Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Quedaríamos sin Protección
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La historia de este hombre es sencilla. Enfrentaba la posibilidad de comprar un coche y se propuso averiguar todo lo posible para tomar esa decisión.

Lo que no sabía es que al hacer eso también daba al resto una demostración del funcionamiento de los mercados libres.

Eso de lo que no se dio cuenta fue un supuesto del que tampoco muchos tienen conciencia. Es tan obvio y está tan oculto que pasa desapercibido. Pudo él identificar la identidad de cada uno de los coches que consideró poder comprar. Supo cuál era cuál. No podía confundirlos.

Y eso es una maravilla. Nos sucede a todos, todos los días, varias veces. Podemos identificar lo que compramos. Lo hacemos por medio de un mecanismo sencillo.

Los productos tienen nombres. Para ese hombre había nombres como Honda, Ford, Volkswagen.

Y dentro de esos nombres había otros, como Civic, Jetta, Corolla, Fusion.

Así, sabía de qué hablaba y podía ir a diferentes establecimientos a ver esos coches. Los pudo estudiar por separado y decidir su compra más o menos racionalmente. No es la excepción, es la regla.

La historia se repite millones de veces. No hace mucho, varios amigos fuimos a comprar tequila y vodka. Pudimos, por ejemplo, identificar una marca de tequila que nos habían recomendado mucho, por buena calidad y bajo precio. Fue genial, aunque no nos dimos cuenta del portento que se nos presentó.

Esa maravilla tiene un nombre. En inglés le dicen “branding”.

Es eso de las marcas, los identificadores de productos. Todo eso que nos permite distinguir un producto de otro. Lo que nos lleva a saber que un tequila es Tradicional y otro es Don Luis. Todo por un nombre, y un diseño de la botella y su etiqueta.

Ese conjunto de elementos, más nuestra experiencia con el producto, más lo que escuchamos decir a otros, más la publicidad de la marca, forma en nosotros una idea del producto. Una idea que puede llevarnos a preferirla, o a rechazarla. Todos hemos usado productos que no nos gustaron y dejamos de comprar.

La conclusión es la lógica. Gracias a que los productos tienen nombres y podemos distinguir unos de otros, gozamos de un mecanismo de protección.

Es lo que hace posible comprar lo que más queremos y desdeñar lo que no nos gusta. Es tan bueno y tan obvio que no nos damos cuenta de este gran mecanismo.

El punto merece una segunda opinión tan sólo por señalar esta maravilla, pero también por otra cosa. Existen opiniones que proponen que ese mecanismo desaparezca. Dicen que el mundo sería mejor sin marcas, ni etiquetas, ni logotipos.

En buena parte, dicen eso porque afirman que el marketing de las marcas manipula al consumidor.

Que lo vuelve un comprador irreflexivo, que compra lo que no necesita y que es un crédulo irremediable. Interesante opinión. Para esos críticos, todos son unos idiotas. Todos menos ellos que proponen que un mercado sin maneras de distinguir un producto de otro.

¿Cómo diferenciar a una Heineken de una Corona sin sus marcas?

Los críticos de la existencia de marcas, lo digo en serio, parten de una hipótesis irremediable. Esa de que todos somos unos tontos, fáciles de manipular por los diabólicos que crean marcas que corremos a comprar sin que nada más importe.

La realidad es otra. Los consumidores pensamos y decidimos nuestras compras según nuestros deseos. Es decir, sí pensamos.

El fenómeno es muy curioso y sucede a menudo. Cuando nos volvemos críticos de algo como la existencia de marcas de productos de los que tenemos una imagen negativa, solemos criticarlos diciendo que manipulan al consumidor. Que manipulan a otros. No a nosotros, a otros. Nosotros somos los inteligentes, los otros son los tontos.

Esta es la mentalidad que vale la pena apuntar, esa soberbia que considera a los demás unos idiotas.

Es lo que le sucede al crítico de las marcas en un mercado libre. Por supuesto en ese mercado habrá un consumo de bienes con el que no estará de acuerdo, será un consumo pedestre, de mal gusto, vulgar. Y él querrá imponer sus gustos al resto, a los que son tontos.

Si sus gustos se imponen, estaremos dentro de un sistema sin libertades y sin protección al consumidor. Sin marcas no puede existir libertad de consumo. Sin marcas estamos desprotegidos. Y, sí, habrá consumos indeseables y reprobables, pero ese es el costo de la libertad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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