciones son buenas o malas.

Hace eso de acuerdo a las siguientes reglas.

Principio básico

El consecuencialismo tiene su esencia en dos ideas básicas.

1. Una conducta es buena, si los efectos o consecuencias que tiene son buenos. 2. Una conducta es mala, si los efectos o consecuencias que tiene son malos.

En esencia las dos reglas anteriores son el fundamento del consecuencialismo. En caso de que las consecuencias de un acto sean ni buenas ni malas, ese acto será moralmente irrelevante.

Expresado de otra manera:

«En ética, el consecuencialismo, también conocido como ética teleológica (del griego τέλος telos, fin, en el sentido de finalidad) se refiere a todas aquellas teorías de la ética normativa que sostienen que la bondad o maldad de un acto está determinada por las consecuencias que comporta. Para las teorías consecuencialistas, una acción se juzga buena si genera el mayor bien posible o un excedente de la cantidad de bien sobre el mal». es.wikipedia.org

Problemas del consecuencialismo

El consecuencialismo se utiliza con mucha frecuencia, sobre todo de manera implícita y sin mucha conciencia de estarlo haciendo. Sin embargo, tiene muy serios problemas.

No evita juicio previo a la acción

Una gran dificultad es su razonamiento erróneo. Trata de evaluar moralmente un acto por sus consecuencias, buenas o malas.

Es decir, no evita el problema de definir lo bueno y lo malo previo a la acción. Está obligado a definir lo bueno y lo malo con anticipación al acto realizado.

¿Qué sucede con una acción que tiene buenos propósitos previos y resultados malos posteriores?

Los efectos posteriores y no intencionales

Las personas que realizan actos tienen un propósito al hacerlos, ese objetivo que buscan. Eso podría valorarse éticamente, pero el consecuencialismo pospone la valuación hasta ver sus efectos reales, ¿o le bastan las intenciones iniciales?

No hay manera de valorar la moralidad de esta manera al no poderse saber con seguridad las consecuencias totales de las acciones.

También, es común el caso de efectos no intencionales —son los que no se anticiparon o era imposible hacerlo. No hay forma de incorporar ese caso al evaluar la moral de un acto sólo por sus consecuencias. Es imposible saber anticipadamente todos los efectos de los actos, especialmente los difíciles de prever.

Otra gran dificultad es la relativa al tiempo. ¿Cuánto tiempo debe pasar antes de evaluar el acto como moral? No hay respuesta razonable. Podrían ser segundos, o años. Una acción, con consecuencias malas inmediata ahora, podría tener efectos positivos después o viceversa.

Incluso más que eso. Muchas acciones tienen una combinación de efectos buenos y malos, los que tendrían que ponderarse para poder evaluar la moralidad de la acción. No hay posibilidad de hacerlo razonablemente.

Por tanto, el consecuencialismo

En su estado puro, por lo visto, no sobrevive a un análisis razonable, a pesar de lo cual sí aporta algunas nociones valiosas:

Enfatiza la noción de prudencia, la virtud de anticipar las consecuencias de actos concretos en situaciones específicas. Las acciones humanas tienen más efectos de los que pueden anticiparse y resulta una práctica sabia el señalarlo.

Resalta una posición propia de la moralidad tradicional, al poder acumular lecciones del pasado. Es decir, experiencias anteriores que confirman la bondad de ciertas acciones y la maldad de otras.

Sus debilidades recuerdan la posición contraria al consecuencialismo. La que es llamada deontológica y que sostiene que la bondad o maldad de un acto es intrínseca al acto mismo, independientemente de los efectos que tenga.

La razón que justifica tratar al consecuencialismo es la frecuencia con la que es usado para justificar acciones indebidas o dudosas al menos —cometiendo de esta manera la falla de justificar el medio por los fines.

De manera oculta o abiertamente, demasiadas veces se acude al cálculo de los efectos esperados para que ellos sirvan de justificación a la acción realizada.

Al dar a un acto el sustento de los efectos esperados, podrán justificarse acciones reprobables en sí mismas —además de sufrir las inexactitudes propias de todo cálculo sobre resultados futuros esperados.

Y una cosa más…

Hay más ideas sobre estos temas en ContraPeso.info: Etica y en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios.

[La columna fue revisada en 2019-06]