Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Si Ella no Existiera
Eduardo García Gaspar
13 mayo 2011
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Las dos personas se enfrascaron en una discusión que llegó a extremos desagradables, pero que para quienes la presenciamos fue una ocasión de aprendizaje.

El tema era el cambio climático. Una lo tomaba como una verdad incuestionable y la otra persona era una escéptica al respecto.

Lo más interesante de todo no fue el tema discutido, sino la discusión en sí misma. Por ejemplo, fue notable la falta de preparación de ambas personas. No es que se les pidiera ser expertas, sino que simplemente no mostraron saber de lo que hablaban.

Quien defendía al cambio climático tenía como fuente de información a documentales de televisión. La otra no estaba mejor preparada.

Había una moraleja en todo esto: para tener opiniones fuertes no hace falta estar informado y quizá sea cierto que a menor preparación, las opiniones se defienden como mayor ímpetu.

Pero la moraleja mayor fue otra, de mayor consecuencia: ninguna de las dos personas manifestó interés alguno en encontrar la verdad. Todo lo que querían era convencer a la otra persona.

Esto fue lo más llamativo y esta ocasión no fue excepcional. Usted y yo hemos participado en esas discusiones en las que más nos interesa mantener nuestras opiniones que tratar de encontrar lo verdadero. No somos realmente unas máquinas racionales frías que tengan como principal interés encontrar la verdad.

Es cierto que podemos pensar con bastante refinamiento, pero también es cierto que las emociones suelen interferir, muchas veces de manera negativa. Y quizá el peor de los vicios en estos menesteres es la terquedad: esa terrible actitud de rechazar todo lo que nos contradiga, incluso a la verdad misma.

Visto de manera negativa, se ha dicho que el hecho de que tengamos desacuerdos es una demostración de que no somos lógicos. Yo me inclino a una posición opuesta.

El hecho de que podamos pensar nos lleva necesariamente a desacuerdos y eso es bueno: en cada desacuerdo hay oportunidades de aprendizaje de puntos opuestos a los nuestros.

Si no hubiera desacuerdos, perderíamos esa oportunidad de aprender y enriquecernos. Pero esto tiene una condición pocas veces examinada: las partes que discuten deben buscar algo que se llama verdad. Cuando no se cumple esa condición, las discusiones dejan de ser oportunidades de aprendizaje.

Tome usted un tema más o menos de controversia, el de las guerras religiosas. Suele encontrarse aquí una opinión que postula que si no existieran las religiones todas las guerras se acabarían.

Es posible discutir el tema racionalmente si quienes lo hacen están animados por el amor a la verdad. De lo contrario, poco hay que ganar discutiendo. Una persona explicó esto sabiamente. Dijo que debíamos ser humildes e inclinarnos frente a la verdad. Es cierto, pero hay un problema, cómo reconocer a la verdad.

La verdad, definida, es la correspondencia entre lo que creemos y la realidad. Cuando un detective descubre al asesino y se comprueba su culpabilidad, incluso con una confesión, eso es encontrar una verdad. Por supuesto, el problema es cómo saber que lo que pensamos corresponde con la realidad.

Si no existieran religiones no habría habido guerras. ¿Es cierto o falso?

Lo maravilloso es que podemos razonar sobre el tema y encontrar respuestas razonables que enriquecen. ¿Es verdad o no que el voto selecciona a los mejores gobernantes? Todas estas cosas las podemos discutir con beneficio mutuo si lo que nos anima es encontrar la verdad.

Y esto es lo que vale una segunda opinión. Cuando reconocemos que existe la verdad y que ella no depende de nosotros, sino que la debemos encontrar, podemos aprender unos de otros. Pero si decimos que la verdad no existe, entonces ya no tiene caso discutir ni conversar. El pensar y el razonar saldrían sobrando.

Pero las discusiones seguirían existiendo, con sus desacuerdos. Sin reconocer que existe la verdad, no puede usarse la razón para resolver las discusiones.

En el caso de quienes discutían sobre el cambio climático, si no hubieran reconocido implícitamente que la verdad existe, hubieran tenido sólo una salida: el uso de mecanismos independientes de la verdad.

En una democracia, esa salida es pacífica: se cuentan votos. Pero puede y suele haber otra salida que es violenta: el más fuerte somete al más débil. Sí, el negar que la verdad existe, tiene consecuencias.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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