Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sobre Todo, el Que Vota
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La situación se repite con alguna periodicidad. Una nación o un grupo de ellas enfrenta una crisis de consideración, típicamente económica.

Ante esta contingencia se enfrenta la necesidad de resolverla. Lo fascinante es ver las opciones que se tienen.

Un tipo de opciones es el de las graduales, o el otro el de choque. Es decir, las que van en cámara lenta, o las que se aplican de inmediato.

La inclinación que parece natural en los gobernantes es la de seleccionar soluciones graduales, de cámara lenta. Casi nunca optan por una solución frontal e inmediata.

Puede comprenderse esa preferencia por lo gradual. El gobernante suele temer a la claridad y la definición. Prefiere moverse en la indeterminación que le da flexibilidad. Y, más aún, pone mucha atención en lo que alterará sus probabilidades de reelección.

Una solución de choque será controvertida y tendrá costos políticos que afectarán al gobernante. Además, una solución de choque es poco probable dentro del sistema de acuerdos democráticos entre partidos.

El resultado neto de la preferencia por las soluciones graduales y temerosas es una visión de corto plazo, que valora más las posibilidades electorales que el bienestar de largo plazo.

Más aún, si las medidas gradualistas resultan poco populares, tendrá oportunidad de echarlas para atrás y recuperar popularidad.

Una solución de choque, dura e inmediata, tiene un gran defecto. Cierto que resolverá la crisis más rápidamente y su mira está en el largo plazo, pero necesitará sacrificios en el plazo corto y esos sacrificios no serán populares (lo que podrá resultar en perder las elecciones siguientes).

Los dos tipos de soluciones tipifican al gobernante que las aplique.

Las medidas gradualistas son más propias del gobernante común, que no tiene nada que le distinga. Es uno más del resto, temeroso de las elecciones, de perder el poder y con poca habilidad mental.

El que prefiera las soluciones de choque se sale de la norma, es muy distinto y tiene incluso rasgos de estadista. Será alguien con buena habilidad para explicar lo que hace y convencer.

Pero hay otro tipo de soluciones, en otra dimensión, la de más de lo mismo en oposición a algo nuevo y realmente distinto.

La crisis de 2008 y sus secuencias hasta estos momentos más la crisis de deudas públicas, creo, ilustran la opción de más de lo mismo.

La crisis tuvo un origen en el intervencionismo estatal y, a pesar de eso, se propone más intervencionismo, que es lo que Obama ha hecho.

La otra opción es la fuera de serie, la que toma un camino distinto, que sí trata de remediar las causas de la crisis. En este caso, si la crisis fue originada por demasiado intervencionismo en los mercados hipotecarios y demasiado gasto gubernamental, la solución va por el lado de menos gasto estatal y menos intervención económica.

Igual que antes, esos dos tipos de solución personifican al político que las tome. La inclinación más común y estándar es a tomar medidas de más de lo mismo, que es lo que hace ver al gobernante como activo y le produce popularidad en las elecciones siguientes.

Estará orgulloso de haber gastado más y de haber emitido más leyes. Su falta de imaginación es notable.

Por el otro lado, el gobernante que tome el cambio del real cambio de rumbo, será visto con extrañeza, como extremista, aunque sus ideas sean más razonables.

Tiene este gobernante más rasgos de estadista al hacer consideraciones de plazo largo, pero si no explica bien sus ideas, perderá las elecciones siguientes.

En resumen, toda crisis económica tenderá a ser remediada con las peores soluciones: de corto plazo, y aplicando más de lo mismo que causó la crisis.

No es un panorama agradable, al contrario. El político estándar, de escasas luces, preferirá soluciones graduales que profundicen el intervencionismo.

Pero antes de que usted culpe al político, recuerde que en buena parte él está respondiendo a lo que cree que harán los votantes. Y piensa que el votante prefiere soluciones graduales que sean más de lo mismo.

Cree además que el ciudadano no estará dispuesto a pasar por sacrificios de corto plazo y que tampoco entiende nada que no sea más intervencionismo.

El problema es que el gobernante tiene mucha razón: el votante suele esperar resultados milagrosos inmediatos, que son imposibles y al no lograrse, tiende a querer cambiar de gobernantes.

Peor aún, el votante no suele comprender nada que no sea más de lo mismo.

Post Scriptum

Me parece conveniente exponer claramente una idea que sigue a los comentarios anteriores. Es común que el electorado piense en ver a los gobernantes como salvadores de una crisis y los elija de acuerdo con las propias ideas del votante, lo que llevará a las peores soluciones, las graduales de más de lo mismo.

El electorado es el que debe cambiar a preferir soluciones de fondo, inmediatas y por caminos que sean correctivos reales. Se trata de tener una opinión pública ilustrada.

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