Lo políticamente correcto suele ser sensiblemente confuso, notablemente inconveniente y ordinariamente inexacto. Se mueve entre frases que son más eslóganes que ideas razonadas.

Y logra, al final de cuentas, la nada.

Uno de los más grandes representantes de la corrección política me dijo un día hace ya tiempo, que la educación debe desterrar a los dogmas, abandonar todo dogma. Eso dijo. Y lo que dijo, no me cabe la menor duda, es también un dogma. El dogma de dejar de lado a los dogmas.

Que la educación no deba ser dogmática es un buen ejemplo de lo que digo, de la notable falta de sentido común que tiene lo políticamente correcto. Que una educación no deba ser dogmática es, en la realidad, otro dogma, y se refuta a sí mismo.

La educación, por su naturaleza misma, no puede dejar de ser dogmática (aunque a muchos estos les cause trastornos estomacales).

Creo que el tema bien vale una segunda opinión. Podemos comenzar con el significado de dogma.

En palabras simples, un dogma es una o más creencias que pueden ser parte de un sistema de ellas y que son principios establecidos aceptados por alguna institución o persona. Generalmente se toman como definitivas, o están sujetas a escasa discusión.

Los ejemplos más claros que se usan son los religiosos, como en el Catolicismo la virginidad de María. No está a discusión y es una creencia obligada en esa religión. Pero no es ese el único caso.

Tome usted a una ideología política como el marxismo, y sucederá algo similar: no se admite tampoco discusión.

Vayamos ahora a la opinión que examino: dice ella que no hay discusión sobre el hecho de que la educación no sea dogmática.

Si se dijera que la educación no debe ser religiosa, la cosa quedaría más clara. Seguiría siendo un dogma, pero mejor definido: el nuevo dogma es que la educación no sea religiosa.

Debe aclararse esto algo más. Un dogma o serie de ellos es un cuerpo doctrinal de creencias tomadas como reales y verdaderas y que son expuestas por alguna institución o persona de manera imperativa. Es posible que ese cuerpo doctrinal de creencias sea declarado por una iglesia, pero también que lo sea por otras personas no religiosas.

De allí que se presente el caso interesante de personas religiosas que quieran que sus hijos se eduquen en la religión que profesan, la que sea, y que se enfrenten a la opinión opuesta de quien les dice que eso no es posible porque la educación no puede ser dogmática… lo que es otro dogma, religioso también.

Si se lleva esto al extremo, ayudará a entender el problema que se presenta. Llevado a su consecuencia lógica, el querer que la educación no sea dogmática plantearía la posibilidad de que se considerara un dogma eso de que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos. Sí, es extremo, pero no deja de ser un dogma que se enseña.

En los terrenos científicos, donde hay verdades y teorías comprobables, el tema de los dogmas no es de controversia. Pero sí lo es en los terrenos en los que esa comprobación no es experimental, sino razonada o ética, que es donde se tiene la discusión de lo dogmático. Un claro ejemplo es la educación sexual.

Si, por ejemplo, ella se enseña desde el punto de vista católico, se enseñará a los alumnos a ejercer dominio sobre sus deseos sexuales, cumpliendo ciertas reglas. A estas reglas se les tachará de ser dogmáticas. La nueva educación sexual “no dogmática”, sin embargo lo será sin remedio: enseñará otras reglas más laxas sobre la sexualidad, pero reglas al fin.

¿Ve lo que digo? Podrá quitarse de la educación una creencia religiosa o ética, alegando que la educación no debe ser dogmática, pero ese vacío será llenado por otra creencia, por otro dogma.

Sin dogmas ni creencias no puede haber educación. Todo lo que puede hacerse es seleccionar cuáles creencias se enseñarán.

Y esto es lo que muestra algo que no ha sido señalado como debiera: los nuevos dogmas, esos que se supone que no son dogmáticos, son implantados usualmente por los sistemas educativos. En el caso de la educación pública mexicana, por ejemplo, no hay educación religiosa en las escuelas, pero eso no significa que no se enseñen dogmas.

Sí se enseñan dogmas, los que ha declarado válidos el gobierno y sus expertos en educación.

Post Scriptum

La solución a la educación no está en evitar que ella sea dogmática, pues no lo puede dejar de ser. La solución está en una real libertad educativa, que deje a los padres de familia seleccionar la educación que ellos quieran para sus hijos.

Hay un claro ejemplo de dogma moral enseñado en un libro de texto en México: Claudia y Pepe Son Novios. Un dogma sobre educación sexual pública está demostrado en Curso: Promiscuidad I.

Sí, se enseña una moral en la educación no dogmática, una moral relativista (que es también un dogma), Véase, Enseñando el Relativismo.

La Educación Para la Ciudadanía es un buen ejemplo del dogma que piensa que no lo es.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libros de Texto y en ContraPeso.info: Intervencionismo Moral.

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