¿Qué es Economía? Diversas percepciones de una ciencia compleja responsable de estudiar conductas humanas, principalmente en intercambios de bienes.

Economía, varias percepciones

Tomada en su sentido literal, la Economía es el estudio del arreglo, manejo y administración de una casa. Su etimología lo muestra:

«[…] esta voz llega al latín desde el griego οἰκονομία (oikonomía), que se compone de οἶκος (oîkos), que significa ‘casa’, y νέμειν (némein), que podemos traducir como ‘distribuir’, ‘administrar’ o ‘gestionar’». diccionariodedudas.com

Eso puede proyectarse de una casa a todo el estudio formal de las decisiones que toman recursos que son escasos y son aprovechados para la satisfacción de necesidades que son ilimitadas.

O puesto de otra manera muy similar «La ciencia social que estudia la producción, distribución y consumo de bienes y servicios». Una definición muy ortodoxa y acostumbrada.

Tomada en el sentido que demasiadas veces se utiliza en los medios de comunicación, la Economía en una técnica o método de predicción del comportamiento futuro. Se le toma como un instrumento de pronósticos de desempeño macroeconómico (!).

Economía, precisiones

En lo que sigue quiero hacer una serie de consideraciones o precisiones que persiguen un mejor entendimiento de la Ciencia Económica. Más que proponer una definición, pongo atención en sus componentes.

Una ciencia, especializada

Es una ciencia, con un campo de estudio especializado. Más específicamente, es una ciencia social que se ocupa del estudio formal y sistemático de conductas humanas.

Conductas humanas de cierto tipo

La comprensión estándar asigna a la Economía el estudio de conductas humanas relacionadas con la producción, distribución, venta, compra y consumo de bienes materiales.

Sin embargo, su aplicación a ido más allá de esas actividades.

Entendida como el estudio de conductas humanas, principios y conceptos de la Economía han sido usados para estudiar, por ejemplo, conductas criminales y actos de gobierno.

Origen y nacimiento

Es una costumbre establecida afirmar que la Economía nació con la publicación de La Riqueza de las Naciones, el libro de Adam Smith.

Eso es una exageración: existen antecedentes del estudio de conductas económicas en tiempos anteriores, como los trabajos de los llamados Escolásticos Tardíos.

Debe hacerse notar que tanto esos escolásticos como Smith tuvieron como foco central de su estudio la moralidad de las acciones humanas. Al realizar esos estudios comenzaron a encontrar y organizar acciones humanas de producción, distribución, venta, compra y consumo.

La solución a un problema de escasez

Es otro componente afirmar que la Economía es una ciencia dedicada a encontrar la solución del problema de la escasez de recursos que deben emplearse para satisfacer necesidades humanas ilimitadas.

Esto colocaría a la Economía como una especie de rama de la Ingeniería, destinada a encontrar la solución matemática a un problema de asignación de recursos escasos.

La realidad es que la Economía no parece ser una ciencia que resuelva un problema de ingeniería de uso de recursos.

Es en la realidad una ciencia de comportamiento humano, que estudia las decisiones humanas de uso de esos recursos. Más concretamente, una ciencia que estudia los intercambios de bienes entre personas que tienen como meta la satisfacción de sus necesidades.

Hipótesis teóricas

La Economía suele ser víctima de la crítica que afirma que es una ciencia que trabaja bajo supuestos irreales.

El más célebre es considerar a las personas como seres fríos, capaces de realizar complicados cálculos de beneficio egoísta y que no poseen sentimiento alguno, ni conciencia moral.

Es la acusación del Homo Economicus: Definición.

Una bola de cristal con números

También, la Economía suele ser víctima de una visión reducida. La que le asigna la función de predecir el futuro para luego criticarla porque no ha acertado.

La Economía tiene, por encima de todo, una función de estudio que permita lograr la comprensión del fenómeno de intercambios de bienes.

Este estudio puede producir principios que pueden ser usados para hacer pronósticos. Como el de esperar una reducción de la cantidad demandada de un bien cuando su precio se eleva.

Sin embargo, la cantidad de variables que juegan en la realidad obliga a ser cauteloso en las predicciones.

Dos visiones

Muchos consideran a la Economía como formada por dos campos separados y distintos, la Micro y la Macro, suponiendo que una nada tiene que ver con la otra.

Esto es un error de consideración pues las dos ramas parten de exactamente la misma base, la conducta individual.

Campo fértil para ideologías

También, la Economía padece los efectos de prejuicios y opiniones ideológicas que afectan su tarea científica de encontrar la verdad en su campo, como cualquier otra ciencia.

Es usual que la Economía sea manipulada y aprovechada para servir de apoyo a preferencias políticas.

La Economía, considerada como ciencia, tiene una labor descriptiva que busca más y mejores conocimientos. Se abstiene de juicios morales. Es una seria desventaja suya que sea objeto de aprovechamiento desleal.

Obviamente, dentro de ella, como en cualquier otra ciencia, existen diferentes escuelas que parten de diferentes supuestos y con ello añaden riqueza al conocimiento.

Ignorancia económica popular

La Economía también padece del síndrome del conocimiento popular simplificado. Percepciones populares que carecen de antecedentes y proponen relaciones simplistas de causa-efecto, como el elevar el gasto gubernamental para reanimar a la economía, sin considerar efectos colaterales.

Parafraseo para resumir esta idea. «De cada millón de personas una sabe de Economía y la solemos encontrar en todas las reuniones a las que vamos».

Por supuesto el problema serio se presenta cuando llega al poder ese que cree sabe de Economía y no sabe nada.

«No es un crimen ser un ignorante de la Economía, que es, después de todo, una disciplina especializada y que la mayoría de la gente considera una “ciencia sombría”. Pero es totalmente irresponsable tener una opinión ruidosa y vociferante sobre temas económicos mientras se permanece en este estado de ignorancia». M. Rothbard Mi traducción

La Economía es una ciencia fascinante, llena de descubrimientos atractivos y llamativos, que provee una visión sistemática sobre la conducta humana desde su misma base, la individual.

Está llena de intuiciones que contradice, de razonamientos sensatos, de leyes con sentido, de avisos de peligro, de refinamientos complejos, de consejos y sugerencias. Y todo eso está a la vista de quien lo quiera ver.

Otros puntos de vista

La definición de Economía en su comprensión tradicional da pistas sobre la naturaleza de esa ciencia:

«La economía es una ciencia social que estudia la forma de administrar los recursos disponibles para satisfacer las necesidades humanas […] se centra también en el comportamiento de los individuos, su interacción ante determinados sucesos y el efecto que producen en su entorno […] El objetivo último de la economía es mejorar las condiciones de vida de las personas y de las sociedades. Hay que tener en cuenta que los recursos disponibles son limitados (existe escasez), pero las necesidades humanas son ilimitadas.». economipedia.com

Con más perspicacia la Economía ha sido vista como Cataláctica: la ciencia que

«[…] estudia los intercambios entre humanos definidos en términos monetarios […] toda acción humana es un proceso mediante el que el individuo pasa de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio mediante el intercambio de bienes» eumed.net

Y con buena dosis de agudeza también, la Economía es vista como

«[…] una ciencia para el reconocimiento de consecuencias secundarias. Es también una ciencia para ver consecuencias generales. Es la ciencia de revelar los efectos de políticas propuestas o existentes no solo para un interés especial en el corto plazo, sino para el interés general en el plazo largo». H. Hazlitt Economics in One Lesson.

De todas las definiciones, esta última resulta ser la más útil —especialmente para quienes tienen sugerencias acerca del manejo de la economía de un país y sin vergüenza alguna proponen acciones ignorando sus consecuencias.

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Y unas cosas más para los interesados…

Debe verse adicionalmente al menos esta idea:

Sí hay leyes económicas y son reales

Otras ideas relacionadas:

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Una idea de Dylan Pahman. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es «The higher calling of the dismal science».

Esa lúgubre ciencia y su llamado moral

El economista y teólogo Paul Hayne hizo una vez la siguiente pregunta, «¿son básicamente inmorales los economistas?».

Preguntó esto porque los economistas tienen una frustrante tendencia a interrumpir las altas aspiraciones morales de los demás con complicaciones sobre cómo la vida no es tan simple en el mundo real.

Cuando otras personas se preocupan por la justicia social y el amor, los economistas tienen una habilidad especial para enfocarse a cosas como costos y logística, aparentando poner un precio a la realización de lo correcto.

¿Es esto sólo un molesto hábito de un pequeño subconjunto de científicos sociales o podría ser un llamado moral?

¿Economía libre de valores?

Es común hoy en día, especialmente entre economistas, entender a la ciencia económica como «libre de valores» en un sentido bastante radical.

A menudo esta concepción se atribuye a Milton Friedman, quien escribió en un artículo de 1953, «la Economía positiva es en principio independiente de cualquier posición ética particular y de juicios normativos».

Para ser justos con Friedman, en el mismo artículo admite él que hay un lugar para la Economía normativa o moralmente informada. Sin embargo, esa caracterización de la Economía positiva se ha convertido en la manera estándar de entender a la Economía como un todo. Los economistas solo manejan los números. Lo que la gente hace con ellos solo a ella concierne y a sus sistemas de valores.

Por el contrario, algunas personas sostienen lo opuesto, insistiendo que la Economía no es ni puede en nada ser ajena a los valores. En los círculos cristianos, esta es una postura común entre los activistas de justicia social, los distribucionistas y los llamados pensadores «ortodoxos radicales», aunque no se limita a ellos.

La idea básica es que la disciplina económica presupone un todo antropológico y ético, lo admitan o no los economistas. Como tal, no debe ser considerada una ciencia y no debe tener independencia alguna con respecto a la Ética.

El economista Wilhelm Röpke caracterizó a esta perspectiva, cuando la rechazó como «heterónoma» en un artículo de 1942, porque niega la autonomía de la ciencia económica el favor de su colocación bajo la Ética o la Filosofía, es decir, bajo una regla (hetero +nomos) diferente a la propia.

El primer grupo tiende a concebir a la Economía como puramente positiva o «sin valores», mientras que el segundo tiende a verla como puramente normativa.

¿Quién tienen la razón?

Ambos lados tienen buenos argumentos en su favor.

El positivista puede con razón apuntar que uno no lee la Ética a Nicómaco, de Aristóteles, por ejemplo, para ser capaz de entender a la oferta y a la demanda.

Muchos de los conceptos de la Economía son aceptados por todos o casi la mayoría de las escuelas económicas y no requieren entrenamiento moral para intelectualmente entenderlos y empíricamente observarlos.

El heteronomista, sin embargo, puede señalar con razón, como Anthony Randazzo y Jonathan Haidt en su artículo reciente de Econ Journal Watch sobre el sesgo de que la «”Economía libre de valores” no es más probable de existir que el mundo sin fricción de los problemas de física en la escuela secundaria».

Vivimos en un mundo de bien y de mal, y todos tenemos puntos de vista acerca de la moral, los que no pueden ser desmentidos por cantidad alguna de análisis estadístico o modelos conceptuales.

En su ensayo Economics and Ethics, Heyne dijo, «el conocimiento científico aumenta por medio de pruebas, pero son los científicos quienes hacer las pruebas, no la “realidad objetiva”».

Toda la realidad tiene un aspecto subjetivo, por eso mismo está cargada de valores. Los científicos y por lo mismo los economistas, también son personas y no pueden escapar del aspecto moral de su naturaleza.

¿Puede este debate ser solucionado?

¿Hay alguna otra forma en la que pudiéramos concebir la relación entre la Ética y la Economía? Creo que la hay y no soy el único.

Como antes he señalado, Friedman no era un positivista estricto y Paul Heyne ciertamente no era un heteronomista. En realidad, desde sus inicios, la Economía moderna entonces llamada Economía Política fue entendida siendo tanto moral como autónoma, combinando la observación empírica «sin valores» con preocupaciones éticas, sociales y políticas, de una manera que ninguna otra ciencia lo podía.

Por ejemplo, el economista clásico Richard Whately, quien de acuerdo con Ross Emmett, profesor de política económica y teoría política, y democracia constitucional, en Michigan State University, fue, «probablemente la única persona que ha ido directamente de ser profesor de Economía a ser arzobispo», escribió en sus conferencias de Economía Política en 1840:

«Si realmente estamos convencidos de la verdad de las Escrituras y por consiguiente de la falsedad de cualquier teoría… que en verdad difiera de ella, debemos… creer que esa teoría difiere también de los fenómenos observados; y por tanto, no debemos evitar tratar esa cuestión apelando a estas. Está en nosotros el “comportarnos con valentía por nuestro país y por las ciudades de nuestro Dios” en lugar de traer al Arca de Dios al campo de batalla combatiendo en nuestro favor».

Esto último se refiere a la historia de Jofní y Pinjás, los malvados hijos de Elí, el sacerdote de Israel (1 Samuel). Llevan ellos al Arca de la Alianza a la guerra, como si fuera de un amuleto mágico que diera buena suerte a los soldados de Israel en su lucha contra los filisteos. Dice la Escritura:

«Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todos los israelitas lanzaron una gran ovación y tembló la tierra. Los filisteos sintieron temor, porque decían: “Un dios ha llegado al campamento”. Y exclamaron: “¡Ay de nosotros, porque nada de esto había sucedido antes! ¡Tengan valor y sean hombres, filisteos, para no ser esclavizados por los hebreos, como ellos lo fueron por ustedes! ¡Sean hombres y luchen!”» (1Samuel, 4:5,7,9)

¿Concedió Dios a los israelitas buena fortuna? Lamentablemente, no.

«Los filisteos libraron batalla. Israel fue derrotado y cada uno huyó a sus campamentos. La derrota fue muy grande, y cayeron entre los israelitas treinta mil hombres de a pie. El Arca del Señor fue capturada, y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí» (vv 10, 11).

De la misma manera, afirma Whately, el conocimiento de la Biblia y las enseñanzas morales de la fe no pueden mágicamente reemplazar al conocimiento económico, y corremos gran peligro cuando presuponemos lo contrario.

Sin embargo, Whately, por eso, no creía que la Economía careciera de una vocación moral. En realidad, se le conoce por haber usado su experiencia económica para reforzar sus argumentos morales en contra de la trata de esclavos.

En realidad, la Economía ganó el apelativo de «ciencia lúgubre» no porque los economistas fueran tan codiciosos y pesimistas. Más bien, como han escrito David M. Levy y Sandra J. Peart:

« [Thomas] Carlyle atacó a [J. S.] Mill, no por apoyar las predicciones de Malthus sobre las terribles consecuencias del crecimiento de la población, sino por dar soporte a la emancipación de los esclavos. Fue este hecho —que la Economía presuponía que la gente era básicamente toda igual y por tanto, toda con derecho a la libertad— lo que llevó a Carlyle a etiquetar a la Economía como “la ciencia lúgubre”» (énfasis añadido).

Es así que la fe y la moral no son un sustituto para la Economía pero la Economía aún tiene la necesidad de servir a la Ética. En su mejor punto eso es lo que debe buscar hacer.

William Nassau Senior, amigo de Whately y primer profesor de Economía política en Oxford, incluso creía que la Economía sería algún día colocada «entre las primeras de las ciencias morales en interés y utilidad».

Senior tenía buenas razones para esta convicción. «La búsqueda de la riqueza, es decir, el esfuerzo para acumular medios de subsistencia y gozo futuro es, para la masa de la humanidad, el gran recurso para el mejoramiento moral». Continúa él:

«¿Cuándo se torna sobrio y trabajador un obrero, atento a su salud y a su persona? —tan pronto como él comienza a ahorrar. Ninguna institución puede ser más beneficiosa para la moral de las clases bajas, es decir, para las nueve décimas partes de todo el cuerpo del pueblo, que una que deba aumentar su poder y su deseo de acumular: ninguna más maliciosa que esa que deba disminuir los motivos y los medios para ahorrar».

Podríamos pensar en la jerarquía de necesidades del psicólogo Abraham Maslow, en la que sostiene que la mayoría de la gente necesita provisiones básicas antes de que pueda esperarse que atienda metas más elevadas de la vida.

Pero Senior está diciendo algo más. Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute, ha mostrado que la felicidad está correlacionada con «éxito ganado» más que con «impotencia aprendida».

Una persona que lucha para pasarla carece de la oportunidad para (materialmente) dar, lo que de acuerdo con Brooks también se correlaciona con felicidad. El dar es también un deber moral de todos los que han sido bendecidos con riqueza.

El mismo Cristo dijo «hay mayor felicidad en dar que recibir» (Hechos 20: 35).

Conclusión

Por tanto, si el estar libre del nivel de subsistencia se asocia fuertemente con la felicidad y ofrece la oportunidad de planear para el futuro y ayudar a otros en dificultades, ¿no es acaso un llamado moral el descubrir los principios y las políticas que conducen a esos fines, como la propiedad privada, la industria, el crédito y el comercio?

Y eso es precisamente lo que la Economía está destinada a hacer, aunque sea ostensiblemente concebida como libre de valores.

Es un gran llamado moral, si es que alguna vez hubo uno, incómodo y molesto como puede serlo a veces. Aunque las curvas de oferta y demanda aún produzcan miradas incrédulas de aquellos preocupados con asuntos morales, me atrevo a decir que incluso allí hay algo sagrado.

[La columna fue revisada en 2020-01]