Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Reacción Del Día Siguiente
Eduardo García Gaspar
31 agosto 2011
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El suceso fue muy notable. Me refiero a lo sucedido en Monterrey la semana pasada.

Un grupo de personas asociadas con el crimen organizado incendiaron un casino que funcionaba de manera cuasi legal. En el incendio murieron unas 50 personas. El ataque se liga a negativa del casino para pagar protección.

Por supuesto es un suceso extremo. No único, pero sí llamativo. Tanto que se produjo uno de los efectos naturales en estos casos, el llamarlo terrorismo. En realidad no es terrorismo, que es otra cosa distinta.

Fue una acción delictiva impresionante, un atentado de criminales, no de terroristas. Leí en la sección de cartas de un periódico que ese ataque es el equivalente del 11 de septiembre de New York. No, no lo es. Es otra cosa.

Total, el suceso arrancó esa cadena inevitable de reacciones políticas en casos similares.

Un columnista lo resumió realmente bien anotando el orden de un libreto conocido (Jesús Silva-Herzog Márquez, Grupo Reforma, 29 agosto 2011).

  • Primero, la condena del acto, a la que se unen todos de una manera u otra.
  • Segundo, las calificaciones del suceso, que es como el uso de todos los adjetivos posibles, aunque no se apliquen.
  • Tercero y cuarto, se refieren a lo mismo, a la impunidad. Se menciona al principio que no la habrá y a continuación se hace una reiteración de que no la habrá.
  • Quinto, el llamado a la unión de fuerzas políticas, federales, estatales, municipales, distintos poderes, todos los partidos.
  • Sexto, otro llamado, ahora a la solidaridad nacional, a la unidad de la gente.

En medio de todo eso, hay partes indeseables del libreto, que añado a lo anterior. Son partes integrales de la reacción ante algo tan trágico.

Me refiero a la secuencia de lanzamiento de acusaciones y señalamiento de responsabilidades incumplidas. Esto es dentro de las autoridades políticas que se declaran sin responsabilidad y lanzan a otros las culpas. Es un panorama triste el que ofrecen.

El liderazgo que de los gobernantes se espera desaparece. En su lugar surgen conferencias de prensa vacías de contenido, promesas que se sabe no serán cumplidas, llamados a la unidad que de nada sirven.

No son los únicos que se refugian en la retórica. Los líderes no gubernamentales hacen más o menos lo mismo, proponen educar en valores, crear empleos, gastar más, crear campos deportivos.

El error de todo esto es tan notable como el incendio y las muertes. Un error de análisis que lleva a remedio inútiles.

El problema es uno de delincuencia clara y rotundamente, que está fuera de control por dos razones.

Uno, el gobierno mexicano se ha dedicado por décadas a hacer de todo, menos lo que debe hacer realmente: tener una estructura policial y judicial que funcione razonablemente para mantener un estado de derecho satisfactorio.

Los gobiernos mexicanos y sus políticos se han dedicado a lo fácil y sencillo, a usar los fondos públicos para conseguir lealtades de voto, regalando, concediendo, ocupándose de todo menos de su función central, que es cuidar el orden y vigilar la aplicación de la ley.

Han sido gobiernos que dan más prioridad a su publicidad que a tener una policía eficiente y dar un buen servicio judicial. La asociación entre amplitud de funciones estatales y elevación de la criminalidad es un fenómeno nada reconocido.

Dos, la prohibición de las drogas ha creado una oportunidad criminal que bombea cantidades enormes de recursos a las bandas criminales. La ocupación en este negocio tiene un costo de oportunidad bajo para los hombres jóvenes escasamente educados que pueden ahora ser parte de un negocio global.

La base del negocio lo creó la ley, al prohibir las drogas. Exactamente igual a lo que sucedió al prohibir el alcohol.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es llamar la atención sobre el mal análisis y las malas soluciones propuestas.

El problema de delincuencia organizada de tal tamaño no se remedia con retórica, ni con llamados a la unidad, ni con canchas deportivas, ni con encontrar culpables ficticios, ni con ataques electorales.

La solución a la delincuencia es policial y judicial en el corto plazo. En el mediano plazo es el rechazo a la prohibición del consumo de drogas.

Y la base de ambas soluciones es entender de una vez por todas que los gobiernos no tienen otra función que la de defender los derechos y libertades de los ciudadanos, incluyendo sus propiedades.

Cuando quieren hacer otras cosas, necesariamente descuidarán la principal.

Post Scriptum

En contra de otras opiniones, afirmé que este suceso no es terrorismo. Como terrorista se entiende a una organización que (1) trata de implantar algún objetivo político propio, (2) intenta lograrlo por medios violentos que (3) producen víctimas civiles (4) trabajando en la clandestinidad.

En este caso, no hay un objetivo político, como un cambio de gobierno. Y las víctimas civiles en este caso fueron, según confesiones de los criminales, no intencionales. Querían dar una lección al dueño del casino para obligarle a pagar por protección. Es claramente delictivo, no terrorista.

Más aún, la criminalidad es un negocio que persigue beneficios monetarios y el terrorismo no lo es. Esto da una clave prometedora para ser atacado por otra vía, la de la anulación de la oportunidad de negocio y el encarecimiento de los costos de operación.

Sin embargo, por otro lado, es real la conexión que hay entre terroristas y narcotraficantes, siendo éstos proveedores de fondos de los primeros, operando ambos en la clandestinidad y teniendo como enemigo común a la fuerza del gobierno.

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