Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Regalos de Nana Boxeadora
Eduardo García Gaspar
4 agosto 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es un asunto de Física Cuántica. Es un asunto de sentido común, que tiene cualquier ama de casa, cualquier pequeño comerciante, cualquier empleado con el más bajo de los salarios.

Es el viejo sentido de la palabra Economía. Es un asunto de no gastar más de lo que se recibe.

Pero también en un asunto de adicciones, de dependencia y vicio. Un asunto de drogas y adquisición de hábitos difíciles o imposible de corregir. No muy diferente a la enfermedad que sufre el alcohólico o el drogadicto.

Un padecimiento propio de los gobiernos: gastar más de lo que reciben.

Son esos asuntos los que explican los problemas que vemos, los problemas de deuda pública extrema y que puestos en palabras sencillas son un problema de gasto gubernamental irresponsable.

Vayamos paso a paso. Primero, los gobiernos recolectan impuestos y esos ingresos deberían ser el límite de sus gastos.

En un mundo no perfecto, sino razonable, los gobiernos no gastan más de lo que reciben. Y, en casos excepcionales, podrían contratar deudas. Actuarían como el resto de los mortales, con prudencia y juicio.

En ese mundo razonable, los problemas de Grecia, de EEUU, Italia, España y de otros países no existirían: sus gobiernos no podrían tener deudas extremas.

Pero, en el mundo real las tienen. Las deudas gubernamentales llegan a niveles inauditos. Son exageradas.

Es igual al caso de la persona que se endeuda por encima de su capacidad de pago y llega a la quiebra. Le digo, no es un asunto complicado. Si los gobiernos fuesen administrados de manera razonable y más o menos responsable, no existirían estas crisis.

La pregunta que importa es, por tanto, qué es lo que mueve a los gobernantes a comportarse de manera irresponsable, a ser imprudentes, a realizar actos insensatos.

La causa es un estado mental que padecen los gobernantes, una enfermedad psíquica que les hace creerse responsables directos de las personas a las que gobiernan. Es la enfermedad de la nana.

La nana cuando es elegida a un puesto gubernamental se ve a sí misma como la encargada de cuidar a infantes incapaces. La nana da un bonito nombre a esto, le llama “labor social”.

Consiste en hacer que las cosas sean gratuitas: la educación, los servicios públicos, las pensiones, la vivienda, la caridad a personas mayores, a desempleados, a madres solteras. Es un mecanismo de regalos y mimos diseñados de acuerdo al marco mental del gobernante.

Los regalos tienen un costo, pues nada hay gratuito. Pero el costo es ignorado y todo se justifica como “labor social” imposible de renunciar. Los regalos se multiplican y los costos se acumulan.

Esta acumulación desgasta, primero, los ingresos por concepto de impuestos. Luego, los ingresos por concepto de deuda pública. Y, más tarde, llega lo inevitable, la falta de recursos para seguir pagando los regalos.

Eso es todo. Es simple en realidad. Es una colección de acciones irresponsables de gobernantes que hacen regalos sin hacer caso a sus costos.

Es como esas historias de boxeadores muy exitosos que reciben millones por sus peleas y que al cabo del tiempo terminan en la miseria por haber pagado los regalos hechos a los miembros de la corte de aduladores que los rodeó. Es la enfermedad del boxeador.

La historia del boxeador no es exagerada. Es lo mismo que les sucede a los gobernantes. Gastan todo lo que tienen y más, hasta llegar a eso que se ha llamado endeudamiento insostenible: no pueden seguir regalando.

Si lo hicieran, no habría recursos en todo el mundo para comprar esos regalos. Son, en verdad, hoyos negros financieros, en los que todo desaparece.

Cuando llega el punto, siempre tardío, de imposibilidad de más deuda, aparece la crisis, que es lo que ahora mismo sucede. Y el shock es brutal: los gobernantes ven suspendidas sus labores sociales y quienes recibían los regalos se comportan como niños mimados, hacen rabietas en las calles.

Es, en pocas palabras, el regreso a la realidad de la limitación de recursos.

Puesto de otra manera, la adicción gastadora de la nana boxeadora crea una fantasía, no diferente a la que generan las drogas. Se cree vivir en un un ensueño en el que son posibles las más alocadas acciones, como si la utopía dejara de serlo.

Contratar deuda es como inyectarse drogas que otros regalan, hasta que dejan de regalarlas y, entonces, llega la realidad, es decir, la crisis.

Post Scriptum

Un aspecto notable de estas crisis de endeudamiento excesivo, como el de los EEUU, es que nadie las califica como lo que son, el fracaso del estatismo. Es curioso que la crisis hipotecaria del 2008, haya sido calificada de fracaso del capitalismo… y esta crisis real del estatismo no se entienda como tal.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas.

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