Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son Mis Juguetes, Míos
Eduardo García Gaspar
1 abril 2011
Sección: FAMOSOS, Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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Quizá sea eso de que excepciones confirman reglas. Decir eso es una regla que también debe tener excepciones, es decir, algunas excepciones no confirman reglas. Sea lo que sea, un reportaje reciente es digno de hacer notar.

Es lo que se reporta sobre un actor. Se llama Eduardo Verástegui y, según el periódico, vive en castidad (Grupo Reforma, 28 marzo 2011). Es joven, de esos a los que califican de galán. Es soltero. E hizo una promesa a Dios, la de la castidad, hace nueve años.

Total, el galán espera a la mujer que crea será la madre de sus hijos. Y mientras ella llega, nada de sexo con otras. “… el sexo es sagrado… un regalo de Dios”, dice, que tiene reservado para una sola persona. No es precisamente la noticia estándar que se encuentra en las secciones de espectáculos.

Hace ya varios años, una gran casualidad me colocó en la misma mesa con un compositor musical muy famoso. Muy simpático y de conversación amena, dijo, “Cuando estoy de gira, con frecuencia tocan la puerta de mi habitación. Son mujeres que quieren estar conmigo y… pues, la carne es débil”.

Dos casos. Dos visiones. ¿Cuál es mejor? Supongo que haya opiniones diversas.

Si alguien quiere diversión rápida, placer inmediato, gozo fugaz, la respuesta es la obvia, que haga lo que acostumbraba el célebre compositor. Es como tomar al sexo y volverlo un juguete con el que se juega cada vez que se quiere.

Pero es un juguete especial el que se necesita: otra persona. Más aún, es un juguete con sustitutos, una persona es reemplazada con relativa facilidad. No hay gran preferencia por uno de los juguetes, casi cualquiera sustituye al que no se encuentra a mano. Más o menos como un niño que si no encuentra su bicicleta, busca otra y la monta, para luego quizá encontrar otra mejor.

No hay en esto realmente sentido de permanencia, ni de compromiso. Es sólo un juego que necesita otros juguetes, los que sean. Quizá como un niño que tiene una colección de carritos con los que juega cuando quiere. En el caso del adulto, la colección es una de teléfonos, cualquiera de ellos sustituye al anterior.

Pero siendo un juego de niños que los adultos juegan, le han puesto nombres agradables que sirven de auto engaño. Le llaman liberación sexual, como si fuera libertad el negarse a aceptar obligaciones. Le llaman derechos sexuales, como si fuera un derecho el ver a los demás como juguetes propios.

Y, lo peor, con esas ideas se instruye a niños, convenciéndolos de que siendo adultos podrán seguir siendo niños egoístas y jugar sin responsabilidad, pero ahora con personas, ya no con pelotas, ni muñecos. Interesante educación que enseña inmadurez e inconstancia, como si eso fuese libertad, como si se tratara de un derecho a conquistar.

¿Quiere alguien en realidad ser libre? Que sea entonces libre para decidir obligarse, para aceptar compromisos, para ver al sexo como lo que es, no un juguete en manos de la inmadurez. Sólo un insensato puede ver en los demás juguetes para el placer propio, lo que es al final de cuentas una degradación de la calidad humana.

Puede ser que en nuestros tiempos se haya dividido lo indivisible, separado lo inseparable, al alejar al sexo del amor por otro. De ese amor tan intenso que es voluntario y consciente, no una pasión momentánea. Amor fuerte, declarado, abierto, público, comprometido, tanto que justifica al sexo como una parte vital, literalmente hablando.

Ese amor necesita al sexo, lo completa, lo hace rico en significado. Sin ese amor consagrado y consciente, el sexo es lo opuesto al amor: odio hacia ese con quien se tiene sexo, al que se ve como fuente de placer propio. Algo como un esclavo momentáneo, al que se exige servidumbre íntima.

Es costumbre hablar de la liberación sexual, es decir a la separación entre amor y sexo, como producto de una mente superior, abierta y progresista, contraria a las tradiciones que oprimen e impiden la real libertad. En realidad, esa liberación sexual es esclavitud de unos con otros.

Y si es una mente abierta, es que por esa apertura escapa toda idea de compromiso, seriedad, madurez y realismo. Por la mente cerrada, como suele acusarse a opiniones como la mía, no hay fugas de responsabilidad, ni entran tampoco ideas que hacen ver a los demás como juguetes de mi propiedad.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Educación Sexual. También en ContraPeso.info: Sexualidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Son Mis Juguetes, Míos”
  1. Corina Dijo:

    Acabo de oir un programa que se llama Enfoque a la Familia donde precisamente se habló sobre el tema del sexo, pero en las mujeres, la dama que estaba siendo entrevistada sabiamente, dijo que Dios nos dio el cuerpo, pero no para que fuera juguete sexual de los hombres sino para cuidarlo y conservarlo para el dia que nos casemos, y que seamos sabias al contraer matrimonio, para que seamos tratadas dignamente, asi que estando soleteras no caigamos en el juego de que podemos tener relaciones sexuales con todos los hombres que se les antoje, sin tener consecuencias, en nuestro fisico y en nuestro Espiritu.





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