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Sobre Política Moderna
Selección de ContraPeso.info
29 marzo 2011
Sección: POLITICA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Miguel Antonio Espino Perigault. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. El autor es analista político hispanoamericano.

En los análisis políticos modernos se toman en cuenta, con creciente interés, los aspectos morales y éticos presentes en todos los actos humanos, principalmente en los políticos.

Es el actuar bien o mal con respecto a la cultura y la moral prevalentes y, también, según los aspectos éticos de esos mismos actos; es decir, lo bueno o correcto, o lo malo o incorrecto, de las acciones políticas a la luz, no sólo de la ley positiva, sino a la de la ley natural y, sobre todo, a principios superiores enraizados en creencias religiosas que forman parte de la cultura popular tradicional.

El hecho de que en la actividad política no se tomen en cuenta la cultura y la ética, no significa que éstas no existan.

Benedicto XVI, en su discurso en el Westminster Hall, durante su visita a Gran bretaña, se refirió a la necesidad de un diálogo “sin miedo” entre el mundo de la razón y el mundo de la fe. Advirtió que

“si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.”

La revaloración de los actos políticos por parte de los partidos responde a los fracasos históricos sufridos por los partidos tradicionales, carcomidos por la corrupción, que nace y crece en ambientes faltos de verdaderos valores éticos.

En los países en desarrollo el daño es más grave, por la mayor fragilidad del sistema.

 En España, los movimientos y campañas como los promovidos y divulgados por Hazte Oír y páginas como Análisis Digital, Noticias Globales y otros medios similares, apuntan en la dirección correctiva.

En Estados Unidos, surgen movimientos para concienciar al ciudadano sobre la necesidad de considerar los valores éticos y religiosos en la política. En varios países europeos se dan reacciones contra fallos contaminados de prejuicios anticristianos, de tribunales de la Unión.

De allí, también, el triunfo, en varios países de Europa y de América, de figuras conservadoras o de derecha. El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli ha sido incluido en esta categoría. Otros gobernantes, en Chile, Colombia, Honduras, Perú, igualmente; algunos, sólo por no ser de izquierda.

El éxito o fracaso de estos gobiernos será evaluado, como se acostumbra, según sus logros o fracasos en lo económico y en lo social; pero la solución efectiva de estos mismos problemas requerirá una alta dosis de ética.

Se trata de revitalizar los valores tradicionales y religiosos sobre la persona humana, la vida y a la familia —célula básica de la sociedad— como superiores al estado, que las debe servir y proteger en nombre del bien común.

No se trata solamente de hablar, con libertad, de religión y de iglesias —un derecho humano que infunde pavor a seudo intelectuales— sino de considerar los valores ético-religiosos aceptados por la sociedad como parte de la cultura.

Es, simplemente, dar al César lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios, fórmula expresada hace dos mil años, pero que no siempre se ha entendido bien, al parecer, ni por los de Dios ni por los del César.

Es una disyuntiva política amenazadora que plantea la Organización de las Naciones Unidas a nivel mundial con el programa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), un ideario escrito en lenguaje equívoco, con palabras de vida y significados de muerte.

Esta calamidad ha sido denunciada, pese al silencio cómplice (y suicida) de la “gran prensa” mundial. Sus centros propulsores son Estados Unidos y la Unión Europea, además de algunos gobiernos sumisos.

Esta política anticultural y de antivalores ha sido identificada como “Cultura de la Muerte”, por sus consecuencias negativas hacia la vida, la persona humana y la familia tradicional.

Parece buscarse la destrucción de la vida humana y de la familia tradicional, por medio del aborto y la homosexualidad, además de otras aberraciones en el campo de las experimentaciones científicas sin ética.

Los líderes políticos que no reconozcan esta realidad están condenados al fracaso y arrastrarán a sus pueblos a la pérdida de su identidad nacional y cultural.

Esta situación sugiere el cumplimiento de la amenaza a la civilización imaginada por Ray Bradbury (Fahrenheit 451), y por el escritor inglés, George Orwell, hace medio siglo, en sus novelas Rebelión en la Granja y, sobre todo, 1984, la de la dictadura global, la del lenguaje nuevo engañoso, la del “Gran Hermano” sin rostro, omnipresente y omnipotente.

En la encíclica “Caritas in Veritate”, Benedicto XVI reclama, por varias otras razones, la “urgencia de la reforma de la ONU” y advierte que “la razón sin fe está destinada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia”.

Palabras sabias para oídos sordos.

 Parece haber llegado la hora de una vuelta al conservadurismo.

Pero, éstos partidos y otros nuevos, han de aprovechar la oportunidad de hacer un enfoque renovador; un enfoque restaurador de los principios éticos necesarios en la política, como reclaman insistentemente el Santo Padre y los obispos, en sus llamamientos a la participación responsable de los laicos católicos en la política.

En las democracias, la política sin ética causa males similares a los que causa la falta de ética en los sistemas totalitarios; males cuya raíces y nutrientes se hallan en la corrupción generada por la falta de aquellos principios éticos y religiosos que informaron la cultura cristiana de sus pueblos.

Con particular rigor en las naciones iberoamericanas, la víctima principal en esta situación anómala es la familia, agobiada por la pobreza, la injusticia social y la falta de protección como institución básica de la sociedad.

Se convierte en cuna y causa de violencia y corrupción y, además, en víctima de esos mismos males. Hacia la destrucción de la familia tradicional es que apuntan los denunciados ODM. Esta realidad, descuidada, debe preocupar a todos.

Si la política es el arte de hacer realidad lo posible; construir sobre valores es siempre un arte posible.

Post Scriptum

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