Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son de Otra Especie
Eduardo García Gaspar
3 junio 2011
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La noticia es una de muchas y se recibe como el resto. Como parte del paisaje noticioso que ve un árbol y no los animales que en el bosque viven.

Se trata de un acuerdo entre partidos políticos mexicanos. Se blindará a sus candidatos en las elecciones.

¿Contra qué se les protegerá? Contra la presión del crimen organizado, contra la infiltración de esas organizaciones.

Es un reconocimiento de la realidad: claramente esas bandas poseen poder que no es del tipo común que tendría un delincuente. Es mucho más que eso.

“En el blindaje electoral, los partidos políticos trabajarán en tener candidatos que no tengan ningún pasado relacionado con el crimen organizado. Cada partido político decidirá sus métodos para evitar que el narcotráfico se infiltre entre sus candidatos o en sus campañas” (El Universal, 1 junio 2011).

También se reporto, por ejemplo, que “El perredista Jesús Zambrano Grijalva adelantó que mañana estará en Gobernación para entregarle la lista de todos los candidatos de su partido que participarán en los procesos electorales de este año, para saber si éstos son investigados por tener nexos con el crimen organizado”.

Hasta donde conozco, la noticia ha sido lo que dije, una parte del panorama noticioso diario. Una noticia más, que tiene su razón, de la que no se habla tanto como debiera.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. Puedo explicarla partiendo de un caso normal.

Tome usted una banda tradicional de criminales. Digamos que se dedican a robar coches, o asaltar bancos. No representa más que un caso difícil de criminalidad, un riesgo para el ciudadano, pero no se pensaría en esa banda como un peligro político en las elecciones.

Y, sin embargo, en este caso hay algo adicional. Ahora varias bandas de criminales han logrado tener una cualidad adicional, la de ser considerados un peligro en la política, concretamente en las elecciones. Hay algo en estas bandas que las coloca en una categoría especial.

No son ya la banda común de secuestradores, o de asaltantes, incluso en gran escala. Son algo más.

Estas bandas tienen poder, tanto que se les considera un riesgo político real, cierto y presente. Tanto que se habla de blindar a los candidatos, de protegerlos de ese poder. Obviamente no se trata de criminales normales. Son de otra especie.

Un criminal ortodoxo está satisfecho con el producto de su crimen y que no sea capturado. Si roba un banco, me imagino, gozará de ese botín en fiestas escandalosas y placeres execrables. Pero no le interesa la política. Su interés está en el botín y en el no ser capturado.

Pero no sucede lo mismo con la otra especie, la que tiene ambiciones políticas de poder. ¿Por qué las tiene? Debe haber varias razones: la escala de sus actividades es gigantesca, sus acciones involucran varias naciones, necesita condiciones de impunidad o libertad de acción, no le es sencillo permanecer en el anonimato y es ambicioso en extremo.

¿Qué es lo que le permite ambicionar y lograr poder político? Esta respuesta es simple: tiene los fondos para hacerlo. Posee fortunas de proporción jamás vista entre los delincuentes. Fortunas de tal tamaño que no pueden permanecer escondidas con facilidad y que le dan los medios para intentar tener poder político.

Pero otra cosa los separa del delincuente común: no tienen límites de acción. Su acción es en esto similar al terrorismo: pueden dañar a la población directa o colateralmente, sin que eso los frene.

No sólo tienen recursos como ningún criminal los tuvo, también tienen la actitud para retar a todos. La combinación es fatal.

La propuesta de los partidos políticos para blindar a las elecciones mexicanas es más que una noticia, es un reconocimiento de una situación de criminalidad. Criminalidad de un tipo muy distinto a la usual. No, no estamos frente al criminal tradicional. Este es de otra naturaleza, por su tamaño y su actitud.

¿Cómo resolverlo? Me parece razonable que no podrá ser por medios ortodoxos. Ellos ayudarán, quizá, pero no son la solución final.

En cambio, si se piensa en el origen del negocio, la cuestión cambia notablemente. Esos criminales tienen un negocio basado en una sola variable: la prohibición legal de la producción, distribución y consumo de drogas.

Si la prohibición desapareciera, el negocio se cae.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Combate a las Drogas.

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1 comentario en “Son de Otra Especie”
  1. maría Dijo:

    Exactamente, muchas veces he disentido con su columna pero en este caso creo que le dió al clavo y si se reconoce a los drogadictos no como criminales sino como enfermos y en lugar de amedrentarlos logramos que acudan a, por ejemplo, salubridad y se registren para recibir un examen exhaustivo en el cual se muestre el estado de descomposición que la droga les ha causado y se les puede mostrar una proyección de lo que ocurrirá a corto y largo plazo si no dejan su particular veneno que generalmente incluye los socialmente reconocidos como tabaco y alcohol, con el gancho de proporcionarles la droga a la que son adictos con base a una prescripción médica y a precio mucho menor del que pagarían con el traficante con la única condición de que acudan digamos dos y si se puede más veces a cursos de rehabilitación semanales a ver si les cae el veinte y deciden llevar una vida sana o prefieren seguir pagando por matarse y con el dinero recaudado y con una admnistración honesta y no la bola de ratas que ahora tenemos se podrían crear programas de todo tipo, educativos, culturales, deportivos, etc, para prevenir la adicción entre niños y jóvenes y mantener a los adultos entretenidos en algo mejor que darse en la madre aparte de poder crear un sinnúmero de empleos, ahorrar un dineral en balas y muertitos, eliminar el robadero oficial que està tras el narcotráfico y poder tener un país sano y feliz, suena utòpico pero no hay razón por lo que no pueda ser posible.





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