Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sexo: ¿Qué Tan Importante?
Eduardo García Gaspar
30 agosto 2011
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


No es la primera vez que se dice. Dijo la persona que “la castidad es antinatural, va contra la salud, es un ideal imposible”.

En fin, dijo que de la castidad no vale la pena hablar excepto para desterrarla del vocabulario. Quien habló así lo hizo con pasión y seguridad.

Por mi parte, no estoy tan seguro de lo que ella dijo.

Sea lo que sea, estas ocasiones son irresistibles de tratar con menos pasión y más ganas de encontrar la verdad. Por su parte, pienso, la persona resumió bien las críticas que reciben quienes defienden la castidad: antinatural, insalubre, imposible.

Y esas críticas bien merecen una segunda opinión. Vayamos parte por parte.

Primero, las definiciones.

Una cosa es la castidad y otra es el celibato. Suelen confundirse.

La definición de castidad no implica en absoluto la abstención sexual, sino una conducta sexual fiel y natural. La definición del celibato, por el contrario, es realmente la abstención de todo acto sexual. La distinción es importante para razonar con sosiego.

Es común, por ejemplo, la crítica que señala que el celibato es una petición contraria a la naturaleza humana. Que es una obligación indebida en las órdenes religiosas, principalmente católicas. Que hace a los ordenados vivir una existencia antinatural y, por eso, contraria a Dios y sus mandatos.

La otra crítica muy común se refiere a la castidad acusándola de lo mismo, de ir en contra de la naturaleza humana. De ponerle frenos indebidos. De causar trastornos y enfermedades. De ir en contra de la naturaleza humana. De impedir la realización personal.

Esta crítica y la anterior tienen utilidad para entender la defensa y el ataque de la castidad y el celibato.

Los dos, ataque y defensa, hacen referencia a un mismo elemento: la naturaleza humana y, desde luego, las dos reconocen que la sexualidad es parte de esa naturaleza. En esto son iguales la defensa y el ataque del celibato y de la castidad.

Pero difieren en un punto básico, el cómo tratar a esa sexualidad. Como casi siempre, en los cómos están las grandes rivalidades de ideas.

El mismo hecho de considerar al celibato y a la castidad implica que la sexualidad existe y que ella es parte de nuestra humanidad.

Para los defensores de la castidad y el celibato, la sexualidad es una de las partes humanas, una que, por eso, merece ser considerada con alto respeto. Y, lo mismo, pienso, sucede con quienes atacan esas ideas. Para ellos también son merecedoras de atención.

La diferencia, quizá, radique en que los defensores colocan en un plano superior otras partes de la naturaleza humana, mientras que sus atacantes tienden a dar a la sexualidad una jerarquía mayor.

Para un defensor de la castidad, por ejemplo, el amor en un matrimonio limita a la sexualidad obligando a la fidelidad conyugal (por eso prohibe el sexo extramarital). Para el atacante, esa fidelidad tiene un rango inferior y acepta como normales las infidelidades.

Un defensor de la castidad, además, está en contra del sexo antes del matrimonio. Considera tan importante al sexo que lo concibe como una acción de amor que sólo es posible dentro del matrimonio entre dos personas que han decidido amarse.

El opositor a lo anterior, considera también importante al sexo, pero de una forma diferente, menos exclusiva, por lo que lo fomenta fuera del matrimonio en casi cualquier situación, como una realización personal.

Un defensor de la castidad asocia al acto sexual como inseparable en su esencia, la de ser una expresión de amor y de creación de vida, de allí que se resista a aceptar mecanismos que separen esos dos componentes.

Por su parte, el opositor a la castidad sí separa al acto de su creación de vida: si evita la creación de vida, entonces el acto sexual se convierte en un placer sin consecuencias e incluso sin necesidad de matrimonio.

Lo anterior, espero, explica las dos mentalidades básicas que dan tanta importancia a la naturaleza humana y a la sexualidad, pero que difieren tanto en el cómo tratarlas.

Por mi parte, en estas cuestiones, prefiero los cómos que establecen altos ideales, metas elevadas, que no importa que sean casi imposibles pero que importa que señalen mejores caminos, con una idea más elevada y alta de la naturaleza humana.

Desprecio a lo que me pide satisfacerme con estándares mediocres… y eso es lo que hace la educación sexual que instruye en la aceptación de estándares de comportamiento mediocres, de menor control personal y mayor laxitud.

Post Scriptum

La definición de castidad es, por tanto, el tratar a la sexualidad con tal importancia que es merecedora de exclusividades importantes: tenerse dentro del matrimonio, bajo promesa de fidelidad absoluta y sin la separación entre creación de vida y manifestación del amor entre esposos.

La definición de celibato es, por tanto, la abstención sexual absoluta, lo que implica el no estar casado en matrimonio y que es propio de órdenes religiosas.

Más ideas sobre los temas en ContraPeso.info: Sexualidad y en ContraPeso.info: Educación Sexual.

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