Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sudor o Desempleo
Leonardo Girondella Mora
19 enero 2011
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Existe una crítica común, de tipo económico —que puede ser clasificada como parte de lo políticamente correcto y que ataca como indeseables los empleos en empresas de países pobres o menos desarrollados.

Los empleos en las empresas que producen bienes de exportación a países desarrollados, con un ejemplo muy mencionado: la fabricación de prendas de vestir y calzado.

En inglés, esas plantas productoras suelen ser calificadas de sweatshops (literalmente, talleres de sudor).

La argumentación del crítico de las sweatshops se fundamenta en la indignación moral de su percepción de las condiciones de trabajo en tales instalaciones: salarios muy bajos, condiciones malas de seguridad, jornadas prolongadas y otras más.

El remedio usual que esa indignación propone es muy diáfano, dejar de comprar los bienes allí producidos —lo que equivale a cerrar la planta, a menos que se modifiquen las condiciones de trabajo a niveles que ya no causen esa indignación.

La motivación de esa indignación moral no puede ser criticada. La alimenta el ansia de mejorar la vida de otros —pero la indignación, por ella misma, no es una buena consejera, que es lo que pretendo demostrar en lo que sigue.

Mi punto de partida es examinar el otro lado de la situación, la que se presenta cuando cierra una fábrica de ese tipo: dejan de existir los empleos que en ella existían. Es una realidad que no puede negarse.

El cierre de la planta puede cancelar la indignación de quien eso solicita, pero sin duda alguna, causará el despido de personas.

¿Terminarán en una situación mejor esas personas despedidas? Claramente no —su condición empeorará. Ellas laboraban en la planta porque decidieron que eso era mejor que no hacerlo. Sería absurdo suponer lo contrario.

Es imposible presuponer que esas personas trabajaban en la planta a pesar de tener ofertas de trabajo mejor pagado en otras facilidades industriales.

Creo que mi punto es comprensible: si esas plantas cierran porque ellas no coinciden con la percepción de justicia que tienen otros, los afectados con la pérdida de empleo saldrán seriamente lastimados.

Un observador sagaz de lo anterior podrá añadir una consideración de importancia: es imposible igualar todas las condiciones de trabajo de manera que no existiera diferencia entre los empleos en el país “pobre” y el país “rico”. Siempre se esperará tener diferencias.

Lo anterior permite una mejor avenida de examen de la crítica que se le hace a los sweatshops —por ejemplo, estableciendo un principio de decisión, el de respetar las leyes locales laborales.

Una planta que eso haga estará en una posición sólida y no podrá hacerse sujeto de la crítica sustentada en la indignación moral indiscriminada.

A lo que he llegado es a un principio de solución posible. La crítica sustentada en la indignación moral de condiciones de trabajo consideradas malas y que llevarían a cerrar la planta, puede ser anulada si la empresa cumple con las leyes locales laborales. Esto ya es un adelanto.

Por supuesto, la crítica puede mantenerse si se argumenta que las leyes laborales del país no son “justas”, lo que sea que ello signifique —quizá que no son las mismas del país desarrollado que importa las mercancías allí producidas.

Por supuesto que no lo serán y tratarlas de igualar significaría un desempleo masivo en ese país.

Pero puede existir otro criterio adicional al de las leyes locales de trabajo, si es que ellas son inexistentes o pueden violarse con impunidad: el comparar las condiciones de trabajo de la planta exportadora con las de otras empresas locales consideradas legalmente establecidas —si son similares, eso haría a la planta cumplir con las condiciones estándares del país de origen.

Finalmente, tratar este tema y hacerlo de manera esquemática, persigue un objetivo: el de desarmar a la crítica que solicita el cierre de las plantas exportadoras sobre la base de una indignación moral que no prevé el efecto colateral indeseable de crear desempleo entre esos a quienes intenta proteger.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Empleo.

La idea de las consecuencias indeseables de acciones con buenos propósitos es básica para evaluar las decisiones gubernamentales. Muuchos casos son tratados en ContraPeso.info: Efectos no Intencionales.

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