Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rabia por Razón
Eduardo García Gaspar
16 septiembre 2011
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es parte de los riesgos que el trabajo tiene. Expresar opiniones, que es lo que se hace en columnas como ésta, provoca reacciones entre quienes las leen.

Muchas veces se tienen reacciones positivas y los lectores manifiestan su acuerdo con lo dicho. Otras veces, sucede lo contrario.

Y muy pocas veces, pero sucede, se reciben comentarios llenos de insultos. Uno de estos hace tiempo ya, tuvo un contenido que merece una segunda opinión.

Por supuesto no se revelará el nombre del autor, pero debo manifestar un profundo agradecimiento. Gracias a él puede explicarse qué es una falacia muy famosa. La falacia ad hominem.

Si usted me dice, por ejemplo, que los precios formados en un mercado libre son reales por lo que manipularlos es dañino, y lo le respondo, “usted es un ignorante, vendido a intereses oscuros, un simple idiota burgués”.

Eso se llama argumentun ad hominem: no contesto yo a las razones que usted expresa, sino que le lanzo una retahíla de insultos personales.

Todos vemos esto con frecuencia. Las campañas electorales están llenas de estos ataques que sustituyen a la razón con la rabia. Veamos esto más de cerca con un caso.

Digamos que la persona A expresa una opinión y la sostiene con razones y pruebas. Entra ahora en juego la persona B, que no está de acuerdo con la opinión de A.

La persona B puede expresar otras razones, dar otras pruebas que nieguen la opinión de A. Pero la persona B también puede hacer otra cosa. Puede olvidarse de razonar, de dar evidencias, de ofrecer pruebas y, en lugar de eso, atacar a la persona A, su contrincante.

Puede realizar ese ataque de tres maneras.

Primero, el ataque directo que insulta a la persona A, la maltrata, la vilipendia, la desprestigia. Es común en este caso usar palabras con las del un caso real,

“usted es un atrasado mental, que tiene un cerebro subdesarrollado, un verdadero idiota e imbécil que es incapaz de pensar ni se sentir lo que sucede”.

Es fácil notar que no se trata el tema, nada más se insulta.

Claramente la intención es ganar la discusión a la persona A sin tratar el tema, sólo por medio de desprestigiarla. No requiere mucho talento. Todo lo que necesita es una poca memoria para recordar insultos e improperios, muchas veces realmente soeces. Ni siquiera hace falta saber del tema discutido.

Segundo, el ataque a la persona contraria puede hacer referencia a las circunstancias de ella. En lugar de insultar, se le asignan atributos circunstanciales:

“eres parte de las clases privilegiadas, explotadores educados en escuelas privadas que usaron pañales de seda que no tienen la piel morena, ni han vivido en la miseria del campo”.

Lo mismo que antes: no se habla del tema en discusión, sólo se ataca a la persona por sus rasgos. Se usa mucho en política cuando un candidato ataca a otro por ser un elitista que no ha vivido la vida de los pobres, por ejemplo. La acusación de ser burgués es un clásico de todos los tiempos.

Tercero, otra forma de ataque, la que cuestiona los intereses en intenciones de la persona A, la que ha expresado una opinión. A ella se le enfrenta diciéndole, por ejemplo,

“dices eso porque eso te beneficia y tienen intereses en el asunto, tienes razones ocultas y de seguro sacas provecho”.

Funciona muy bien y da resultados, aunque sea un error de razonamiento.

Por ejemplo, se le dice a la persona, “lo que pasa es que eres del PAN y quieres que gane tu partido”. La realidad es que lo que la persona dice puede ser cierto, así sea del PRD o del PRI o de cualquier partido.

O bien, “dices eso porque fumas y quiere seguir fumando en los restaurantes”. Fumadora o no, la persona puede tener razón.

Conocer este tipo de ataques en una discusión es útil para distinguir una buena argumentación de una tramposa. Y la clave está en distinguir entre quien la persona es y lo que ella dice. Son dos cosas distintas.

Un borracho puede explicar por qué la Prohibición es un error sin que su vicio altere lo bueno de su argumentación.

Hablar de esto bien vale una segunda opinión para ver qué tan bajo es el nivel de discusión política en el país.

Vea usted, por ejemplo, a Hugo Chávez y cómo enfrenta a sus enemigos, casi siempre de esta manera creyendo que así gana su opinión. No gana, ni pierde, simplemente no se examina ni evalúa. La rabia mata a la razón.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Falacias.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Rabia por Razón”
  1. Jesus Dijo:

    Se habla de un lugar común, y muy visitado. Si se comentan eventos políticos y no se está de acuerdo con lo expresado por A, o bien eres un “paneque” o un ultraconservador, admirador de los yanquis, y no precisamente del equipo de beisbol, por experiencia “los liberales”, son los que les gustan más de poner este tipo de adjetivos. Si se habla de Religión, uff, poquito peor, ya se figuraran la sarta de expresiones que pueden ir desde “mocho” hasta “templario de la santa inquisición”, y al hablar de deportes ya lo menos que puede uno hacer es preguntar primero, ¿Cual es el equipo del interlocutor o de la persona A?, digo de lo contrario te metes a un terreno en el que lo menos eres un ignorante, o de seguro no te gusta el futbol.
    Saludos





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