Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rayo Paralizador
Eduardo García Gaspar
7 julio 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los comentarios usuales de política, con algunas excepciones, suelen ser de calidad aceptable. Narran y exponen las acciones y los decires de las celebridades políticas del momento.

Gozan en repetir sus palabras y se regodean en la especulación del significado de sus acciones.

No es malo que eso se haga, al contrario. Es una forma de educación ciudadana que los periódicos cumplen con mayor calidad que el resto de los medios.

La televisión tiene en su contra el uso de imágenes, las que comen el contenido de las palabras y hacen creer que un suceso visual todo lo explica.

Narrar y exponer acciones y decires de personajes políticos del momento, dije, es bueno. Como lo es el repetir sus palabras y especular sobre significado de sus acciones.

Es bueno, pero incompleto, pues todo lo que logra es dar al ciudadano un panorama muy variado de pequeños y grandes sucesos que son inconexos, independientes y producen una impresión caótica.

La falla está en el ignorar las ideas que mueven a esas celebridades. Un ejemplo que ilustra ese olvido es la escasa mención de creencias políticas, de esos grandes principios que los guían.

Pocas son las veces que el político y el comentarista identifican la ideología del político. Casi no hay menciones de ser socialista, intervencionista, keynesiano, liberal, conservador, progresista, o lo que sea.

Es una lástima que eso suceda y la cosa empeora porque, cuando esos adjetivos se emplean, se les usa como insultos, no como identificadores del político. Como si llamar a alguien socialista sea igual a decirle idiota, o decirle conservador equivalga a decirle tonto.

Para calificar a alguien, en política, como tonto o idiota, debía existir otra forma de hacerlo, que es lo que aquí propongo.

Me explico. Propongo que se use otra palabra en política, aplicable a muchas de sus celebridades y que nada tiene que ver con el ser socialistas o liberales, conservadores o liberales.

Al final de cuentas, esos calificativos son descriptivos y útiles como tales. Pero falta otro calificativo, nuevo y necesario, para explicar las ideas en la política de un país.

Propongo que comience a usar otro calificativo, el de paralizador al político que en adición a su ideología política, por encima de ella se convierte en una molestia gubernamental.

Es el político que puede ser socialista, pero que además es engorroso. O que puede ser liberal, pero en adición es incómodo. Todos ellos tienen la cualidad de ser molestias políticas.

A ellos los define su papel como obstáculos, estorbos, impedimentos para las labores gubernamentales. Su labor se caracteriza por ser inconvenientes, trabas y frenos al gobierno y sus obligaciones.

Más que proponentes son traba a los deberes de gobierno. No caminan, detienen. No avanzan, retrasan. Su labor central es la de impedir gobernar a toda costa y sin importar el costo para el país.

El síndrome, mucho me temo, afecta a políticos de todos los credos e ideologías. Lo padecen socialistas y progresistas, pero también liberales y conservadores.

Un síndrome que consiste en evitar que el gobierno haga lo que debe hacer: frenan leyes, impiden reformas, retrasan acciones, critican todos los cambios, se oponen a toda acción.

Son los que pueden ser entendidos como defensores de la inacción y la parálisis.

Quizá pueda llamárseles paralizadores, o mejor aún, rayos paralizadores, como esas armas de películas de ciencia ficción.

El rayo paralizador es el político que encuentra su placer mayor, no en la victoria de sus ideas, sino en el paralización de las ajenas. Su meta más grande es el entumecimiento, el estancamiento, la detención.

Puede ser un socialista o un conservador que más que eso es un rayo paralizador. Su máxima ideología es la de parar, detener, suspender.

El mejor estado de cosas, en su mentalidad, es el embotamiento y la inacción. Su ideología es frenar, su filosofía la parálisis, su ideario el impedir, su bandera un obstáculo.

En fin, todo lo que he querido hacer es proponerle reconocer una nueva postura política más allá de las acostumbradas y usuales. Sí, hay socialistas y liberales. Hay conservadores y progresistas.

Pero, lo que he querido hacer es descubrir otra ideología política, la del gobernante que es, por encima de todo, un rayo paralizador.

Post Scriptum

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